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Archive for the ‘Socialismo’ Category

Discutamos el Liderazgo

Jesús Puerta

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Hay que discutir el asunto del liderazgo, justo ahora, a punto de convocarse un referendo para enmendar la constitución y permitir que el presidente de la república pueda proponerse nuevamente en las próximas elecciones dentro de cuatro años. Y hay que abordar el tema desde una perspectiva chavista.

Esto puede sonar extraño pues se ha dicho una y otra vez, como un ritual en todo discurso de los dirigentes chavistas, que el liderazgo de Chávez “es indiscutible”. Con eso se quiere decir que su jefatura es inobjetable en el campo revolucionario, que ningún chavista puede objetar que Chávez es el gran líder de esta revolución y nadie, en su sano juicio político, puede atreverse hoy por hoy, a desafiar su autoridad o a competir con él. Esto se refuerza porque en el campo opositor tampoco hay un liderazgo análogo. En ese intento han fracasado, sucesivamente, Salas Romer, Julio Borges, Manuel Rosales, los dos Carlos del sabotaje petrolero y otros nombres cuyo olvido confirma su fracaso. Pero el hecho de que sea inobjetable el liderazgo de Chávez, no niega que se deba discutir, especialmente en el campo revolucionario, el problema del liderazgo. Por el contrario.

La tradición de la izquierda mundial y criolla adopta una actitud curiosa respecto al tema. Por un lado, subraya el carácter colectivo, histórico y definitivamente impersonal de las fuerzas revolucionarias. Por el otro, produce discursos apologéticos de líderes específicos. Esto último ha llegado a veces (lamentables veces) hasta lo que Kruschev llamó, un tanto eufemísticamente, “culto a la personalidad”. En el medio, hay consideraciones acerca de la “personalidad histórica”, retomando un hegelianismo de segunda mano (la de Marx, por supuesto): hay situaciones en que determinadas personalidades sintetizan en sus cuerpos, sus discursos, sus actitudes, sus rasgos singulares de personalidad, las peculiaridades, lo mejor y lo peor, de esas fuerzas colectivas e históricas que impulsan el proceso. Pero hasta ahí.

Del lado de la derecha, también hay una actitud curiosa. Por un lado, se desconfía de la “gran personalidad” interpretándola como síntoma de la debilidad de las instituciones (una especie de weberianismo genérico) o como rasgo definitivo, imperdible, del fascismo. Por eso el liderazgo de Chávez aparece como una realidad de doble faz: una fortaleza y una debilidad a la vez. La debilidad consiste en que nadie más puede liderar el chavismo. Todo descansa en un solo hombre.

Por otro lado, todavía desde la perspectiva genéricamente burguesa, hay toda una literatura de autoayuda gerencial que resalta el liderazgo y los líderes, como un elemento fundamental para la conducción de toda empresa, entre ellas el estado (porque, desde esta óptica, el estado, el gobierno, es una empresa). También a veces se encuentran apologías “históricas” (por ejemplo, la biografía política de Rómulo Betancourt por Manuel Caballero) que todo adeco lee con un muy comprensible suspiro nostálgico atravesado.

Corriendo el riesgo de ser tachado de sincrético o ecléctico, pienso que hay algo cierto en cada una de estas miradas al liderazgo. Efectivamente, los grandes líderes sólo aparecen cuando las masas echan a andar procesos de cambio social cuyas proporciones y complejidad demandan la figura de alguien que los conduzca y los simbolice. Esos líderes reúnen ciertas características que tienen que ver con ciertas disciplinas o “técnicas” de sí mismo, tomando prestado momentáneamente la idea de Foucault. Quiero decir: el líder tiene condiciones “especiales”, pero ellas son cosechadas, formadas, ejercitadas. Todo líder, por ejemplo, tiene que manejar los hábitos de las personas altamente efectivas, las que sistematizó Covey, así no lo haya leído: tener prioridades claras, tener un plan, concentrarse, saber qué hacer cada día, cuidarse estudiando, pensando, dejándose espacio para su autofortalecimiento. De Napoleón se decía que sabía los nombres de cada uno de sus soldados. Esa memoria asombrosa para las caras, los nombres, las circunstancias singulares, es muy útil para lograr esas lealtades personales sobre las cuales se construye una fuerza en torno a sí. El líder tiene que desarrollar empatía, saber mirar a la gente a los ojos, conectarse emocionalmente, patear calle, saber escuchar, adaptarse a cada auditorio, parecer franco y hasta serlo. A ratos manipular. Y, eso sí, imprescindible: debe tener una capacidad de trabajo que a los demás mortales nos parezca monstruosa. Eso se puede ejercitar, eso se puede desarrollar, esas cualidades no caen del cielo.

Yo también pienso que no hay chavismo sin Chávez. Eso por muchas razones: la mayoría relacionada con lo que sintética y un poco eufemísticamente caracterizaremos como “inmadurez política, organizativa y teórica de la institución PSUV”. Pero el principal factor es que ninguno de los dirigentes chavistas, ninguno, ha desarrollado sus cualidades de líder. Chávez se ha referido a ellas en sus discursos de juramentación de los nuevos gobernadores. Es bueno que esos dirigentes tomen nota.

En cuatro años, el chavismo no puede desarrollar un liderazgo sustituto. Por eso creo que es conveniente la opción de la enmienda planteada. Se requiere un poco más de tiempo. Pero también que el propio presidente advierta la debilidad de su fortaleza: el socialismo venezolano no puede depender de un solo hombre para su proyección histórica. Por su propio bien, hay que formar a los nuevos dirigentes.

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La Problemática del Aspecto Social de la Tecnología en la Construcción del Socialismo del Siglo XXI

José J. Contreras

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Comúnmente cuando hablamos de “tecnología” visualizamos teléfonos celulares, computadores, satélites, medicina genética, procedimientos quirúrgicos innovadores, chips hiperminiaturizados, hologramas que nos permitirán “reunirnos” virtualmente con nuestros seres queridos en el ciberespacio, etcétera, etcétera, etcétera. En fin, cuando decimos “tecnología” casi siempre pensamos en esa “tecnología de punta” que aparece en forma de dispositivos ultramodernos.

Pocas veces nos detenemos a pensar que, más allá de los dispositivos, la tecnología amerita de una cierta disposición social, una apertura, que le permita ser apropiada por -o quizás apropiarse de- una dinámica social particular. Alrededor de todo dispositivo ocurren quehaceres que cobran sentido en función de la tecnología. Por ello, Varsavsky (1972) introduce las nociones de “Tecnología Física” y “Tecnología Social” para referirse a los aspectos físicos y sociales de toda tecnología. El aspecto físico se refiere principalmente a los dispositivos físicos. El aspecto social se refiere, por otra parte, a los quehaceres productivos que pueden realizarse con mayor o menor eficiencia en conjunción con dispositivos físicos.

Incluso, podríamos hacer una proposición, para que una innovación sea propiamente una “innovación”, los dispositivos asociados deben ser apropiados socialmente de tal forma que los quehaceres se recompongan. Por ello, más allá del encandilamiento que nos produce el dispositivo en su aspecto físico, es el aspecto social de la tecnología el que posibilita el cambio.

Un ejemplo muy interesante es el del desarrollo de la bicicleta. Pinch y Bijker (1984) nos muestran un estudio sobre el 130bikedesarrollo de la tecnología ciclística. Una creencia muy difundida nos hace concebir que la bicicleta que actualmente conocemos es un progreso tecnológico de la antigua bicicleta que contaba con una rueda delantera significativamente más grande que la trasera. Sin embargo, Pinch y Bijker nos muestran la complejidad alrededor del desarrollo de la bicicleta en torno a la diversidad de actores y grupos sociales involucrados: ciclistas deportivos exigiendo velocidad; mujeres exigiendo modelos que pudiesen ser utilizados con faldas; padres pidiendo seguridad para sus hijos; grupos anti-ciclismo exigiendo la eliminación de tan abominable invento. En la conjunción entre las exigencias de los actores y los cambios sociales de la época (algunos de los cuales fueron condicionados en buena parte por la introducción de la bicicleta como medio de transporte) fue posible que el modelo dominante de bicicleta fuese el que conocemos actualmente (ruedas de igual tamaño y neumáticas) y que era conocida en su momento como la “bicicleta segura”1.

Ahora bien, un punto de considerable atención relativo al aspecto social de la tecnología es que una vez que la tecnología ha innovado y los quehaceres sociales se han recompuesto, el nuevo modo social se normaliza. Y, cuando ello ocurre, es decir, cuando el nuevo modo de quehacer social se hace el dominante, el modo normal, entonces “desaparece”. Cuando decimos que “desaparece” no queremos decir que se elimina, sino todo lo contrario, que su dominación lo lleva a convertirse en el único modo de quehacer social. En tal situación, se nos hace difícil concebir otros modos de quehacer que no estén necesariamente ligados a la tecnología dominante. Y, al no haber contraste, la tecnología dominante desaparece en su “omnipresencia”.

Un buen ejemplo de lo anterior es la burocracia. Se nos ha hecho tan común la burocracia que casi nos es imposible imaginar una organización de actividades humanas que no se estructure en función de la misma. Olvidamos que la tecnología burocrática es un invento relativamente reciente, de no más de dos siglos, y que su gran auge en Venezuela tiene poco más de cinco décadas. Nuestros abuelos o bisabuelos vivían en una sociedad casi completamente ajena a la burocracia.

Ahora bien, ¿en función de qué se organiza la burocracia? Al menos en términos formales, una burocracia es un modo de organización en el que recursos humanos, maquinarias, materia prima y procesos coordinan acciones en conjunto con el propósito de funcionar de manera óptima. De esta manera, la tecnología burocrática se ocupa de organizar los medios de tal forma que obtengan el máximo beneficio al mínimo costo.

En nuestra contemporaneidad, vivimos en una sociedad profundamente marcada por la burocracia. Vivimos tan inmersos en la tecnología burocrática que en todo momento nos encontramos organizando medios. La “optimización” se convierte en la racionalidad presente en todo momento. Olvidamos así, cuestionar este modo de organización; preguntar el “para qué”, los fines, de lo que producimos; inquirir por el sentido de lo que hacemos en las omnipresentes organizaciones2.

Ahora bien, cabe preguntarse, en el contexto de la Venezuela de hoy ¿Será posible construir el Socialismo del Siglo XXI sin que cuestionemos la burocracia? ¿Podemos construir el Socialismo del Siglo XXI desde una racionalidad que se pregunta exclusivamente por los medios?… ¿Acaso la percepción de que el Socialismo del Siglo XXI es un concepto en construcción, no es un reto que exige preguntar por el “para qué” de lo que hacemos?

Nótese que a lo que hemos llegado es muy simple pero, al mismo tiempo, retador. No podemos construir el Socialismo del Siglo XXI si no cuestionamos a la tecnología, no sólo en su aspecto físico sino -principalmente- en su aspecto social. Por ello, la pregunta por la tecnología debe indagar por su contribución a la sociedad que queremos construir y no sólo por los criterios técnicos -tecnocráticos- del dispositivo particular en su aspecto físico. Cuestionar la tecnología implica, en conclusión, preguntar por el sentido del socialismo que decimos estamos construyendo.

Referencias

Horkheimer, Max (1983) Critique of Instrumental Reason.

Pinch, Trevor y Bijker, Wiebe (1984). The Social Construction of Facts and Artifacts: or How the Sociology of Science and the Sociology of Technology Might Benefit Each Other. Social Studies of Science, núm. 14.

Varsavsky, Oscar (1972). Hacia una Política Científica Nacional. Monte Ávila Editores. Caracas.

1En la segunda mitad del Siglo XIX podían encontrarse bicicletas de diversos tipos. Por ejemplo, bicicletas con la rueda delantera más grande, bicicletas con ruedas neumáticas o no, bicicletas con ruedas de tamaño similar, triciclos, etcétera.

2Ver (Horkheimer, 1983)

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MÉRIDA, A 450 AÑOS DEL GENOCIDIO

A propósito de los 450 años de la fundación de Mérida

Simón Rodríguez Porras

Las Letras del CLAN

“Después de un silencio de siglos, gritaron en la altura las vírgenes petrificadas, el día en que los guerreros de la libertad atravesaban victoriosos por los ventisqueros de los Andes; pero la laguna continuó quieta e inmóvil, detenida por el maleficio del piache que profanó sus aguas. Cuando éstas sean purificadas, la laguna misteriosa del Urao se levantará otra vez, ligera como la nube que el viento impele, pasará de largo por encima de las cordilleras e irá a asentarse para siempre allá muy lejos, en los antiguos dominios del valiente Guaicaipuro, sobre la tierra afortunada que vio nacer y recogió los frutos del hombre águila, del guerrero de la celeste espada, vengador de las naciones que yacen muertas desde el Caribe hasta el Potosí” (1)

Para la época en que llegaron los perros, los arcabuces, los caballos, las cadenas, y los españoles a los Andes venezolanos, tenían ya varios centenares de años poblando sus valles y montañas varias comunidades indígenas de origen chibcha y arawak. A diferencia de los oleajes migratorios de aquellos pobladores precolombinos, en los que la llegada de nuevos grupos no supuso para las comunidades establecidas la extinción o el éxodo, la llegada de los invasores europeos ahogó en sangre el modo de organización social y económica de los indígenas, imponiéndoles la esclavitud y las encomiendas; desplazando su cultura con los mitos de la tradición judeocristiana; y finalmente acabando con su existencia física, casi totalmente, a través de fuego, hierro, y enfermedad.

La barbarie llegó en una expedición encabezada por el entonces alcalde ordinario de Pamplona, Juan Rodríguez Suárez. Este infame personaje, quien se haría conocer como “El capitán de la capa roja” fue premiado con aquel cargo por su sobresaliente desempeño en las tareas de la conquista de Pamplona; y no tardó sino unos meses en la alcaldía para armar una expedición que emprendiera la búsqueda de oro y minerales en las Sierras Nevadas.

Unos 55 soldados y jinetes españoles, guiados por indígenas, salieron de Pamplona en junio de 1558, y ya en los llanos de Cúcuta enfrentaron la resistencia de los pobladores originarios, quienes entablaron una dura pelea, matando a un caballo e hiriendo a uno de los soldados, hasta retirarse por sus numerosas bajas a manos de los españoles. Al no conocer las armas de fuego, las armaduras, ni los caballos, los indígenas se encontraban en una considerable desventaja militar. Más adelante, en el Valle de Santiago, lugar en el que actualmente se encuentra la ciudad de San Cristóbal, la expedición se encontró con una aldea sacrificada al fuego por sus propios pobladores, quienes prefirieron incendiar sus viviendas y retirarse a las montañas antes que sufrir la humillación de la conquista y el exterminio a manos de los invasores. La imagen de unos pueblos reducidos a cenizas se repitió una y otra vez a lo largo de este valle.

Para capturar y esclavizar a indígenas de los caseríos altos que se divisaban desde el valle, de manera que sirvieran de guías, Rodríguez Suárez envió una avanzada a las órdenes de un tal Juan Andrés. Al día siguiente, al dirigirse a los caseríos sometidos durante la noche, su caballo cayó en una trampa tendida por los indígenas. De este modo relata Fray Pedro de Aguado, cronista del grupo, el incidente:

“Iba Juan Rodríguez muy airado y enojado, porque en el camino que este día había llevado se le había estacado o lastimado un caballo en ciertas estacas o dardos que para este efecto tenían los indios puestos por junto al camino, entre altos pajonales; y queriendo apetecer a su ira y cólera con hacer un abominable castigo, tomó de los indios que en poder de Juan Andrés halló presos, y con las propias flechas que en su casa se habían hallado, teniéndole los indios seguramente algunos soldados, él, con su propia mano, los flechaba y metía con crueldad de bárbaro las flechas por el cuerpo…”(2)

Uno de los poblados fue nombrado La Grita, por las vociferaciones con las que fue rechazada la presencia española. Otro fue llamado Bailadores, por la manera en que los guerreros indígenas se movían para evitar ser alcanzados por los disparos de arcabuz. Nuevas masacres siguieron en las poblaciones a las que los invasores llamaron Estanques y Pueblo Quemado. Esta última fue nombrada de esta manera, pues los indígenas optaron por resistir y pelear dentro de sus casas, a lo que el bestial español respondió incendiándolas con sus habitantes adentro.

Finalmente, el morcillero de la capa roja llegó a la que hoy conocemos como Laguna de Urao, que los indígenas llamaban Yohama. Le dio por llamar al pueblo que bordeaba la laguna “La Lagunilla”, aunque al notar que se trataba de un importante centro económico y cultural de la zona, con una población pacífica y altiva, Rodríguez Suárez decide fundar allí, por los primeros días de octubre, la ciudad de Mérida, en honor a su ciudad natal. Además de ser un importante punto de intercambio comercial, en el que confluían productores del Lago de Maracaibo, la costa, El Tocuyo, y los Llanos; los mojanes, o sacerdotes de esta zona, eran muy respetados y visitados desde lugares próximos y lejanos.

Las vejaciones continuas a la población por parte de los invasores la obligaron a buscar refugio en los cerros y abandonar la recién fundada ciudad. Ante la imposibilidad de esclavizar a los indígenas para sostenerse económicamente, dado que los expedicionarios no estaban en la disposición de trabajar sino de saquear, Rodríguez Suárez decide mudar la ciudad, recorriendo gran parte de los Andes venezolanos, y finalmente se instala en la punta de la meseta de Mérida que actualmente se conoce como La Parroquia. Para este momento, la expedición había sistematizado aún más sus prácticas sanguinarias, adoptando el método de atacar los poblados durante la noche, mientras los indígenas dormían, para causar una mayor mortandad.

A comienzos de 1559, tropas enviadas por la Real Audiencia de Santa Fé capturan a Rodríguez Suárez y lo trasladan a Bogotá para ser juzgado por haber fundado Mérida sin el permiso real, así como por los tratos crueles inflingidos a la tropa a su mando. Con la ayuda del obispo Juan de los Barrios, el morcillero es protegido en la iglesia, y aunque es aprehendido nuevamente, logra escapar una segunda vez con el auxilio del mismo obispo, refugiándose en Trujillo. De esta manera se convierte en uno de los primeros criminales protegidos políticos de la Iglesia Católica en América. Ya Juan Maldonado, el capitán que capturó a Rodríguez Suárez, había mudado por segunda vez la ciudad de Mérida, esta vez adentrándose en la meseta y ubicando la ciudad en su asiento definitivo.

Rodríguez Suárez logró el favor político de las autoridades en Trujillo y de esta manera evadió sus deudas legales con Santa Fé. Al servicio del gobernador de la Provincia de Venezuela, Pablo del Collado, se dirige en 1561 a la costa norte, a combatir a los indígenas que resisten a la explotación minera desde un año antes, y que ya habían repelido a Pedro de Miranda. Luego de varias batallas contra los Teques al mando del cacique Guaicaipuro, Rodríguez Suárez deja las minas para dirigirse a Caracas, creyendo haber derrotado a la resistencia indígena. Este craso error es aprovechado por Guaicaipuro, quien aplasta a los españoles en las minas y en la ranchería de San Francisco. Poco después, el propio Rodríguez Suárez, junto a un contingente reducido de seis soldados, es emboscado camino de Valencia, mientras intentaba unirse a los realistas que perseguían a Lope de Aguirre.(3) Los guerreros teques lo ajustician junto con su pequeña tropa, y Guaicaipuro toma su espada como trofeo. La llevará hasta su muerte, luchando contra los invasores a la cabeza de una confederación de tribus heroicas.

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Notas

1.- Tulio Febres Cordero; “Mitos y Tradiciones”; Monte Ávila Editores; Caracas,1994.
2.- Jacqueline Clarac de Briceño, Thania Villamizar, Yanet Segovia; “El capitán de la capa roja”; Universidad de los Andes; Mérida, 1988.
3.- Aunque suene cómico, los historiadores apologistas de la conquista sostienen la ridícula versión de que Rodríguez Suárez realmente murió de cansancio y que los indígenas ni siquiera eran capaces de acercase a su cadáver.

La historiografía conservadora y pro-fascista no da cuenta de cómo pudo transmitirse dicho testimonio si todos los acompañantes de Rodríguez Suárez fueron muertos junto con él.

(Ver: Carmelo Arribas; “Juan Rodríguez Suárez, El capitán de la capa roja y la espada invencible”
http://www.extremaduraaldia.com/reportajes/-juan-rodriguez-suarez-el-capitan-de-la-capa-roja-y-la-espada-invencible-fundador-de-merida-/45937.html)

Pero al final, todo se puede esperar de la historia contada por los vencedores. Mucho más increíble resulta el hecho de que a 450 años de la bárbara incursión española en los Andes venezolanos, un gobierno que se hace llamar revolucionario, y que dice reivindicar la resistencia indígena, organice la celebración oficial del genocidio.

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Facebook” o la Sociedad Enredada

José J. Contreras1

9 de Abril de 2008

En los últimos meses, ha estado de boca en boca un nombre: “Facebook”. Facebook es el nombre de un Sitio en la Internet que sirve de herramienta social para conectar gente (www.facebook.com). A este tipo de páginas es lo que se le llaman Sitios de Redes Sociales (SRS).

Facebook sirve para usos infinitos. Sirve para que se conecten en la Web los compañeros de clases del Colegio; sirve para que se conecten los viejos amigos separados físicamente por la distancia y el transcurrir de la vida; sirve para contactar prostitut@s (dicen que el gobernador del estado de Nueva York contactó una prostituta a través de un SRS que se llama MySpace); sirve para jugar, y; sirve también para la organización de un modo de hacer política. Facebook, por ejemplo, fue el canal de organización -a nivel mundial- de las manifestaciones contra las FARC que tuvieron lugar el 4 de febrero de 2008. Actualmente, sirve de espacio de organización para las manifestaciones contra el presidente Hugo Chávez que tendrán lugar el 11 de abril de 2008. Asimismo, cuenta con espacios para el apoyo y soporte de la candidatura de Leopoldo López y para contactarse aquellas personas que “odian a Mario Silva”.

Llama poderosamente la atención que el SRS sirve de alojo a una contundente mayoría de redes de derecha. Contundente, repito. Llama la atención porque, no hay nada que impida que los izquierdistas se conecten e interactúen. Pero, la participación de la izquierda es, en Facebook, bastante escuálida. Una explicación válida sería la relativa a que la clase social de quienes tienen acceso a la Internet es la burguesa. Pero la condición económica es necesaria, más no suficiente, para dar cuenta de la amplia mayoría de presencia de la derecha.

Creo que, más allá de lo económico, hay un modo de socialización que principalmente está teniendo lugar en la clase social más tecnologizada, es decir, la de la derecha. Se trata de una sociedad en red, o sociedad enredada. La metáfora de la red ha venido sirviendo desde hace ya varias décadas para hablar de la sociedad. Sin embargo, no es sino hasta nuestra actualidad que ella se nos está revelando con todo su monstruoso poder.

En la red, el otro aparece no como un ser humano que es un fin en sí mismo; tampoco es un prójimo de la misma comunidad de Dios que aspira “con-migo” a la Salvación; mucho menos un paisano con las mismas raíces comunitarias. No. El otro es, primordialmente, un “nodo”. Nodo que se activa -o se desactiva- en el entrelazamiento de miríadas de interconexiones. En la red, somos interruptores que prenden y apagan.

Muy importante en Facebook es la popularidad. La persona popular es aquella que logra irse convirtiendo en nodo central de la red. Los nodos centrales son aquellos con un número mayor de interconexiones que lo cruzan en comparación con la mayoría. O dicho de otro modo, me hago popular cuando muchos otros nodos hacen “clic” en mi perfil. ¿Qué es un perfil? Un perfil es mi presentación en el SRS. En mi perfil coloco mis datos personales, mis gustos y preferencias, mi red de amigos y, muy importante, mis fotos. Las personas más populares tienden a ser aquellas que colocan fotos muy atractivas de sí mism@s. Por cierto, la gran mayoría de la fotografías de las personas populares rayan entre lo muy sensual y lo pornográfico. También son muy populares actores y actrices de cine y televisión y personajes mediáticos como el candidato republicano John McCain. Seguramente si Mario Silva colocará su perfil en Facebook se haría tremendamente im-popular. Es decir, rápidamente acapararía millones de interconexiones para recordarle, por lo menos, a su señora madre.

En Facebook hay un juego que resume el modo social de la sociedad enredada. Se trata de “Friends for Sale” o “Amigos en Venta”. “Amigos en Venta” es un juego con un cierto parecido a monopolio, sólo que, en vez de comprar bienes raíces, compras gente (www.sellyourfriends.com). A la gente que compras los llamas “mascotas”. En los actuales momentos hay cerca de 700.000 personas jugándolo a nivel mundial, según dicen en la página oficial del juego en Facebook. Distinto al juego de monopolio, en el cual se intentan monopolizar los bienes raíces, en “Amigos en Venta” lo importante es la interconexión continua de compra y venta. No se trata de monopolizar mascotas. Todo lo contrario, se trata de que compres mascotas que las puedas vender rápidamente y con ello vas ganando más “dólares”. Por ello debes intentar adquirir mascotas atractivas. Si compras mascotas poco atractivas, te quedarás con unos “dólares” represados sin ganancia alguna.

Por otra parte, si eres mascota ganas “dólares” en cada transacción en que te compren y vendan. Por ello debes venderte y, en consecuencia, debes ofrecerte de modo atractivo. De aquí que es muy, pero muy, importante que coloques fotos sensuales en tu perfil. De hecho, poco importa si la foto coincide con quien eres fuera de línea. Los SRS están repletos de lo que llaman los “fakesters”. Estos “impostores” son usuarios que colocan fotos de otras personas -mucho más atractivas- en sus perfiles. La verdad es que en la sociedad enredada no importa quien eres fuera de la red sino como tu nodo se muestra en ella.

En “Amigos en Venta” lo importante es monopolizar las transacciones, es decir, las interconexiones. Las mascotas más populares son aquellas que adquieren más valor en las múltiples transacciones en la que están involucradas gracias a su atractivo en la red. ¿Se entiende ahora cómo lo importante es hacerse nodo central de las interconexiones de la red? Entre más atractiv@, más gente se conecta con tu nodo para comprarte o, al menos, para observarte.

Creo que la derecha encuentra en los SRS un espacio muy propicio para sus modos de organización política porque éstos reflejan el modo de socialización dominante en el capitalismo contemporáneo: la sociedad enredada.

En honor a la verdad, no sé muy bien qué es lo que en la izquierda intentamos llamar “hombre nuevo”. La verdad es que no lo sé. De hecho, creo que el “hombre nuevo” es más una pregunta que una respuesta. Lo que sí sé, y sabemos, es que el “hombre nuevo” no es una “mascota” de compra y venta. Lo que sí sé, y sabemos, es que lo humano no se reduce a un interruptor que se activa o desactiva a conveniencia. Y también sé que en la izquierda creemos y sabemos que la “popularidad” sabe a pueblo y no a sociedad enredada

¿Se entiende ahora por qué la izquierda no se ve, no se puede ver, no puede haberse visto, en Facebook?

1Centro Nacional de Desarrollo e Investigación en Tecnologías Libres (CENDITEL). E-mail: jcontreras@cenditel.gob.ve

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PARA LEER EL SOCIALISMO

Jesús Puerta

 

Introducción. Cómo leer

La idea inicial de este libro era hacer una antología de textos con fines didácticos, para que una nueva generación comenzara a conocer en serio el socialismo. De modo que lo que aportaríamos sería la selección y el comentario de unos textos. Ninguna de las dos cosas es inocente. El socialismo es un asunto polémico, implica distintas posiciones políticas y teóricas que suponen a su vez determinadas selecciones y omisiones de libros, distintos énfasis en la lectura de los mismos libros y, en consecuencia, distintas interpretaciones. La selección estaría hecha desde una perspectiva fundamentalmente antidogmática. Insistiría en la participación activa y crítica del lector.

El dogmatismo se debe a dos factores. Uno, y esto ocurre con todas las iglesias, la existencia de una institución (el Partido dominante en un estado) que media en la lectura, fijando una interpretación correcta única. Se establece entonces una “ortodoxia” y una concepción de los textos que llega a ritualizar la textualidad misma (frases, oraciones, párrafos, convertidos en aforismos descontextualizados), con lo cual, en la práctica, se convierte a los libros en expresión de un saber definitivo, dado de una vez y para siempre. Las ideas se convierten en entelequias, en seres fijos que nos rigen desde algún lugar, un topos urano, a través de una revelación religiosa.

Pero el dogmatismo, por supuesto, es una manipulación. Se trata de impedir cualquier observación crítica del lector, crear una situación por la cual no pueda decir que no a lo que impone la iglesia. El efecto es producir una “falsa conciencia” que puede justificar los más diversos virajes tácticos, incluso oportunismos, gracias a la manipulación de los textos. Esto ocurrió con la dirigencia soviética. Ante la existencia de esa ortodoxia de la Iglesia, caben los movimientos protestantes y reformistas que insurgen regularmente en todos los movimientos doctrinarios.

Otro factor que promueve el dogmatismo, es la simple flojera mental. Se asume una única interpretación, porque multiplicarlas lleva a ir de definición en definición, en un vértigo de interpretaciones, y esto supone un esfuerzo, un trabajo de reflexión, de búsqueda, de investigación, de más lecturas. La pereza intelectual es un aliado del dogmatismo. Irónicamente, a veces se alían el flojo y el ortodoxo, éste porque necesita su intolerancia para encubrir su profunda inseguridad, aquél porque le basta adaptarse a las normas y “seguir la corriente” impuesta en cada momento.

En todo caso, es cierto que, para actuar, es necesario contar con significados y creencias estables, que den piso firme y confianza para las decisiones. Pero ello no debe entorpecer la reflexión previa y posterior a la acción. En este sentido, tiene pertinencia la distinción entre teoría y propaganda, entre conceptos y maniobra polémica. Claro, no hay que exagerar y colocar la teoría en un mundo aparte de las luchas teóricas. Por el contrario, apostamos a una lectura que contextualice el texto en su enunciación concreta dentro de su circunstancia, así como dentro del contexto de la vida del lector, donde éste le consiga sentido y aplicación. La cuestión es que toda propaganda implica una operación de simplificación, mientras que la reflexión, el análisis y la crítica suponen un discernimiento, una descomposición sistemática de los elementos del todo considerado, en otras palabras, un proceso de elaboración, de complicación si se quiere, que incorpora la incertidumbre como momento ineludible.

En términos generales, hay cinco alcances de lectura.

Hay una primera lectura en la cual simplemente se trata de entender lo que dice el texto, en su literalidad. Esto exige a veces una labor de desciframiento de palabras, de referencias, de ciertos giros y alusiones. Este es el momento de, por así decirlo, “dejar hablar al texto”. Esto no es fácil, como podría suponerse. En primer lugar, tiene que haber un interés de entender. En segundo lugar, tiene que haber cierto control sobre los propios preconceptos, las interpretaciones apresuradas, el atasco con contradicciones aparentes.

De allí, que se hace necesario un segundo alcance lector: el comprender. Comprender un texto significa ubicarlo en las circunstancias en que es producido, los fines prácticos que lo motivó, las limitaciones y logros que se producen en él en vista de otros textos cercanos o contrarios. Comprender es ir más allá de la letra, para captar un sentido: refutar un contrario, complementar otro texto, desviar la atención, reforzar una posición, etc. En la comprensión vislumbramos que un texto es el despliegue de una estrategia en el marco de una situación muy precisa, pero que, al mismo tiempo, a pesar de las distancias históricas, geográficas, personales, emocionales, etc., nos toca, tiene un mensaje para nosotros en nuestra actualidad. Para captar esto, hay que saber más acerca de lo que rodea a la producción de ese texto en particular, para establecer algunas comparaciones con nuestra circunstancia de lector.

La culminación de la comprensión, es el juicio. Para poder llegar a juzgar, el lector debiera forjar sus propios valores, con los cuales confrontar el texto. Por supuesto que esos valores y esa confrontación, tienen lugar en la reflexión, en el situarse a sí mismo como receptor de ese mensaje, que al final tiene que ver conmigo, con los nuestros, con nuestro país y tiempo. Juzgar es valorar. Es posible que un texto nos sea valioso porque nos descubrió un aspecto totalmente insospechado. O porque nos confirmó una sospecha., O porque nos chocó demasiado. O porque nos planteó incómodas dudas. Todo ello implica un juicio, por el cual subsumimos el texto en una clase o categoría, o extraemos de él un nuevo concepto.

Los dos últimos alcances de la lectura, la apropiación y la aplicación, tienen que ver con la manera como nos ha nutrido ese texto en nuestro pensamiento, en nuestros propios criterios. Apropiarnos de un texto implica saber encontrar los sentidos que nos son valiosos y útiles para nuestros intereses. Finalmente, esos nuevos conceptos serán aplicados a nuestra actividad.

Nos referimos a estos alcances de lectura, porque queremos dejar sentado de una vez, y desde el principio, que esta recopilación tiene el objetivo de enriquecer la formación de unos ciudadanos que se encuentran ocupados en la construcción de una nueva sociedad en Venezuela, y por ello no se trata de leerlos bien y con atención para recordarlos solamente. Se trata de entenderlos, comprenderlos, juzgarlos, criticarlos, apropiárselos, aplicarlos. Tomamos tan solo cinco libros: de Marx y Engels, el Manifiesto Comunista, la Guerra Civil en Francia, la Crítica del Programa de Gotha; de Lenin el Imperialismo, fase superior del capitalismo y El estado y la revolución.

Por supuesto, no se trata de una antología exhaustiva, sino elemental, básica si se quiere. Hay otros, muchos textos de los clásicos del marxismo y de otros autores como Gramsci, Trotski, Rosa Luxemburgo, Lukacs, Korsch, etc. que nos hubiera gustado antologizar. Es más, nos da dolor no haberlos incluido; pero ello haría demasiado largo el intento, y además inútil, porque allí están los libros, defendiéndose por sí solos. En todo caso, vale la recomendación de la lectura.

Después de hacer los comentarios de los textos básicos que hemos seleccionados, decidimos hacer una síntesis histórica de los derroteros del socialismo. Esto constituirá la segunda parte del libro intitulada Tradición y ruptura: tradición de la ruptura. El objetivo es brindar un marco más amplio para la interpretación. Allí, por supuesto, daremos nuestro sesgo al examen de ese devenir histórico.

Para nosotros el socialismo es una tradición, no en el sentido de algo que conservar o resguardar, sino más bien en el de un mensaje o unos contenidos que se actualizan en el presente a partir de un mensaje enviado desde el pasado. El término “interpretación” aquí no sólo significa un esfuerzo por entender qué se nos dice a través de los siglos y comprender los motivos y circunstancias en las cuales se dijo lo que se dijo; sino también esa especial capacidad y habilidad para darle vida a una anotación; es decir, interpretar en el sentido en que el músico toma su instrumento y ejecuta una pieza escrita. Dependerá de la sensibilidad, la destreza, el tino, de cada intérprete lo que se produzca en el escenario. Así mismo, dependerá del intérprete la ejecución del mensaje socialista que nos viene de la tradición.

Todos estos textos fueron escritos en circunstancias muy específicas y concretas, en países lejanos, en tiempos diferentes, pero, al mismo tiempo, trascienden a nuestra actualidad y a nuestro espacio. Todo discurso tiene un auditorio inmediato, actual, y otro mediato, trascendental, futuro. Es posible que ya estén extintas y lejanas las emociones, coacciones, urgencias, razonamientos, hechos, que hayan motivado ciertos énfasis, reiteraciones y giros. Pero, si el texto de verdad vale y trasciende, su mensaje llegará al buen lector del futuro, en otro espacio y tiempo, con otras urgencias y emociones.

Pero esa trascendencia sólo puede evidenciarse si el lector hace el esfuerzo de penetrar en el mensaje que pueda valorar en el aquí y ahora. Paradójicamente, para ello, el lector debe congeniar con la intención del autor, que no es sólo lo que quiso decir, sino lo que efectivamente dijo para el momento en que lo dijo. No hay que olvidar que decir es también un hacer, y éste es un sentido y un valor también.

Es por ello que, para penetrar en la intención del autor, hay que situarse a) en el contexto polémico en el cual se situaron originalmente (estrategias en juego, objetivos, movimientos de ataque y defensa, ocupación, amenazas, etc.); b) sus campos de referencia concretos, sensibles, inmediatos y mediatos; c) las “tradiciones” de las expresiones (para identificar giros nuevos, ironías, tropos, tópicos).

Estas orientaciones las aplicaremos a continuación a los comentarios de los textos seleccionados (que no pretenden establecer una interpretación única y correcta) y la reflexión final, que sintetiza algunas enseñanzas que nos parecen importantes.

 

Para acceder al libro completo puedes hacer clic aquí –> Para leer el socialismo de Jesús Puerta

 

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