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Archive for the ‘Gustavo Fernández Colón’ Category

Crisis y Alternativas
Gustavo Fernández Colón

Francisco de Goya - El Sueño de la Razón produce Monstruos

Francisco de Goya - El Sueño de la Razón produce Monstruos

La más grave faceta de la crisis por la que atraviesa el sistema capitalista mundial no es financiera, económica, ni político-social. La mayor amenaza a la continuidad del modo de producción capitalista es la crisis ecológica causada por la devastación irracional de la naturaleza, hasta el punto de malograr la capacidad de auto-regeneración de los ecosistemas de los que depende nuestra supervivencia.

Todo el funcionamiento de la economía es indesligable del medio natural en tanto que fuente de recursos, espacio para el despliegue de las actividades humanas y absorción de los desechos. De ahí el absurdo de la lógica depredadora que ha llevado a las sociedades modernas a actuar como serpientes ciegas que se muerden la cola, sin percatarse de que al devorar a la naturaleza se estaban devorando a sí mismas. De ahí también el absurdo de las concepciones del progreso, el desarrollo y el crecimiento que han servido de mitos inspiradores tanto al capitalismo, en sus diversas fases, como al socialismo burocrático del siglo XX.

Se equivocan entonces quienes piensan que es posible dejar atrás el sistema de dominación imperante y construir una sociedad distinta, auténticamente equitativa, participativa y sustentable, utilizando los mismos patrones energéticos, tecnológicos y productivos implantados por el capitalismo, en función de sus intereses, durante los últimos tres siglos.

De ahí que un sector creciente de la izquierda latinoamericana y de otros continentes, prefiera hablar de ECOSOCIALISMO para caracterizar los rasgos del nuevo orden civilizatorio que deberemos construir para que la diversidad de la vida pueda seguir existiendo sobre la Tierra.

Los venezolanos, en particular, tenemos por delante el enorme desafío de sentar las bases de un modelo energético post-petrolero, basado en el uso de energías limpias y renovables que nos permitan revertir el calentamiento global provocado por la quema de los combustibles fósiles.

Pero para emprender esta tarea, no podemos dejarnos entrampar en el falso dilema formulado por las corporaciones transnacionales de energía, según las cuales no hay otra alternativa rentable frente al petróleo que la energía nuclear.

Ahora que se cumplen 23 años del accidente de la planta nuclear de Chernóbil, que según la Academia de Ciencias de Rusia dejó un saldo de 200.000 víctimas humanas, es necesario cobrar conciencia de que las energías limpias y renovables, como la solar, la eólica, la geotérmica, la mareomotriz y la hidroeléctrica a pequeña escala, son por ahora las mejores opciones disponibles si aspiramos en verdad legarles a las nuevas generaciones un planeta donde la vida sea digna de ser vivida.

El incremento de los desastres climáticos causados por la acumulación de los gases de efecto invernadero y la extensión de la contaminación radiactiva –con su secuela de muertes, cáncer y mutaciones genéticas- generada por el “uso pacífico” de la energía atómica, son precios demasiado altos que la voracidad capitalista aspira hacernos pagar a todos los seres humanos para mantener a flote el estilo de vida dispendioso de una minoría. Por ende, la transición hacia un modelo energético verdaderamente limpio y renovable, sólo será viable si viene acompañado de una modificación profunda de los patrones de consumo, los sistemas de transporte, la configuración de las ciudades y las técnicas de producción agrícola e industrial desplegadas por el capitalismo a escala global. Se trata, pues, de una transformación socio-cultural de tales dimensiones que el filósofo Edgar Morin ha propuesto calificarla como “metamorfosis civilizacional”.

En otras palabras, ya no podemos seguir barriendo bajo la alfombra las enormes implicaciones de la crisis por la que atraviesa la humanidad en los albores del siglo XXI, ni estamos en posición de dejarnos engañar, una vez más, por los cantos de sirena que el viejo capitalismo ha aprendido a entonar en cada coyuntura para sortear sus crisis y neutralizar los intentos de sustituirlo por un nuevo orden social alternativo, que garantice la sobrevivencia física y espiritual de todos los pueblos del mundo.

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Pandemia
Gustavo Fernández Colón

pandemia

Primero fueron las vacas llamadas “locas” por la prensa light las que -hacinadas en las granjas liberadas de controles por el liberalismo de la Tatcher y de Reagan-ardieron como brujas en las piras levantadas por el Santo Oficio para frenar la peste empacada y distribuida con probada eficiencia por Agribrands Purina

Luego siguieron las gallinas chinas recluidas en los campos de concentración
construidos por la industria agropecuaria -privadas del derecho a picotear la tierra en busca de lombrices- las que flamearon como antorchas en los crematorios de la Organización Mundial de la Salud para evitar que la guadaña de la gripe aviar extendiera su poda apocalíptica desde las populosas ciudades del Oriente hasta las campiñas europeas y los rascacielos de los todopoderosos Estados Unidos

Ahora, en abril de 2009, son los cerdos mexicanos de las granjas de Smithfield
-a quienes se les impide correr como los jabalíes y perseguir a sus hembras entre los matorrales- los que serán reducidos a cenizas en los altares de las corporaciones para expiar las culpas de los sacerdotes del capital industrial y financiero

Los mismos que amenazan con hacernos arder
a todos los humanos indistintamente
-y no sólo a las vacas, las gallinas y los cerdos-
con sus enormes bombas o minúsculos virus
si de acuerdo con los cálculos de sus contadores
resultamos un pasivo inoportuno
en el balance de fin de año
de su cartera de acciones

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El debate sobre el Socialismo del Siglo XXI apenas comienza

Gustavo Fernández Colón

consejoscomunales

Traducción al español de la ponencia leída originalmente en francés en el Coloquio “Crisis ética, ética de crisis”, organizado por la revista Entropía en la Universidad París Descartes, París, el pasado 4 de abril de 2009.

Junto con mis disculpas por mi mal francés, quiero ante todo agradecerles a Jean Claude Besson-Girard, a Yannick de la Fuente, a Claude Llena y al Comité Editorial de la revista Entropía por haber tenido la gentileza de publicar mi artículo y por su  amable invitación para que participe en esta Mesa Redonda.

Yo formo parte de un pequeño grupo de académicos venezolanos interesados en resaltar la importancia de las estrategias alternativas generadas por las comunidades populares para enfrentar la crisis económica y ecológica contemporánea, en el contexto de la transición política por la que atraviesan actualmente mi país y, en general, América Latina.

Desde esta perspectiva, quisiera compartir con ustedes algunas apreciaciones acerca del « viraje a la izquierda » de la política latinoamericana que ha tenido lugar durante la última década, precedido por fuertes movimientos sociales de protesta contra la agudización de la desigualdad y la pobreza provocada por las políticas neoliberales de la década de los noventa.

Desde el primer triunfo electoral del presidente Chávez en Venezuela en 1999 hasta la más reciente elección del presidente Mauricio Funes en El Salvador el pasado quince de marzo, las organizaciones políticas de izquierda han llegado al poder en muchos países, aunque con orientaciones filosóficas, programas de gobierno y contextos de acción muy diferentes.

Pero más allá de las divergencias, es posible identificar algunos rasgos comunes en todos los gobiernos de la nueva izquierda latinoamericana. La primera característica es el énfasis en el rol del estado para frenar los desequilibrios sociales generados por el mercado. En la práctica, esto ha implicado una mayor preocupación por la justicia social, el fortalecimiento de los servicios estatales de educación, salud y bienestar social destinados a atender a los más pobres, el énfasis en la soberanía económica, una mayor cooperación e integración entre los países de la región y el intento de zafarnos de nuestra subordinación a los Estados Unidos.

Pero aun reconociendo los méritos éticos y políticos de este esfuerzo, observamos con preocupación que el problema de la sustentabilidad ecológica de nuestras estrategias de desarrollo aún no está siendo considerado en serio por la mayor parte de los líderes y cuadros dirigentes de la nueva izquierda latinoamericana. Todavía palabras como desarrollo, progreso y crecimiento económico continúan orientando los objetivos de las políticas gubernamentales.

Es justo señalar que ha habido avances conceptuales importantes en materia de sustentabilidad ecológica. Un ejemplo lo tenemos en la nueva Constitución de la República del Ecuador, que reconoce a la naturaleza o Pacha Mama como sujeto de derecho, y otro en la declaración de los diez mandamientos para salvar al planeta, la humanidad y la vida del presidente de Bolivia Evo Morales. Pero en la práctica, la acción política sigue condicionada por la urgencia de hacer crecer nuestras economías para distribuir la riqueza de una manera más equitativa y atender los problemas de la pobreza y la miseria que aquejan a la inmensa mayoría de nuestra población.

La actual crisis del sistema capitalista mundial, que ha hecho perder sus empleos y sus viviendas a miles de estadounidenses y que ha desencadenado las recientes movilizaciones de protesta de los trabajadores de Francia, también está teniendo un fuerte impacto en las economías latinoamericanas a raíz de la caída de los precios y los volúmenes de nuestras exportaciones. No sabemos cuánto tiempo pueda prolongarse esta depresión global ni la magnitud de los daños que causará en el mundo entero. Lo que sí es cierto es que representa tanto una oportunidad como una amenaza para los esfuerzos destinados a la construcción de una economía no solo justa sino también ecológicamente sustentable.

La recesión global es una amenaza porque el propósito de reactivar el crecimiento económico puede imponerse como un reto urgente para tratar de contener el creciente malestar social y porque puede servir también de excusa para justificar estrategias de desarrollo ambientalmente insostenibles bajo la promesa de crear más empleos.Por otra parte, la crisis económica puede también convertirse en una oportunidad si su coincidencia con los signos del avanzado deterioro ambiental de nuestro planeta contribuye a poner en evidencia que la lógica capitalista nos está conduciendo no sólo a una debacle económica que agravará la pobreza y el sufrimiento de la mayor parte de la humanidad, sino a un desastre ecológico que está poniendo en riesgo la sobrevivencia misma de nuestra especie.

En consecuencia, el actual proceso de agudización de las contradicciones sociales, económicas y ecológicas del sistema capitalista mundial, podría desencadenar una metamorfosis civilizatoria si logramos traducir en acciones colectivas lo que Serge Latouche ha denominado la “pedagogía de la catástrofe”. En Venezuela, como en muchos otros países del mundo, la conciencia acerca de la gravedad de la crisis ecológica es todavía incipiente. Y si bien es cierto que, desde hace una década, el gobierno revolucionario que dirige el presidente Chávez ha hecho avances importantes en materia de disminución de la pobreza y redistribución de la renta nacional con criterios de equidad, el ideario del socialismo del siglo XXI defendido por nuestro gobierno todavía responde, en sus rasgos fundamentales, al paradigma desarrollista compartido tanto por las derechas como por las izquierdas del siglo
XX.

Para hacerse una idea del alcance de las políticas sociales de nuestro gobierno, vale la pena examinar el más reciente informe publicado por la CEPAL o Comisión Económica para América latina y el Caribe. De acuerdo con este organismo dependiente de la ONU encargado de sistematizar las estadísticas sobre la situación económica en América latina, la pobreza en Venezuela disminuyó de un 49,4 % en 1999 a un 30,2 % en 2006, mientras que la indigencia o pobreza extrema pasó del 21,7% al 99% en el mismo período. Del mismo modo, la mortalidad infantil descendió en casi cinco puntos porcentuales entre el 2003 y el 2007. El desempleo disminuyó desde el 14% en 1999 hasta el 7,1%.Gracias a nuevas formas de organización comunitaria como las “mesas de agua”, se ha ampliado el suministro de agua potable hasta alcanzar el 92% de la población. Se ha creado un servicio estatal de distribución de alimentos subsidiados que alcanza a 14 millones de personas. Se ha extendido considerablemente la atención médica gratuita a los más necesitados, mediante la puesta en funcionamiento de 4500 consultorios y clínicas populares. El país fue declarado territorio libre de analfabetismo por la UNESCO en 2005 y se ha ampliado notablemente la cobertura del sistema educativo nacional, con carácter gratuito hasta el nivel universitario.

Sin embargo, la gran pregunta que hoy se formula la mayoría de los venezolanos es por cuánto tiempo serán sostenibles estas políticas de inclusión social en medio de una recesión mundial que ha hecho descender enormemente los precios de nuestra principal fuente de ingresos: el petróleo.

Se trata de una preocupación grave sobre todo para los sectores populares que temen perder estos beneficios sociales a los que nunca antes tuvieron acceso y para la nueva burocracia instalada en el poder. Lamentablemente, lo que muy poca gente se pregunta hoy en Venezuela es por cuánto tiempo será viable una economía fundada principalmente en la explotación de los combustibles fósiles, responsables del recalentamiento de la tierra.

Un ejemplo significativo de los límites ecológicos del modelo de desarrollo imperante en mi país, lo tenemos en nuestro sistema de generación de electricidad. Cerca del 70% de la energía eléctrica que consumimos 26 millones de venezolanos proviene de fuentes hidroeléctricas. Y particularmente de las represas construidas sobre el río Caroní, cuya cuenca está ubicada en el borde norte de la amenazada selva amazónica. El otro treinta por ciento proviene de centrales termoeléctricas a base de fueloil y gas.

El crecimiento económico de los últimos años y la extensión del acceso a los servicios públicos a sectores de la población anteriormente excluidos, ha hecho que rápidamente estas fuentes de energía se hayan hecho insuficientes. Para resolver este problema, se ha comenzado a trabajar en el desarrollo de energías renovables como la solar, la eólica y la geotérmica. Pero hasta ahora se consideran insuficientes para cubrir el crecimiento de la demanda eléctrica, lo que ha llevado a nuestro gobierno a proyectar la construcción de centrales nucleares, con el apoyo técnico de Rusia y de Francia.

Los ecosocialistas venezolanos, acompañados por algunos decrecentistas de Francia, hemos expresado públicamente nuestro desacuerdo con los convenios de cooperación en materia de energía electro-nuclear suscritos recientemente por ambos países. Pero nuestro impacto ha sido mínimo en la opinión pública y los planes gubernamentales en esta materia siguen en marcha.

Hay muchos otros aspectos relacionados con las transformaciones socio- políticas que están teniendo lugar en Venezuela y América Latina sobre los que pudiéramos seguir conversando, pero el tiempo previsto para nuestras intervenciones en este foro me obliga a ser breve. En todo caso, me parece conveniente señalar que a pesar de la enorme influencia de los mitos modernos del crecimiento y el desarrollo, el debate sobre los rasgos distintivos del socialismo del siglo XXI todavía permanece abierto en Venezuela. Y, en mi opinión y la de varios intelectuales latinoamericanos, la filosofía del decrecimiento tiene mucho que aportar en esta discusión.

De ahí mi complacencia por la posibilidad de estar hoy y aquí entre ustedes dialogando sobre un asunto tan trascendental para el porvenir no sólo de mi país y del vuestro, sino de la humanidad entera.

Muchas gracias.

Original disponible en: http://www.entropia-la-revue.org/spip.php?article37

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Protestas en Francia contra Empresas Nucleares Contratadas para Asesorar a Venezuela

Gustavo Fernández Colón

Protestas en la Central Nuclear de Tricastin

Protestas en la Central Nuclear de Tricastin

Centenares de manifestantes se agolparon el pasado 25 de octubre en las inmediaciones de la central nuclear de Tricastin, en Francia, para protestar por los recurrentes derrames de uranio radiactivo ocurridos, desde el pasado mes de julio, en uno de los reactores de este complejo industrial dedicado a la generación de electricidad.

La marcha, convocada por la Red “Salir de lo nuclear”, se realizó a partir de las tres de la tarde.  Varios de los participantes portaban pancartas en las que se leía “energía nuclear = cáncer”, mientras otros marcharon con máscaras antigases y trajes de protección contra la radioactividad. También se llevó a cabo la dramatización de un desastre nuclear, con decenas de víctimas ficticias, antes de que la multitud concluyera la protesta con una concentración frente al Ayuntamiento de la Comuna de Bolena (Bollène en francés).

Decenas de policías fueron apostados para bloquear la entrada de los manifestantes a las instalaciones de Tricastin, administradas por el consorcio estatal AREVA y la Electricidad de Francia. Estas compañías son las mismas que recientemente han ofrecido su asesoría técnica al gobierno de Venezuela para la construcción de una central nuclear en nuestro país.

Los derrames de uranio que originaron estas protestas, contaminaron las aguas del manto freático y los ríos de La Gaffière y de Auzon, tributarios del Ródano. Debido a la gravedad del asunto, las autoridades se vieron obligadas a tomar medidas de emergencia como la evacuación de varios lagos de interés turístico; la prohibición de la pesca, el consumo de agua local y el riego de sembradíos; así como el pago de indemnizaciones a los agricultores que perdieron sus cosechas. Según la prensa francesa, 74 kilos de uranio fueron vertidos al medio ambiente como resultado de un exceso en los depósitos de la empresa SOCATRI (Sociedad Auxiliar de Tricastin) perteneciente al grupo AREVA, en la noche del 7 al 8 de julio. Y el 23 de julio, un centenar de trabajadores resultaron contaminados con polvo radiactivo durante una operación de mantenimiento del reactor N º 4 de la Central FED, muy cerca de la usina de SOCATRI ya mencionada.

Para colmo de males, el pasado 8 de septiembre durante una operación rutinaria de recarga de combustible, dos barras de uranio enriquecido -que podrían contener plutonio- quedaron colgadas de la tapa de la vasija del reactor Nº 2 de la planta de Tricastin. Las barras, que pesan unos 800 kilogramos cada una, quedaron suspendidas accidentalmente sobre las otras 155 varillas de combustible que conforman el núcleo del reactor, pudiendo caerse en cualquier momento y provocar una reacción nuclear incontrolada. Las operaciones de reparación pueden resultar extremadamente peligrosas, de modo que el reactor podría terminar condenado, a la espera de que las generaciones futuras encuentren una solución. Las autoridades han clasificado la gravedad del incidente como de nivel 1 en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares, pero los activistas del movimiento “Salir de lo nuclear” sostienen que la situación podría ser mucho más seria de lo que el gobierno francés ha reconocido públicamente.

Incidentes como éstos deben llamarnos a la reflexión a los venezolanos, sobre los riesgos innecesarios que traería consigo la construcción de centrales nucleares para la producción de electricidad en nuestro país. Sobre todo si se tiene en cuenta la gran variedad de energías limpias y baratas disponibles a todo lo largo y ancho de nuestro territorio, como la hidroelectricidad del Caroní, el potencial eólico de los estados Zulia y Falcón, las enormes reservas de gas aprovechables para la generación termoeléctrica, el potencial geotérmico de la falla tectónica que atraviesa nuestras costas orientales y nuestra abundante energía solar. De ahí nuestro llamado al presidente Chávez y a las máximas autoridades del gobierno bolivariano, para que reconsideren la idea de desarrollar una industria nuclear que a la larga sólo traería más perjuicios que beneficios para todos los venezolanos.

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El Proyecto Nuclear Franco-Venezolano:
¿Una amenaza contra las futuras generaciones en la patria de Bolívar?

Central Nuclear de Tricastin - Francia

Central Nuclear de Tricastín - Francia

Los interesados en apoyar esta declaración pueden notificarlo a la
siguiente dirección: manifiestoantinuclear@gmail.com

El pasado jueves 2 de octubre en París, los cancilleres de Francia, Bernard Kouchner, y Venezuela, Nicolás Maduro, ratificaron el interés de sus respectivos gobiernos de cooperar en proyectos civiles para el desarrollo de la energía nuclear en Venezuela. Según una nota de prensa publicada en la página Web de la cancillería venezolana, “El Ministro Maduro precisó que en los diferentes acuerdos suscritos se logró el compromiso de apoyo de Francia para el desarrollo por parte de Venezuela de la energía nuclear con fines pacíficos. Indicó que ésta es una de las alternativas para el futuro de la humanidad y nuestro país, logrará apoyo en la formación y el desarrollo tecnológico en esta materia”.

De acuerdo con un cable de la agencia AP, “Bernard Kouchner dijo… que Francia ‘está dispuesta a trabajar junto con nuestros amigos venezolanos’ en la cuestión. Venezuela es un importante exportador de petróleo y Francia, donde opera la enorme firma nuclear Areva, es un prominente exportador de tecnología nuclear” Fuente AP).

Días antes, en Moscú, el presidente Hugo Chávez había hecho público su propósito de implementar un programa de cooperación nuclear con Rusia. Según el diario electrónico Aporrea, Chávez señaló: “Ciertamente estamos interesados en desarrollar la energía nuclear, por supuesto con fines pacíficos, con fines médicos, para generación de electricidad (…) Brasil tiene varios reactores nucleares, al igual que Argentina, nosotros tendremos el nuestro” Fuente Aporrea).

Estas negociaciones con los gobiernos de Rusia y Francia resultan alarmantes porque revelan la firme determinación del gobierno revolucionario de Venezuela, de embarcarse en la construcción de plantas nucleares para la generación de electricidad en el país. Una preocupación más que justificada si se tiene en cuenta la nefasta trayectoria de una industria energética responsable del gran número de víctimas causado por el desastre de la central nuclear de Chernóbil en 1986, y la crisis suscitada en Francia por la contaminación radioactiva de la cuenca del Ródano en el presente año. Sin olvidar jamás, por supuesto, las más de 200.000 muertes provocadas por las bombas atómicas arrojadas en 1945 sobre Hiroshima y Nagasaki por los Estados Unidos.

Usos Pacíficos sólo Mata Gente

Los llamados usos “pacíficos” o “civiles” de la energía atómica no son menos peligrosos que sus aplicaciones militares, como lo demuestran los efectos de los accidentes sufridos por las centrales nucleares construidas en distintos países desde mediados del siglo XX. Según las cifras oficiales, en Ucrania, Rusia y Bielorrusia, por ejemplo, fallecieron al menos 50 personas y otras 4.000 quedaron afectadas con cáncer, leucemia y malformaciones congénitas como resultado de la radiación liberada por el accidente del reactor de Chernóbil; si bien cabe señalar que, de acuerdo con las investigaciones de Greenpeace, las cifras anteriores ocultan la verdadera dimensión de esta tragedia cuyas víctimas pasarían de cien mil. Pero éste no ha sido el único accidente grave, pues también tuvieron efectos nefandos el accidente ocurrido en 1979 en la central nuclear de Three Mile Island en los Estados Unidos, y el de la planta de uranio japonesa de Tokaimura en 1999, entre muchos otros.

Por otra parte, incluso si la humanidad consigue evitar el uso militar de las armas nucleares y el invierno nuclear que en un breve lapso podría poner fin a la vida en el planeta, así como los accidentes nucleares que instantáneamente producen una terrible contaminación y hacen inhabitables a regiones enteras, sigue estando allí el irresoluble problema del manejo de los desechos radioactivos, cuyas emisiones letales perduran por miles y miles de años. El plutonio es particularmente peligroso por tratarse de un elemento químico producido artificialmente a partir del uranio, con una alta capacidad de fisión que lo hace idóneo para su utilización en bombas nucleares, y que permanece activo por quinientos millones de años (Capra, 1982; Eichler, 1987a, 1987b). El plutonio es tan poderoso como cancerígeno que medio kilo uniformemente repartido sería susceptible de provocar cáncer pulmonar a toda la humanidad (Capra, 1982). Una vez producidos el plutonio y otros desechos provenientes de los reactores nucleares, no hay manera de aislarlos permanentemente del ambiente; de ahí que durante su inmensamente larga vida lo más probable es que terminen diseminándose por la ecosfera. Uno de los métodos más populares de almacenamiento es enterrándolos, pero el resultado ha sido la contaminación del agua de las capas freáticas. En los años 80, los estadounidenses los almacenaron en barriles que echaron al océano, lo cual hará que en el futuro haya que rastrearlos para impedir que el deterioro de los barriles haga que se mezclen con las aguas.Ahora bien, el problema del plutonio, incluso en su uso “pacífico” y en ausencia de accidentes, no es sólo a largo plazo. Se ha estimado que si la industria estadounidense pudiese aislar del medio ambiente su plutonio con una efectividad del 99,99% —lo cual constituiría un milagro tecnológico— el plutonio que esa industria inyectaría en la atmósfera sería responsable, sólo en los EE.UU., por 500.000 casos fatales de cáncer pulmonar al año a partir del año 2.020, incrementando la tasa de mortalidad de ese país en un 25% (Nader y Abbotts, 1977; Capra, 1982).

Frente a este panorama desolador, los promotores de la energía nuclear en Venezuela pueden argumentar que actualmente se está negociando con un país, como Francia, con un amplio récord de seguridad en el manejo de sus reactores. ¿Pero es cierto que lo tiene?

Francia al Borde de un Desastre Nuclear

En las semanas previas a la reunión ya mencionada entre los cancilleres Maduro y Kouchner, se han producido en Francia numerosos derrames de uranio radioactivo en el complejo nuclear de Tricastin, que fueron a parar a las aguas de los ríos de La Gaffière y de Auzon, en la cuenca del Ródano. El complejo nuclear de Tricastin es una instalación que cuenta con 4 reactores, una planta de producción de fluoruro de uranio, una planta de reprocesamiento, y una planta de enriquecimiento de uranio. Se trata de uno de los complejos nucleares más importantes de Europa, perteneciente a la compañía pública francesa AREVA —la misma que está ofreciendo sus servicios a Venezuela — y Electricité de France (EDF), la empresa encargada de generar la electricidad francesa.

Estos derrames obligaron a las autoridades a tomar medidas de emergencia como la evacuación de algunos lagos frecuentemente visitados por los turistas, la prohibición de riego de los cultivos de la zona y el ofrecimiento de indemnizaciones a los agricultores afectados. Según el diario electrónico “Público.es”, importantes productores de vino de la región, tras constatar que sus ventas se habían venido a pique por el temor de los consumidores a ingerir productos contaminados, han llegado al extremo de solicitar al Instituto Nacional de Denominaciones de Origen de Francia (INAO) que les permita modificar las etiquetas de sus vinos para poder venderlos (Público.es).

Central Nuclear de Tricastin

Central Nuclear de Tricastín

Por si fuera poco, el 8 de septiembre se produjo un accidente tan grave que se está pensando en mudar a la población de las aldeas aledañas a otras zonas. Durante una operación de colocación de combustible, dos barras de uranio enriquecido, grafito y metal, se quedaron colgadas de la tapa de la cuba del reactor Nº 2 de Tricastin. Desde entonces, las dos barras están suspendidas sobre las otras 155 piezas de combustible que constituyen el corazón del reactor. De acuerdo con la Red “Salir de lo nuclear”, “estas barras pesan cada una alrededor de 800 kilogramos y amenazan con caerse en cualquier momento. En ese caso podrían romperse, y si los pedazos se deslizan entre los otros conjuntos de piezas [de combustible], podrían eventualmente desencadenar una reacción nuclear [en cadena] incontrolada. Un espantoso accidente sería entonces posible. E incluso si esta reacción nuclear no se desencadenara, las operaciones de limpieza serían prácticamente irrealizables. En este momento, el reactor podría estar definitivamente condenado, a la espera de que las generaciones futuras encuentren una solución. Este escenario catastrófico es realmente posible. Un accidente del mismo tipo se produjo, en 1999, en la central de Nogent-sobre-el-Sena, con la diferencia de que un solo conjunto de piezas fue la causa. E hizo falta un mes para resolver el problema. La situación del Tricastín es mucho más peligrosa: hay dos barras en juego. Intentando recuperar una de ellas, se podría hacer caer a la otra. Hasta ahora, la Electricidad de Francia permanece muda con respecto a la composición del combustible de estas piezas, y es posible que las mismas contengan plutonio, lo que agravaría considerablemente los riesgos para la población. La Red ‘Salir de lo nuclear’ se ha dirigido por escrito a la Autoridad de Seguridad Nuclear (ASN), así como al Presidente de la República y al Primer Ministro para pedirles que digan la verdad acerca del accidente en curso”. (Salir de lo Nuclear).

Una Industria Insostenible en Busca de Nuevas Víctimas

Después de los accidentes de este verano, las dificultades financieras y técnicas enfrentadas por los dos Reactores Presurizados Europeos en construcción, y la lucha armada iniciada en el Níger entre el gobierno de ese país y 3.000 tuaregs bien armados que se oponen a la extracción de uranio en su territorio, está claro que la empresa nuclear francesa Areva y el gobierno francés se encuentran en una posición más que delicada.

Europa avanza hacia un proceso de desnuclearización, mientras que Francia es uno de los pocos países empeñados en mantener el uso de la energía nuclear. Ahora los accidentes podrían obligar al gobierno a dejar de apostar por la industria nuclear en su territorio, por lo cual el gobierno francés espera compensar a las compañías de su país obteniendo para ellas contratos en el extranjero, desplazando a otras regiones los riesgos de la energía atómica.

El manifiesto del grupo ambientalista francés “Salir de lo nuclear”, señala que “Un accidente nuclear equivale a toda una región que se vuelve inhabitable durante miles de años y a innumerables víctimas. ¿Podemos permitirnos correr un riesgo tal? No existe posibilidad alguna de eliminación de los desechos radiactivos: son peligrosos hoy y por decenas de miles de años. El costo real de la electricidad nuclear está subevaluado. Ella es en verdad muy cara si se toma en cuenta la totalidad de sus costos: investigación financiada públicamente, desmantelamiento de las centrales, gestión de los desechos durante miles de años. La energía nuclear produce poco gas de efecto invernadero, es cierto, pero contamina la tierra por millones
de años. No es imperativo escoger entre la peste bubónica y el cólera. Ni lo nuclear, ni el efecto invernadero: ése debe ser el objetivo de una política energética responsable. Vivimos en la Francia nuclear, el país más nuclearizado del mundo. Pero esta dependencia frente a lo nuclear es una excepción francesa. Países cercanos como Italia, Alemania o Bélgica ya han decidido salir de lo nuclear. ¡Salir de lo nuclear, es posible! Lo nuclear no es el único medio de producir electricidad, Es urgente desarrollar alternativas energéticas. Y además, ¿necesitamos tanta electricidad para vivir bien?”.

Energías Limpias para el Ecosocialismo del Siglo XXI

Los ecosocialistas venezolanos y franceses estamos contentos de que se hagan intentos por reducir las desigualdades y establecer el socialismo en los países de América Latina. Pero para que ello dé sus frutos, las poblaciones locales deben gozar de buena salud y un ambiente sano. Debemos evitar dar un paso que podría tener trágicas consecuencias para la patria de Bolívar y la salud de sus habitantes (y no sólo para éstos, sino para la humanidad en su totalidad). En vez de ello, debemos construir una sociedad igualitaria y sustentable, basada en el uso de energías limpias, en la que los mayores intereses sean la protección de la salud de los ciudadanos y de la ecosfera de la que somos parte y de la que depende nuestra supervivencia.

Por todas estas razones, consideramos que una iniciativa como ésta debería someterse a un amplio debate nacional y, llegado el momento, a un referéndum consultivo para que sea el pueblo quien decida si vale la pena o no embarcarse en una empresa de tan graves implicaciones para las generaciones presentes y futuras. Una consulta pública sobre el tema nuclear no sería, por cierto, ninguna novedad; pues hace ya varios años que países como Austria (1978), Suecia (1980) e Italia (1987), llevaron a cabo referendos en los que, gracias al voto mayoritario de sus ciudadanos, se decidió el abandono de la energía atómica. Para la Revolución Bolivariana, poner en manos del pueblo la elección consciente del modelo energético más apropiado para nuestro desarrollo, constituiría una evidencia ejemplar de la vitalidad de la democracia participativa, y una prueba irrecusable de que el Socialismo del Siglo XXI ha asumido en serio los inmensos desafíos de construir una sociedad más justa y salvar a la especie de su autodestrucción.

¡SOCIALISMO, SÍ, PERO SIN LA BASURA NUCLEAR!

Referencias:
Capra, F. (1982). The Turning Point. Nueva York: Bantam New Age Books.

Eichler, A. (1987a). El mayor crimen de la historia: la radiación atómica. En Eichler, A. (1987), S.O.S. planeta tierra, pp. 159-161. Caracas: Guardia Nacional de Venezuela.

Eichler, A. (1987b). Radiactividad letal para milenios. En Eichler, A. (1987), S.O.S. planeta tierra, pp. 163-166.  Caracas: Guardia Nacional de Venezuela.
Nader, R. y Abbotts, J. (1977). The Menace of Atomic Energy.  Nueva York: Norton.

FIRMANTES:

Gustavo Fernández Colón, Universidad de Carabobo, Venezuela.
Martha Cecilia Santos, Universidad de Carabobo, Venezuela.
Elías Capriles, Universidad de los Andes, Venezuela.
Yannick de la Fuente, Universidad de Montpellier, Francia.
Claude Llena, Universidad Paul Valéry de Montpellier, Francia.
Carlos Molina Velásquez, Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, El Salvador.
Mayda Hocevar, Universidad de Los Andes, Venezuela.
Sirio Lopez Velasco, Universidade Federal do Rio Grande, Brasil.
Antonio Salamanca Villalba, Colegio de Abogados de Madrid, España.
Mariano Crespo, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Venezuela.
Ricardo Molina Meza, Universidad de El Salvador, El Salvador.
Rodolfo Táriba Santaella, Universidad Católica Cecilio Acosta, Venezuela.
Julio Alexander Parra, Docente, Mérida, Venezuela.
Oscar Gutiérrez, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.
Ricardo Melgar Bao, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Isabel Villarte, Geografía Viva, Venezuela.
Nelson Lucena, Universidad de Carabobo, Venezuela.
Gustavo Claret Vásquez, Abogado, Venezuela.
Norbert Molina, Universidad de Los Andes, Venezuela.
Lenin José Ramírez Ramírez, Universidad de Los Andes, Venezuela.
Edgar Mendoza, Docente, Venezuela.

Los interesados en apoyar esta declaración pueden notificarlo a la
siguiente dirección: manifiestoantinuclear@gmail.com

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LA CAJA DE PANDORA DE LA ENERGÍA NUCLEAR:
¿TAMBIÉN EN VENEZUELA?

Gustavo Fernández Colón* y Elías Capriles**

Tras su reciente visita a Moscú, el presidente Hugo Chávez manifestó el pasado domingo 28 de septiembre su voluntad de implementar un programa de cooperación con Rusia para el desarrollo de la energía nuclear en Venezuela. Según el diario electrónico “Aporrea”, el presidente señaló: “Ciertamente estamos interesados en desarrollar la energía nuclear, por supuesto con fines pacíficos, con fines médicos, para generación de electricidad (…) Brasil tiene varios reactores nucleares, al igual que Argentina, nosotros tendremos el
nuestro.” (www.aporrea.org/energia/n121435.html).

Explosión Nuclear realizada por el Gobierno Francés en el Atolón de Mururoa

Explosión Nuclear realizada por el Gobierno Francés en el Atolón de Mururoa

Desde el año 2005, se ha venido hablando en los medios de comunicación social de posibles acuerdos en materia nuclear con Argentina, Brasil e incluso Irán, sin que aparentemente haya habido mayores avances en este terreno. Sin embargo, las últimas declaraciones de Putin y Chávez resultan preocupantes porque ponen de manifiesto que el gobierno venezolano está considerando en serio la posibilidad de embarcarse en un proyecto de construcción de plantas nucleares para la generación de electricidad.

¿REACTORES O SARCÓFAGOS?

La primera razón por la que esta clase de iniciativa nos parece inconveniente tiene que ver con los peligros inherentes a los usos, tanto militares como industriales, de la energía nuclear. Los daños letales para la salud humana y el medio ambiente que ésta  es capaz de provocar, no sólo quedaron de manifiesto con las más de 200.000 muertes causadas por las bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki por Estados Unidos en 1945. También en el campo de los llamados “usos pacíficos” de la energía atómica, los accidentes sufridos por las centrales nucleares construidas en distintos países desde la década de los cincuenta, ofrecen pruebas fehacientes de estos riesgos.

Desastre Nuclear de Chernobyl - Reactor Nr. 4

Desastre Nuclear de Chernobyl - Reactor Nr. 4

En Ucrania, Rusia y Bielorrusia, por ejemplo, según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, fallecieron al menos 50 personas y otras 4.000 quedaron afectadas con cáncer, leucemia y malformaciones congénitas como resultado de la radiación liberada, en 1986, por el accidente del reactor de Chernóbil. Aunque cabe resaltar que, de acuerdo con las investigaciones de Greenpeace, las cifras oficiales ocultan la verdadera dimensión de esta tragedia cuyas víctimas pasarían de cien mil. Por otra parte, si bien es cierto que Chernóbil fue el más grave de los desastres ocurridos en la historia de la industria nuclear, en modo alguno ha sido el único. También se cuentan, entre los más severos, el accidente ocurrido en 1979 en la central nuclear de Three Mile Island en los Estados Unidos, y el de la planta de uranio de Tokaimura, Japón, en 1999.

Destrucción del Reactor Nuclear de Three Mile Island

Destrucción del Reactor Nuclear de Three Mile Island

Pero las amenazas no provienen solamente de eventuales fallas en la operación de las centrales; además está el problema todavía no resuelto del manejo de los desechos radioactivos, cuyas emisiones  letales perduran por miles y miles de años. Un caso notable es el del plutonio, un producto de la fisión nuclear que con anterioridad no existía en la naturaleza, que permanece activo por quinientos millones de años. De acuerdo con el físico Fritjof Capra, el plutonio es un cancerígeno tan poderoso que medio kilo uniformemente repartido sería suficiente para provocar cáncer pulmonar a toda la humanidad. Por ello se cotizan tan alto en el mercado los servicios de procesamiento de estos residuos ofrecidos por las empresas del ramo en países como Argentina, donde estalló un escándalo en el año 2000 a raíz de la contaminación del agua para consumo humano con el uranio proveniente del Centro de Procesamiento de Desechos Radioactivos de Ezeiza, en la provincia de Buenos Aires.

NI BARATA, NI SEGURA

Otro dato significativo es que, al contrario de lo que afirman los propagandistas de la industria nuclear, cada vez son menos los proyectos de construcción de centrales nucleares en el mundo. Expertos como Lester Brown señalan que si bien en la década de los ochenta la capacidad de generación nuclear a escala mundial se expandió en un 140 por ciento; durante la década de los noventa, creció apenas un 6 por ciento. Esta caída abrupta se debió a que, al agotarse la vida útil (estimada en 30 ó 40 años) de los reactores construidos en los años sesenta y setenta, sus administradores se percataron de que los costos de su desmantelamiento resultaban tan elevados como la inversión inicial requerida para su construcción. De manera que los “costos ocultos” derivados tanto del procesamiento de los residuos como del desmontaje de las centrales inservibles, han revelado que la energía nuclear resulta ser muchísimo más cara de lo que sus promotores suelen reconocer.

AGUA, VIENTO Y SOL

Otro argumento esgrimido recientemente por los empresarios de la energía atómica es que ésta representa la mejor opción disponible contra el calentamiento global, puesto que no genera dióxido de carbono como sucede con los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). Sin embargo, este alegato ha quedado desmentido a medida que los avances técnicos y la disminución de costos observados en los últimos años en energías limpias como la eólica, solar y geotérmica, ofrecen alternativas cada vez más económicas y mucho menos perniciosas para la salud de los seres humanos y los ecosistemas.

Colectores Solares

Colectores Solares

Planta Eólica

Hasta ahora, Venezuela ha estado protegida de los efectos letales de la radicación nuclear, gracias a que no existen reactores en nuestro territorio, con excepción del pequeño reactor experimental del IVIC. Pero podríamos perder esta ventaja y ver desmejorada significativamente nuestra calidad de vida, si se concreta la idea de construir centrales nucleares para la producción de electricidad en el país. Una idea que resulta todavía más absurda, si se tiene en cuenta la gran variedad de fuentes de energía limpias y baratas disponibles a todo lo largo y ancho de nuestra geografía, como la hidroelectricidad del Caroní, el potencial eólico de los estados Zulia y Falcón, las enormes reservas de gas aprovechables para la generación
termoeléctrica y nuestra abundante energía solar.

QUE EL PUEBLO DECIDA

Por todas estas razones, consideramos que una iniciativa como ésta debería someterse a un amplio debate nacional y, llegado el momento, a un referéndum consultivo para que sea el pueblo quien decida si vale la pena o no embarcarse en una empresa de tan graves implicaciones para las generaciones presentes y futuras. Una consulta pública sobre el tema nuclear no sería, por cierto, ninguna novedad; pues hace ya
varios años que países como Austria (1978), Suecia (1980) e Italia (1987), llevaron a cabo referendos en los que, gracias al voto mayoritario de sus ciudadanos, se decidió el abandono de la energía atómica. Para la Revolución Bolivariana, poner en manos del pueblo la elección consciente del modelo energético más apropiado para nuestro desarrollo, constituiría una evidencia ejemplar de la vitalidad de la democracia participativa, y una prueba irrecusable de que el Socialismo del Siglo XXI ha asumido en serio los inmensos desafíos de construir una sociedad más justa y salvar a la especie de su autodestrucción.

*Profesor de la Universidad de Carabobo, Venezuela.
**Profesor de la Universidad de los Andes, Venezuela.

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LA SECTA MOON Y LA USB

Gustavo Fernández Colón

En un artículo anterior titulado “Sectas, Universidades e Ideologización” [1] hicimos referencia a la creciente influencia de la secta budista japonesa Soka Gakkai en la Universidad Central de Venezuela y otras casas de estudios superiores del país.

En esta entrega, queremos llamar la atención sobre la penetración de otra organización religiosa internacional, conocida como Iglesia de la Unificación o Secta Moon, en una renombrada universidad pública asentada en el Valle de Sartenejas.

La autodenominada “Iglesia de la Unificación” fue fundada en 1954 en Corea del Sur por el controversial Sun Myung Moon, mejor conocido como el Reverendo Moon. Su doctrina es una mezcla de cristianismo, creencias orientales, nacionalismo coreano y una ideología política de extrema derecha, caracterizada por su antisocialismo y anticomunismo virulentos [2].

Moon se ha proclamado a sí mismo como el Mesías enviado por Dios para conducir al mundo a una “nueva era” de paz e integración de la gran familia humana, tras el fracaso de la labor redentora de Adán y Jesucristo. Desde los inicios de su carrera como predicador, ha venido profetizando el advenimiento de una Tercera Guerra Mundial que pondrá fin al reino de Satán (que para él no es otra cosa que el comunismo) para dar paso a la implantación universal del Reino de los Cielos, representado en “los últimos días” por los Estados Unidos, Japón y Corea del Sur [3].

Es por ello que en 1971 se muda a los Estados Unidos, con el fin de propagar su fe y expandir su imperio económico conformado por una red de empresas transnacionales, que abarcan ramos tan diversos como la fabricación de maquinarias industriales, la comercialización de ginseng y el control de medios de comunicación como la agencia United Press International y el diario Washington Times [4].

Entre sus negocios, resalta la fabricación de armamento para el mercado norteamericano a través de la corporación Tongil Heavy Industries, creada en 1978 y transformada en la S&T Dynamics en 2005. Una actividad paradójica para quien se autoproclama defensor de la paz mundial [5].

En 1982 fue condenado por un tribunal estadounidense a dieciocho meses de cárcel por evasión de impuestos [6]. Se ha hecho famoso por el casamiento simultáneo de centenares de parejas de sus seguidores, como el celebrado en el estadio de Seúl en 1992 donde unió a más de 30 mil jóvenes de 131 nacionalidades distintas. También ha tenido eco en los medios su colaboración con el gobierno de Reagan y su estrecha amistad con la familia Bush, así como su apoyo a la Contra nicaragüense y a las dictaduras de Chile, Argentina y Uruguay [7].

Empeñado en propagar su influjo entre los estudiantes universitarios del mundo entero, fundó la Universidad Sun Moon en Corea del Sur, el Seminario Teológico de la Unificación en los Estados Unidos y la red internacional denominada “Movimiento Universitario para la Búsqueda de los Valores Absolutos” [8].

En Venezuela, la Secta Moon opera bajo la denominación de “Federación de Familias Pro Paz Mundial y Unificación” [9]. Cuenta con seguidores dentro de la UCV y la Universidad Simón Bolívar, a tal punto que esta última casa de estudios firmó un Convenio con la Universidad Sun Moon en 2004, para la cooperación en docencia, investigación y extensión. Desde el 2001 se viene ejecutando un programa de intercambio de estudiantes entre ambas instituciones, y varios egresados de la USB han sido enviados a cursar postgrados en la Universidad dirigida por la Iglesia de la Unificación. Asimismo, el Valle de Sartenejas ha recibido la visita de varios docentes de la Sun Moon para dictar seminarios a los estudiantes venezolanos sobre “cultura coreana” y otros temas.

Las relaciones entre ambas casas de estudio han llegado a ser tan estrechas, que en el año 2004 el para entonces rector de la USB, Pedro María Aso, viajó a Corea del Sur para visitar personalmente la Universidad fundada por el “Mesías” Moon [10].

Nadie puede negar que la cooperación interinstitucional es una tarea clave para el desarrollo académico y científico de cualquier Universidad, en cualquier parte del mundo. Sin embargo, habiendo en Corea del Sur más de doscientas universidades, tanto públicas como privadas, reconocidas a nivel internacional, es curioso que haya sido precisamente una institución creada para difundir la doctrina mesiánica de extrema derecha del Reverendo Moon, la seleccionada por las autoridades de la USB para concertar estos intercambios.

Una selección que además resulta irónica teniendo en cuenta que diversos voceros de la Universidad de Sartenejas, se cuentan entre quienes reiteradamente han acusado al gobierno bolivariano de tratar de imponer un modelo educativo ideologizante para manipular las mentes de la juventud venezolana.

REFERENCIAS

[1] Publicado en “Aporrea” en la siguiente dirección: http://www.aporrea.org/trabajadores/a59113.html

[2] Fuente: Guerra Gómez, Manuel (1996). “Los nuevos movimientos religiosos” (2ª ed.). España: Ediciones Universidad de Navarra. (Págs. 156-167).

[3] Algunos Sermones de Moon y una versión electrónica del libro “Aspectos Básicos del Pensamiento de la Unificación” (2002), editado por el Instituto del Pensamiento de la Unificación de la Universidad Sun Moon de Corea, pueden ser consultados en la siguiente dirección: http://www.fedefamilias.org/

[4] Fuente: Marquis, Christopher (2000, Mayo16). “The Unification Church‘s News Affiliate Buys U.P.I.”. En el Diario “The New York Times”. Versión electrónica disponible en: http://query.nytimes.com/gst/fullpage.html?res=940CEFD9113BF935A25756C0A9669C8B63

[5] Fuentes: (a) Sales, F. (1988, Junio 26).Empresas de dietética alimentan en España a la secta del reverendo Moon”. Diario “El País”, España. Versión digital disponible en: http://www.elpais.com/articulo/espana/MOON/Empresas/dietetica/alimentan/Espana/secta/reverendo/Moon/elpepiesp/19880621elpepinac_20/Tes/

(b) “S&T Dynamics Co. Ltd. Company Description” (2008, Junio 30). En “BusinessWeek” [Revista Electrónica]. Disponible: http://investing.businessweek.com/research/stocks/snapshot/snapshot_article.asp?symbol=003570

[6] Fuente: Fisher, Marc y Leen, Jeff (1997, Noviembre 24). “Stymied in U.S., Moon’s Church Sounds a Retreat”. En “Washington Post”, Pág. A01. Disponible: http://www.washingtonpost.com/wp-srv/national/longterm/cult/unification/part2.htm

[7] Fuente: Rodríguez, Pepe (1997). El Poder de las Sectas (3ª reimpresión). España: Grupo Zeta. (Págs. 349-354).

[8] Una descripción de la red de instituciones educativas manejadas por la Iglesia de la Unificación puede verse en el sitio electrónico “Rev. Sun Myung Moon: Una vida de amor a Dios y a la Humanidad” en la siguiente dirección: http://www.sunmyungmoon.com.ar/educ.html

[9] El sitio electrónico de la “Federación de Familias Pro Paz Mundial y Unificación” puede ser consultado en la siguiente dirección: http://www.fedefamilias.org/

[10] Fuentes: (a) Universidad Simón Bolívar (2005, Junio). “Informe Trimestral Acerca de la Marcha de la Universidad. Julio – Septiembre 2004″. Versión electrónica disponible en: www.usb.ve/conocer/pdf/informe_abr_jun_04.pdf

(b) González R., Marino (2007, Enero 31).Una visión práctica de las implicaciones de la Ley: Actividades y proyectos que permiten convertir los aportes exigidos por la LOCTI en inversiones rentables para las empresas”. Comité de Gestión para el Desarrollo de la Ciencia, Tecnología e Innovación de la USB. Versión electrónica disponible en: www.cavedatos.org.ve/download/cdt_434.pdf

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SECTAS, UNIVERSIDADES E IDEOLOGIZACIÓN

El caso Soka Gakkai de Venezuela

Gustavo Fernández Colón

¿Cuál es la lucha

de los hombres

para lograr la paz?

¿Y cuál paz?

Si quieren dejar

al mundo como está

Alí Primera

El recordado filósofo venezolano Ludovico Silva (2006) resumió en dos palabras la función política de la ideología: Justificar y encubrir las formas de explotación imperantes en una formación socio-económica determinada. Las clases dominantes buscan siempre imponer las ideas, creencias y actitudes más favorables a sus intereses materiales, a través de las instituciones modeladoras de la conciencia: religiones, escuelas y universidades, medios de comunicación social, etc. De esta manera, los explotadores intentan influir en la manera de pensar de los explotados para que éstos acepten como natural y legítimo su sometimiento y no lo perciban como lo que realmente es: una situación histórica, arbitraria e injusta, que puede ser transformada gracias a la acción consciente de las clases populares organizadas.

IkedaHace poco la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela publicó un libro que ejemplifica las estrategias típicas de las que suele valerse la derecha internacional para justificar y encubrir los desmanes causados, a escala planetaria, por el capitalismo globalizado. Me refiero al libro Por la Paz, Siete Caminos hacia la Armonía Global, escrito por Daisaku Ikeda, líder de la secta [1] budista japonesa Soka Gakkai.

En vista de las reacciones provocadas por mi último artículo sobre este tema (Fernández Colón, 2008, Mayo 25; 2008, Mayo 27) entre algunos seguidores de esta agrupación que me han hecho llegar sus críticas a través de correos electrónicos y cartas de réplica enviadas a los medios donde apareció mi trabajo (Del Río, 2008, Junio 08; 2008, Junio 09), y teniendo en cuenta las evidencias públicas y notorias acerca de la creciente influencia de esta organización en nuestras Universidades Nacionales y en los más altos niveles de algunos ministerios del gobierno nacional, considero oportuno formular algunas consideraciones acerca de las implicaciones de la ideología político-religiosa contenida en el libro editado recientemente por la UCV en alianza con la organización Soka Gakkai Internacional.

Pero antes de exponer mis observaciones acerca del texto mencionado, quiero dejar constancia de mi respeto por las antiquísimas tradiciones filosóficas y espirituales japonesas y asiáticas, entre las cuales el budismo, en sus distintas vertientes, ha hecho aportes significativos al pensamiento contemporáneo, como lo testimonia el prestigio alcanzado en Occidente por la obra de los filósofos de la llamada Escuela de Kioto [2], conformada por Kitaro Nishida [1870-1945], Hajime Tanabe [1885-1962], Hosekei Hisamatsu [1889-1980] y Keiji Nishitani [1900-1990], entre otros [3]. También quiero dejar sentado mi pleno reconocimiento al derecho que tiene todo ser humano de profesar la fe religiosa de su preferencia, siempre y cuando lo haga respetando el derecho a la libertad de pensamiento de los demás. No es mi intención cuestionar aquí la libre decisión de los seguidores de la organización SGI o de cualquier otra agrupación religiosa de practicar su fe. Sólo deseo hacer un llamado de atención a las autoridades educativas de nuestro país, acerca del hecho de que una organización religiosa estrechamente vinculada a un proyecto político de extrema derecha, pueda valerse de los recursos materiales y humanos de diversas instituciones educativas del Estado venezolano para hacer proselitismo religioso y promover una ideología conceptualmente adversa a los valores de la democracia, el socialismo y la soberanía que animan a la Revolución Bolivariana.

LA HISTORIA DE LA SOKA GAKKAI

De acuerdo con la historiadora japonesa Tomoko Asomura, autora del libro Historia política y diplomática del Japón Moderno, algunos movimientos religiosos del Japón contemporáneo “como Souka-gakkai, Rissho-kouseikkai y algunos otros basados en las enseñanzas del Nichiren (…) se conocieron históricamente como los grupos budistas más activos y agresivos. Estos grupos budistas de reciente data, comparativamente, también actúan fuera de Japón y tienen seguidores no sólo entre los japoneses, sino también entre los extranjeros. El Souka-gakkai creó su propio partido y recientemente se unió con otros partidos conservadores. Este partido se ha convertido, en la actualidad, en una de las organizaciones políticas más influyentes de Japón.” (1997: 30).

El partido político al que se refiere la profesora Asomura es el Komeito, fundado por Daisaku Ikeda en 1964 y rebautizado en 1998 como Nuevo Komeito (New Komeito Party, 2008 ). Pero antes de examinar la orientación política de esta organización, vale la pena puntualizar algunos detalles históricos sobre el origen de la Soka Gakkai. Esta agrupación religiosa conformada por laicos fue creada en 1930 por el maestro de escuela Tsunetsaburo Makiguchi [1871-1944], como resultado de una división suscitada al interior de la secta Nichiren, fundada en el siglo XIII por un monje del mismo nombre.

Siguiendo una vez más a la profesora Asomura, vale la pena señalar que “la secta Nichiren, como una versión japonesa del budismo, jugó un papel decisivo en la formación del japonismo o nacionalismo japonés que propugnaba la unidad espiritual y política [de la nación].” (1997: 34).

Respecto a la doctrina predicada por el monje Nichiren [1222-1282], el especialista británico Ernest Wood caracterizó a este fundador como un “entusiasta patriota”, empeñado en que el gobierno de su país suprimiera a las otras sectas budistas. Con este propósito, Nichiren las denunció enérgicamente en estos términos: “La secta jôdô es el infierno, el zen es el demonio, el shingon ocasionará el colapso nacional y ritzu es un enemigo del país” (1980: 113).

Varios estudiosos del tema (Gardini, 1995; Ravignant, 1978 ) han señalado que el intenso nacionalismo de Nichiren llevó a su secta a preconizar la formación de un imperio búdico terrenal que, con centro en el Japón, debería extenderse al mundo entero con el fin de “llevar la paz” a todos los seres.

Estos antecedentes ideológicos seguramente contribuyeron a la conformación del nacionalismo religioso y el afán expansionista que animan a la Soka Gakkai Internacional. En efecto, en un lapso de siete décadas la SGI dejó de ser un grupo conformado por un puñado de maestros en 1930, hasta convertirse en la actualidad, según suelen proclamarlo sus promotores, en una “ONG” con doce millones de adeptos ubicados en ciento noventa países del mundo (¿Qué es la SGI?, s.f.).

EL PARTIDO NUEVO KOMEITO

Los seguidores de la Soka Gakkai que me han hecho llegar sus observaciones, sostienen que la suya es una organización completamente apolítica, que la actuación pública del Partido Nuevo Komeito nada tiene que ver con las actividades humanitarias y las creencias religiosas del grupo y que la doctrina de su maestro Daisaku Ikeda es totalmente ajena a consideraciones de carácter político-partidista (Del Río, 2008 ). Sin embargo, un examen objetivo de los escritos y las declaraciones del Sr. Ikeda revela que, más allá de sus recurrentes campañas publicitarias a favor de la paz mundial y sus numerosas entrevistas con mandatarios de tendencias tan disímiles como por ejemplo Margaret Thatcher o Fidel Castro, es posible discernir en su discurso una posición política claramente favorable a los intereses del capitalismo globalizado, una ideología de extrema derecha inspirada en el mesianismo nacionalista del budismo Nichiren y un pensamiento perfectamente coherente con la línea ultra-liberal y pro-imperialista que ha caracterizado al Nuevo Komeito desde su llegada al poder en 1999, tras aliarse con el gobernante Partido Liberal Democrático de Japón.

En una entrevista concedida al periódico Seikyo Shimbun en diciembre de 2001, el Sr. Ikeda no sólo admitió la estrecha relación existente entre la Soka Gakkai y el Partido Nuevo Komeito, sino que además manifestó su disgusto ante las críticas recibidas por propiciar esta imbricación de política y religión, y reiteró su propósito de ejercer una estricta vigilancia sobre la política japonesa. En sus propias palabras:

“Los que participan en actividades políticas sobre la base de sus creencias y principios religiosos no están violando la Constitución japonesa; tampoco la está violando la relación entre la Soka Gakkai y el Nuevo Komeito. Este tema ha sido tratado en el parlamento y se ha llegado, una y otra vez, a que es constitucional. Una vez que esas actividades se aceptan como válidas, el problema real es que las personas que critican el vínculo entre la Soka Gakkai y el Nuevo Komeito lo atribuyen a una cuestión entre la iglesia y el estado con fines meramente políticos. El hecho de que estas personas, por conveniencia política, exploten asuntos que tienen relación directa con los derechos de los ciudadanos comunes es particularmente ofensivo. En todo caso, sigue siendo imprescindible que continuemos ejerciendo una estricta vigilancia sobre la política japonesa desde la estratégica posición que tenemos como ciudadanos comunes.” (El camino hacia un siglo de paz, 2001).

Entre las actuaciones del Nuevo Komeito en el Parlamento Japonés tras su alianza con el Partido Liberal Democrático, que pueden señalarse como ilustrativas del ultraliberalismo económico y el pro-imperialismo belicista antes mencionados, podemos destacar su firme respaldo a: 1) la privatización del sistema nacional de correo para favorecer el acceso de agentes económicos estadounidenses a los cientos de miles de millones de dólares acumulados en este sistema (Román Zavala, 2005); 2) la privatización del sistema público de pensiones (70% de japoneses se oponen, 2007); 3) el envío de tropas de autodefensa y fuerzas aéreas japonesas a Irak, recientemente declarado inconstitucional por el Tribunal Superior de Nagoya (Un tribunal declara inconstitucional, 2008 ); y 4) el envío de misiones navales de apoyo a las operaciones militares estadounidenses en Afganistán (Japón reanuda misión naval, 2008 ).

Dado que la Constitución japonesa, aprobada por las fuerzas de ocupación estadounidenses tras la II Guerra Mundial, prohíbe que Japón participe en conflictos armados, la coalición gobernante justificó el envío de tropas a Irak afirmando que se trataba de una “misión humanitaria”. Asimismo, en el año 2004, el primer ministro Junichiro Koizumi defendió esta iniciativa alegando que Japón nunca obtendría un “puesto de honor” en el mundo si no arriesgaba las vidas de sus militares en el extranjero para contribuir a la seguridad global (Tropas japonesas rumbo a Irak, 2004). No obstante, el juez que acordó declarar, en abril de 2008, la inconstitucionalidad de esta medida, estimó que los soldados japoneses no habían sido enviados a Irak para cumplir una “misión humanitaria” sino para participar en un acto bélico (Un tribunal declara inconstitucional, 2008).

Al momento de tomar estas decisiones, la coalición del PLD y el Nuevo Komeito ha tenido que enfrentarse a la férrea oposición del Partido Comunista, el Partido Social Demócrata y el Partido Demócrata de Japón, así como a una opinión pública crecientemente adversa. La impopularidad de sus políticas ultra-liberales y belicistas y una serie de escándalos por casos de corrupción, trajeron como consecuencia la pérdida de la mayoría detentada en la Cámara del Senado por el PLD y el Nuevo Komeito, en las elecciones parlamentarias de julio de 2007. Sin embargo, la coalición conserva todavía la mayoría en la Cámara de Diputados, lo que le ha permitido mantenerse en el poder tras el reemplazo del primer ministro Shinzo Abe por su copartidario del PLD Yasuo Fukuda, en septiembre del año pasado (Histórica derrota electoral, 2007).

DINERO, POLÍTICA Y RELIGIÓN

En nuestro artículo anterior (Fernández Colón, 2008, Mayo 27), mencionamos una serie de escándalos y pleitos judiciales en los cuales se han visto involucrados tanto la Soka Gakkai como el Partido Komeito en las últimas décadas. Con base en informaciones publicadas por el diario New York Times y la Revista Time, hicimos referencia al juicio en el que la Soka Gakkai fue declarada culpable por el espionaje telefónico de la casa del Presidente del Partido Comunista Japonés; las acusaciones por la persecución de detractores y el sabotaje a la publicación de libros donde se critica a la organización; la quema de templos de sectas budistas rivales y una transacción presuntamente ilegal mediante la cual la empresa Mitsubishi entregó una cuantiosa suma a la Soka Gakkai para la compra de dos pinturas de Renoir, entre otros incidentes [4] (Sterngold, 1991; Desmond y Kunii, 1995; French, 1999).

Mis críticos han señalado que se trata de informaciones “contaminadas” y que la Soka Gakkai ha resultado absuelta de todas las acusaciones mencionadas en estas publicaciones estadounidenses. En todo caso, quiero dejar sentado que el objetivo de mis consideraciones no ha sido demostrar la culpabilidad o la inocencia de la organización en cada uno de estos juicios o escándalos, ni comprobar la verdad o la falsedad de sus creencias religiosas. Mi propósito, en cambio, ha sido examinar documentalmente la articulación de su ideología con el contexto político y económico en el cual se ha desenvuelto.

Desde este punto de vista, nuestro análisis nos ha permitido concluir que hay evidencias suficientes para presumir que existe una estrecha relación entre el movimiento religioso Soka Gakkai y el partido político Nuevo Komeito, que tanto la secta como el partido comparten una ideología derechista y que ambos han adversado sistemáticamente a las organizaciones políticas de la izquierda japonesa. Por otra parte, hay también indicios que hacen plausible la hipótesis de una conexión orgánica entre la SGI e importantes corporaciones económicas de Japón, como se desprende de uno de los incidentes antes mencionados y algunos casos de corrupción en los que se vieron involucrados el Presidente y otros miembros del Komeito, integrantes del Parlamento, acusados de venta de favores a las empresas Meidenko y Recruit en 1989 [5] (El escándalo de Recruit, 1989).

LA PENETRACIÓN DE LAS UNIVERSIDADES

En su libro El Poder de las Sectas, escrito en el marco de las investigaciones de la Comisión Parlamentaria para el Estudio de las Sectas en España entre 1988 y 1989, el periodista y docente de la Universidad Autónoma de Barcelona, Pepe Rodríguez, señaló:

“A diferencia de Japón, donde la secta se desarrolló y adquirió su poder actual gracias a los estamentos sociales más bajos, en occidente sus miras están puestas en captar a personas con la mayor inteligencia y/o dinero posible, para formar una elite de influencia a favor de las directrices de Soka Gakkai (…) Los campos de acción preferidos para alcanzar su propósito, tanto en España como en los diversos países en los que se ha establecido, son el de la administración y el de la docencia (particularmente en las universidades [sic.]). De ambos hay una buena representación entre sus adeptos españoles. En España, en 1983, el propio Daisaku Ikeda realizó una notable campaña de relaciones públicas. Durante la misma, Ikeda se entrevistó con Javier Solana, entonces ministro de Cultura, y donó un millar de libros editados en Japón a la Universidad Complutense.” (1997: 359-360).

La reciente publicación del libro Por la paz. Siete caminos hacia la armonía global de Daisaku Ikeda, por las Ediciones de la Biblioteca de la UCV, es apenas un indicio de la creciente influencia lograda por la SGI, durante sus más de tres décadas de estadía en Venezuela, dentro de las universidades públicas y privadas del país. La presentación del libro se llevó a cabo el pasado 24 de mayo en la sede de la agrupación en Caracas, y en el acto intervino como orador de orden el Editor Jefe de las Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela (Presentado Por la Paz, s.f.). Asimismo, en enero de 2005, la SGI conmemoró su trigésimo aniversario con un concierto en el Aula Magna de la UCV, entre cuyos asistentes se encontraban varios funcionarios gubernamentales y docentes universitarios (La banda local El Cuarteto, 200UGMA5). La exposición fotográfica Gandhi, King, Ikeda: Un legado para la construcción de la paz”, promovida por la SGI y la Universidad Morehouse de los Estados Unidos, se ha exhibido en años recientes en varias universidades nacionales, con el patrocinio del Ministerio de Educación Superior. En el marco de estas presentaciones, las autoridades de distintas casas de estudios superiores otorgaron condecoraciones al Sr. Ikeda (a través de su representante en Caracas) por sus méritos como educador y promotor internacional de la paz (En el Vicerrectorado Académico, 2007; La Universidad de Carabobo, 2005). Vistas estas circunstancias, un análisis pormenorizado del contenido del libro publicado por la UCV constituye una tarea de gran interés, a la cual le dedicaremos los párrafos siguientes.

LA IDEOLOGÍA DE DAISAKU IKEDA

Para facilitar la comprensión de nuestro análisis de la obra de Ikeda, trataremos uno por uno los tópicos que en nuestra opinión resultan determinantes en la conformación de su ideología político-religiosa. Utilizaremos varias citas textuales para ejemplificar cada uno de los puntos básicos de su doctrina, todas provenientes de su libro Por la paz. Siete caminos hacia la armonía global (2008).

Anti-socialismo y anti-comunismo

Uno de los ejes temáticos más resaltantes del pensamiento de Ikeda lo constituyen sus recurrentes ataques contra el socialismo, el comunismo y el pensamiento marxista en general. El autor se siente esperanzado en el porvenir de la humanidad gracias a la caída del socialismo real e identifica explícitamente a la revolución bolchevique con el terrorismo. En sus propias palabras:

“…si observamos el mundo de hoy con mayor detenimiento, encontraremos razones para sentirnos optimistas en cuanto a la capacidad para el cambio que posee la especie humana. Tal es el caso del surgimiento del “poder moderado” que proviene del conocimiento y la pericia, en contraste con el “poder duro” que proviene de la fuerza militar (…) Otro ejemplo fue el que el bolchevismo se haya disuelto sin un sangriento holocausto, a pesar de que sus orígenes estuvieran enmarcados en la violencia y el terrorismo.” (Ikeda, 2008: 31).

En un contexto internacional signado por la controversial “lucha contra el terrorismo” declarada por el gobierno de los Estados Unidos para justificar sus intervenciones militares en el Medio Oriente, América Latina y otras regiones del mundo, una afirmación como la anterior mediante la cual se califica a la Revolución Rusa como un movimiento terrorista, ubica a su autor en una línea argumental coincidente con la de las campañas propagandísticas, promovidas por las potencias capitalistas, para criminalizar a todos los movimientos antiimperialistas y de liberación nacional surgidos desde principios del siglo XX hasta el presente (véase también ibid.: 40).

Los calificativos empleados por Ikeda para expresar su valoración tajantemente negativa del socialismo son reveladores. Además de asociarlo con la “violencia” y el “terrorismo”, en su libro abundan los pasajes donde lo califica como un movimiento político: “irrazonable”, “cruel”, “horrendo”, “fanático”, “pesadillesco”, etc. A continuación cito tres fragmentos ilustrativos de esta clase de afirmaciones:

“El derrumbe de la sociedad socialista que el mundo presenció en los últimos años es testimonio del fracaso en que acabó este intento irrazonable, y la desolación espiritual que se reveló, una vez que cayeron los disfraces de la ideología, demostró con horrenda claridad la cruel destrucción que el ‘espíritu abstracto’ inflige al corazón del hombre” (ibid.: 41).

“Ciertas ideologías como el comunismo moldearon una clase de personalidad muy especial, que proliferó en cantidades asombrosas: ideólogos superficiales, intolerantes, arrogantes y fanáticos.” (ibid.: 69).

“La ex Unión Soviética fue terreno de experimentación para las férreas zarpas del Bolchevismo, que fue la muestra más pesadillesca del pensamiento historicista” (ibid.: 195).

Contra el estado y a favor del individuo

Su prurito anti-socialista y anti-marxista concuerda plenamente con su animadversión hacia el estado y su exaltación de la iniciativa individual (el individuo capaz de “crear valor”). En esto coincide de lleno con las ideas clásicas del liberalismo y sus derivaciones contemporáneas defensoras de la globalización neoliberal:

“El factor decisivo y protagónico en la creación de la cultura es el individuo…” (ibid. 128). “En la medida que se vaya desarrollando el papel y la responsabilidad de los individuos, como protagonistas que configuran la historia, será cada vez más esencial que aprendamos a vivir como ciudadanos activos y creativos, conscientes de nuestra responsabilidad con la historia y dispuestos a trabajar para cumplirla” (ibid.: 34).

En su opinión, las sociedades humanas están obligadas a avanzar por un camino que conducirá, tarde o temprano, a la desaparición de los estados y las soberanías nacionales, hasta arribar a una situación donde los individuos formen parte de una sociedad civil planetaria gobernada básicamente por instituciones globales:

“La cultura define las comunidades, pero ya existen entidades de mayor peso que ejercen una poderosa influencia sobre el planeta. Debe transformarse también el papel de las naciones. Por incierto que sea nuestro avance hacia un mundo menos centrado en las naciones-estado, la realidad es que cuanta menos importancia se dé a los estados, más importancia podrá dársele a la gente.” (ibid.: 33).

Como puede observarse, el individualismo y el anti-estatismo preconizados por Ikeda son conceptos que se corresponden perfectamente con las medidas neoliberales de privatización de los servicios de seguridad social impulsadas por el Nuevo Komeito, desde su arribo al poder en 1999 en alianza con el Partido Liberal Democrático de Japón.

Estados Unidos: la gran esperanza de la “paz global”

Así como los estados socialistas han resultado, en su opinión, la expresión más pesadillesca de la violencia y el terrorismo, hay en cambio una sociedad que representa para Ikeda el más elevado modelo de libertad, justicia e igualdad de la era moderna y la mayor garantía para el logro de la “paz global”. Se trata de los Estados Unidos de Norteamérica:

“Los Estados Unidos representan una sociedad global en miniatura y presagia para bien o para mal, la humanidad del mañana… A pesar de las dificultades, el que se haya mantenido la existencia de esta nación y que sea una tierra de juvenil energía, libertad, democracia e igualdad ofrece grandes esperanzas en cuanto a que sí se puede lograr la paz global.” (ibid.: 97-98).

Incluso la guerra de independencia estadounidense es valorada como la única “revolución” positiva de la historia moderna -al contrario de la francesa y la rusa-, por haberse inspirado en la virtud del “autocontrol” individual exaltada por el maestro japonés como el fin supremo de la vida espiritual del ser humano:

“La Revolución Estadounidense sin la cual la democracia norteamericana hubiese sido imposible, es uno de los ejemplos más resaltantes; las capacidades de autocontrol, equilibrio y autorregulación que según he dicho son indispensables para la manifestación del espíritu como fuerza positiva, produjeron tendencias diferentes a las que se observaron en las revoluciones francesa y rusa.” (ibid.: 65-66).

Es significativo el silencio que el autor guarda respecto a los conflictos internos y guerras internacionales protagonizadas por los Estados Unidos desde su independencia (la Guerra de Secesión, la Guerra contra México, la Guerra contra España, la Segunda Guerra Mundial –incluidas las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki-, Corea, Vietnam, Irak, Afganistán, etc.). ¿O será que el Sr. Ikeda piensa que las únicas guerras positivas son las llamadas “misiones humanitarias” llevadas a cabo por los Estados Unidos y que, en cambio, las guerras “malignas” son sólo aquellas en las que por desgracia participan los países del tercer mundo –casi siempre forzados por las agresiones de potencias imperialistas que gustan autoproclamarse como “garantes de la paz mundial”-?

La ecuación del siglo XXI: capitalismo + religión = paz

Desde nuestra perspectiva analítica, la frase de Ikeda que mejor define el trasfondo ideológico de su libro es la siguiente: “la raíz del problema no está en el capitalismo en sí” (ibid.: 89).

Para el máximo líder de la Soka Gakkai, los grandes desafíos del mundo contemporáneo –una vez solucionado el problema del “bolchevismo” con el derrumbe de la URSS- como son el hambre, las guerras y la devastación ecológica, nada tienen que ver con la lógica intrínseca del sistema capitalista. La crisis por la que atraviesa el casino global no se resolverá, en consecuencia, transformando “externamente” las instituciones que rigen el funcionamiento del orden social, económico y político imperante; sino propiciando el surgimiento, en la conciencia de cada individuo, de un sistema de valores universales que faciliten la convivencia pacífica entre todas las naciones. Pero, ¿cuál puede ser el fundamento de este sistema universal de valores morales, en una época en la cual la ciencia y la filosofía se encuentran atrapadas en el callejón sin salida del relativismo? El fundamento no puede ser otro que la religión. En palabras de Ikeda:

“Dejando a un lado los sistemas políticos, ¿qué es lo que puede forjar a seres humanos confiables, no-violentos y puros de corazón? La construcción de una paz duradera dependerá de la cantidad de personas capaces de autocontrol que puedan formarse a través de una práctica religiosa.” (ibid.: 42-43).

Los males que aquejan al ser humano contemporáneo nada tienen que ver, por ende, con las estructuras de explotación social, devastación ecológica y guerra por el control de los recursos naturales en las que se sustenta el funcionamiento del capitalismo global. La raíz del mal son los cuatro demonios o “cuatro estados inferiores Infierno, Hambre, Animalidad e Ira” (ibid.: 43), que sólo se autocontrolan o apaciguan “cuando la parte racional gobierna y la irascible obedece” (ibid.: 47).

Apoyándose en una interpretación sui generis de Platón, Ikeda sostiene que así como en el ámbito individual la razón debe hacer obedecer a la ira y la concupiscencia para alcanzar la salud y la armonía del alma; en la esfera política, cuando predomina “la búsqueda insaciable de la libertad, la democracia nutre una gran cantidad de deseos que gradual e insidiosamente ‘se apoderan de la ciudadela del alma juvenil’ y la conducen al camino de la vanidad.” (ibid.: 45). Cuando las libertades democráticas conducen a este estado de desbordamiento generalizado de los deseos y pasiones, “la situación se vuelve incontrolable y se busca un líder para que instaure el orden” (ibid.: 45).

Mediante esta tendenciosa mezcolanza de budismo y platonismo, el Sr. Ikeda deja la mesa servida para justificar la instauración de un fascismo planetario que vendría a poner orden en el caos contemporáneo, mediante la implantación de un sistema universal de valores morales suministrado por una nueva religión mundial. ¿Se imaginan ustedes quién podría ser el maestro espiritual más indicado para liderarla?

Los obstáculos para la paz: las identidades nacionales y la causa árabe

Con el derrumbe del socialismo real, la interpretación marxista de la historia basada en el papel crucial de la lucha de clases en las transformaciones políticas y sociales, según Ikeda, “se ha venido abajo” (39). Tras la caída del Muro de Berlín, la explotación del trabajo por el capital ya no puede ser aducida como causa de la pobreza y las enormes desigualdades, que cada día se agudizan más a escala planetaria. La lucha para solucionar el problema del hambre en el mundo sólo tendrá éxito mediante “los esfuerzos internos que hagan los países más pobres para desarrollarse” y la educación de la población para el control de la natalidad (ibid.: 179).

Tampoco la crisis ecológica que amenaza con llevar a la extinción a la especie humana parece tener nada que ver con la lógica depredadora del capital transnacional y el consumismo desmedido de las naciones opulentas. La única razón que ofrece Ikeda para explicar la destrucción acelerada del medio ambiente, es que ésta es el resultado de la explosión demográfica de los “asentamientos pobres”, que “en su lucha por la supervivencia y en su fortuita búsqueda de energía (…) talan y queman imprudentemente recursos forestales, provocando la destrucción de los bosques.” (ibid.: 178)”. Como se ve, un típico argumento de culpabilización de las víctimas.

Tras decretar la extinción del socialismo y la anulación teórica del marxismo, el maestro japonés dictamina que “la raíz del problema no está en el capitalismo en sí” (ibid.: 89), pues la enfermedad que aqueja a la humanidad es otra: el apego de los pueblos del tercer mundo a las identidades étnicas y las identidades nacionales. En sus propias palabras:

“…luego de que la Revolución Rusa fallara en sus intentos por disparar una revolución mundial a pesar de las predicciones de Lenin y otros, esta esperanza de que las diferencias raciales y nacionales se sumergieran en las luchas de clases llegó a desvanecerse con el paso de los años y ha desaparecido sin dejar huellas.” (155).

“En un mundo donde la identidad étnica y nacional ha dado origen a una violencia tan cruda, es imperioso efectuar una revisión tajante de nuestras ideas al respecto (…) Esto se debe a que conceptos como el de ‘nación’ e ‘identidad étnica’ son, en gran parte, ficticios.” (105)

Pero sus críticas a las identidades étnicas y nacionales, por oponerse al avance de la globalización, no se detienen allí. También el concepto de soberanía nacional se revela ante su mirada escrutadora del futuro como una pasión enfermiza condenada a desaparecer. Factores como la lucha de las grandes potencias capitalistas por el control de los recursos naturales y las fuentes de energía, por ejemplo, jamás son mencionados por Ikeda al momento de examinar las causas de la conflictividad contemporánea. Sólo el apego irracional de los pueblos a las soberanías nacionales y los poderes estatales, es señalado como responsable de las guerras que obstaculizan el advenimiento de una nueva era de paz basada en el autocontrol individual:

“Innegablemente, los Estados soberanos y las cuestiones de soberanía nacional han sido los principales protagonistas de las guerras y de la violencia que sufrió el siglo XX… la transición de la soberanía nacional a la soberanía humana implica preguntarnos cómo desarrollar los recursos de la personalidad, para atemperar y encauzar valientemente los poderes sobrecogedores de la autoridad externa.” (ibid.: 160-161).

Entre los problemas contemporáneos relacionados con las identidades étnicas y nacionales, el caso al que mayor atención se presta en el libro es el de la “causa árabe”. Siguiendo a Benjamin Barber, Ikeda utiliza el término islámico “jihad” como sinónimo de los “particularismos” que es necesario vencer para hacer posible la formación de “ciudadanos con mentalidad globalista” (ibid.: 96). Reconoce también que frente a la violencia de los particularismos se alza el “Mc World”, la cultura consumista globalizada cuyos excesos deben ser moderados mediante la implantación de un sistema universal de principios éticos y religiosos.

Pero entre todos los “demonios” actuales adversarios de la “paz global”, aparte del “programa de desarrollo nuclear de Corea del Norte” (ibid.: 208), es la “causa árabe” la que resulta más preocupante para Ikeda, hasta el punto de justificar argumentalmente la ocupación militar estadounidense de Irak:

“Aquí no dispongo de lugar suficiente para analizar la causa árabe en detalle, (…) pero debemos tener mucho cuidado de comprender bien su naturaleza, pues en nombre de este llamamiento muchos seres humanos están sacrificando la vida.” (ibid.: 165).

“¿qué constituye una causa ‘justa’ para los árabes? El presidente iraquí Saddam Hussein vinculó la resolución de la cuestión Palestina con el retiro de Kuwait, en un intento de hacer que el problema entre Irak y Kuwait fuese parte de toda la cuestión árabe. Los Estados Unidos no admitieron esto y fue lo que, en definitiva, condujo al estallido de la guerra.” (ibid.: 165).

Esta clase de argumento es una muestra palpable de la función justificadora y encubridora de la dominación que cumple la ideología. Reduciendo las complejas circunstancias que condujeron a la ocupación militar de Irak por los Estados Unidos y sus aliados (entre ellos el gobierno japonés del que forma parte el Nuevo Komeito), Ikeda se limita a caracterizar este conflicto como una consecuencia de la manipulación de identidades étnico-religiosas. Por otra parte, silencia factores tan relevantes como el interés de las potencias industriales en apropiarse de las reservas petroleras del Medio Oriente, y omite indicios económicos tan significativos como la participación de la empresa Mitsubishi y otras corporaciones occidentales, en el reparto de la producción petrolera y el mercado automotriz irakí después de la caída de Saddam Hussein (Mitsubishi entra en el mercado de coches de Irak, 2004; Repsol y otras cinco operadoras, 2003).

Hacia la religión universal

El libro que nos ocupa hace referencia, repetidas veces, a la misión que se ha propuesto cumplir la organización Soka Gakkai Internacional para curar los males que aquejan a la civilización moderna:

“La SGI se halla dedicada a un movimiento budista para abrir las mentes y los corazones cerrados, raíz del ocaso que hoy padece nuestra civilización. La tarea de la SGI no se agota en el tratamiento de los síntomas superficiales que manifiesta esta enfermedad; por el contrario, implica la laboriosa misión de extraer de raíz sus mismísimas causas. Desde luego, es indispensable efectuar un tratamiento sintomático, para hacer frente a emergencias tales como la irrupción frecuente de luchas étnicas.” (82-83).

El antídoto prescrito para sanar a la humanidad de su apego enfermizo a las identidades étnicas y nacionales es el “transnacionalismo”, un “concepto clave para explicar y predecir la futura dirección de los asuntos mundiales” (ibid.: 83), acuñado por el antecesor de Ikeda en la presidencia de la SGI, el señor Josei Toda [1900-1958].

Pero para que el individuo pueda llegar a encarnar plenamente este transnacionalismo, es menester que su “yo en sentido restringido” se transforme en un “yo superior” (ibid.: 80-81), mediante la “práctica religiosa” (ibid.: 43) y la “persuasión moral” (ibid.: 91). Sólo así el individuo alcanzará el autocontrol o dominio de sí mismo que lo convertirá en un “ciudadano del mundo”, capaz de vivir independientemente “y no a merced de los demás” (ibid.: 55).

Un claro ejemplo de un individuo que alcanzó este estado de conciencia fue, según Ikeda, Leonardo Da Vinci:

“Su vida, en muchos aspectos, es la resultante de haber alcanzado el dominio de sí mismo. Totalmente libre e independiente, no sólo liberado de las ataduras de la religión y de la ética, sino también emancipado de lazos que pudiesen atarlo a una nación, a una familia, a amigos y a conocidos, Leonardo da Vinci fue un ciudadano del mundo, intocable e imposible de igualar.” (ibid.: 48).

Cuando Ikeda se refiere a la necesidad de liberarse de las “ataduras de la religión y de la ética”, alude a las identidades étnico-religiosas particulares y no al sistema de principios universales que él y su organización dicen encarnar y aspiran enseñar a la humanidad: “Nuestro objetivo no es otro que inculcar la ética propia de un ciudadano del mundo” (ibid.: 115).

En efecto, su diagnóstico de las dolencias que atentan contra la salud del capitalismo global desemboca, finalmente, en una propuesta terapéutica de carácter místico, basada en la creencia de que es posible sustituir las identidades particulares y transitorias por una identidad universal y eterna, basada en las enseñanzas del Sutra del Loto y las revelaciones recibidas por los maestros fundadores de la SGI:

“El Sutra del Loto contiene muchas escenas de hondo dramatismo, que muchos han desdeñado por creer que se trataba de una frondosa fantasía. Las dos revelaciones de Josei Toda, especialmente la segunda, concuerdan perfectamente con la propia lectura del Sutra del Loto que llevó a cabo Nichiren, y logran restituir a dicha lectura su profunda dimensión vital… Aunque se diferencien del tipo de hechos objetivos que registra la ciencia empírica, representan hechos psicológicos vivenciales y más importante aún, verdades religiosas universales. Los miembros de la SGI tomamos como punto de partida y como base de la identidad eterna e invariable de nuestro movimiento la epopeya de restauración cosmológica que se libró en el corazón del maestro Toda” (ibid.: 184-185).

Sin embargo, al examinar más a fondo el supuesto universalismo de esta “religión mundial” destinada a constituir “la piedra basal sobre la cual tendremos que erigir el globalismo del siglo XXI” (ibid.: 112-113); es posible detectar en ella las huellas de aquel viejo nacionalismo religioso proveniente de la prédica del monje Nichiren. De hecho, la pregunta que se formula Ikeda: “¿Cuáles son las condiciones necesarias que debe tener una ‘religión mundial’?” (ibid.: 112), sólo alcanza su respuesta más acabada a través de las siguientes afirmaciones:

“En japonés, existe el término kosei, que puede traducirse como ‘espíritu de equidad’ (…) Creo que es gracias a los grandes desafíos que el espíritu de equidad va dejando de ser el ethos de un pueblo para convertirse en un principio universal, fuerte como el acero, cálido como el Sol, vasto como el cielo.” (ibid.: 94).

La equidad a la que se refiere Ikeda debe ser interpretada en el marco de su exaltación del individuo, su Militaresrechazo al intervencionismo estatal y su valoración positiva de la competencia. Por ello prefiere hablar de equidad y no de justicia social, puesto que considera un error de las teorías revolucionarias del siglo XX haber creído que la justicia social era un requisito necesario para alcanzar la paz (ibid.: 37). En realidad su propósito, al hablar de equidad, es mitigar la contradicción que se presenta entre la supuesta universalidad de los principios éticos del “transnacionalismo”, y su aspiración particular de que el budismo nacionalista de la SGI juegue un papel protagónico en la construcción de la “religión mundial” del siglo XXI. En otras palabras, para poder competir a escala planetaria con el avasallante “Mc World” estadounidense, el “ethos japonés” debe hacer valer la legitimidad de su cuota en los mercados culturales del capitalismo globalizado:

“En la raíz de la competencia humanística, lo que palpita es la extensión de la influencia espiritual, es decir, una extensión de los logros culturales y de la persuasión moral que un país o un pueblo ejerce sobre el mundo. En términos actuales, esto sería como una expansión de la competitividad basada en el soft power” (ibid.: 91).

El soft power o “poder moderado” es ejercido a nivel mundial por la SGI a través del adoctrinamiento religioso, el “diálogo” realizado “con la intención de influir positivamente sobre los demás” (ibid.: 79) y la penetración ideológica en las instituciones de Educación Superior de los países donde la secta ha conseguido establecerse. De ahí su interés en promover un currículum educativo de alcance global, con base en los principios éticos y religiosos propugnados por la organización, y el intenso esfuerzo desplegado para ejercer su influencia en las oficinas gubernamentales de educación y en organismos multilaterales como la UNESCO y las Naciones Unidas:

“El mundo de hoy clama por una educación a escala global” (ibid. 101) “Sugiero además que sea creada una Constitución para los Ciudadanos del Mundo como base para su formación. Sería una constitución para la educación para la paz, que estaría coherentemente relacionada con los tópicos mencionados antes.” (ibid.: 196).

En otras palabras, el “poder moderado” es el medio utilizado por la SGI para llevar a cabo el sueño mesiánico y expansionista del monje Nichiren de instaurar un imperio búdico terrenal, tal y como lo revela esta proclama del Sr. Ikeda en el prefacio de su libro:

“¡Yo venceré la oscuridad, las fuerzas demoníacas de la destrucción! Para ello cuento con una fuerza impresionante de cerca de doce millones de seres humanos que, armados con la brillante fuerza del espíritu, están poderosamente comprometidos con la causa de una genuina paz duradera.” (ibid.: 18).

RECOMENDACIÓN FINAL

En la reseña del acto de celebración de los treinta años de la secta Soka Gakkai en Venezuela, publicada en la página web de esta organización, se puede leer:

“El doctor Héctor Navarro, profesor de la Universidad Central y ex ministro de Educación, elogió los esfuerzos que realiza la SGI para plantar las semillas de la paz a través de la educación, y afirmó que los últimos treinta años representan sólo el comienzo.” (La banda local El Cuarteto participa en las celebraciones de la SGI de Venezuela por el 30º aniversario de la SGI, 2005).

Ha sido pública y notoria la consecuente conducta revolucionaria demostrada por el Prof. Héctor Navarro en su desempeño como máxima autoridad del sistema de Educación Superior de la nación. Con todo, dada la nueva responsabilidad que recientemente ha asumido, esta vez como Ministro de Educación a cuyo cargo se encuentra toda la Educación Preescolar, Básica y Media del país, nos parece pertinente la convocatoria de un debate nacional sobre la conveniencia o no de la difusión de ideologías como la propagada por la SGI en el seno de las instituciones educativas venezolanas.

Las organizaciones políticas de la derecha nacional han lanzado reiterados ataques contra los planes de reforma de nuestro sistema educativo emprendidos por el gobierno bolivariano, acusándolo de pretender ideologizar a niños y jóvenes con doctrinas ajenas a la identidad nacional y otras patrañas por el estilo. Mi llamado va dirigido a que nos mantengamos alertas para evitar ser utilizados como instrumentos ciegos de los auténticos planes de ideologización y manipulación de nuestra población estudiantil, llevados a cabo por organizaciones nacionales o internacionales comprometidas con posiciones políticas de extrema derecha.

Notas

[1] Empleamos aquí el término “secta” en un sentido no peyorativo y apegado a sus raíces etimológicas. De acuerdo con la definición ofrecida por WIKIPEDIA: “El término proviene del latín secta: ‘sendero’, ‘método’, ‘modo de vida’, ‘partido político’, ‘escuela de filosofía’ (de donde viene sectator y sectatorios: ‘adherente’, ‘seguidor’) que viene de seqüi: ‘seguir’. Se han planteado dudas de que proviene del latín secare (cortar, separar). De secare provienen las palabras «insecto» y «sector». En ambos casos está presente la idea de separación.” (http://es.wikipedia.org/wiki/Secta).

[2] La Escuela de Kioto se inspiró en el zen, una corriente tradicional del budismo japonés distinta de la secta Nichiren y su retoño moderno la Soka Gakkai. El zen enseña que la iluminación o estado de budeidad sólo puede alcanzarse a través de la práctica de la meditación o atención consciente. En cambio, para el budismo Nichiren y la Soka Gakkai, sólo es posible acceder a ella a través de la recitación reiterada del Sutra del Loto y, más específicamente, del título de este texto doctrinal (Gardini, 1995; Wood, 1980).

[3] Mi reconocimiento al valor histórico y literario de la obra de estos intelectuales japoneses no significa que comparta sus concepciones filosóficas individualistas ni sus inclinaciones políticas fascistoides. Particularmente los pensadores de la Escuela de Kioto (algunos de ellos viajaron a Alemania para estudiar con Heidegger en la década de los treinta), fueron acusados de apoyar la reprochable actuación militar del gobierno japonés en la Guerra del Pacífico y la Segunda Guerra Mundial. A consecuencia de ello, fueron suspendidos de sus cátedras en la Universidad de Kioto durante las purgas ideológicas que tuvieron lugar tras la derrota de Japón y la ocupación estadounidense (Hiesing, 2003).

[4] En el reportaje titulado “El ascenso político de una secta genera preocupación en Japón”, publicado por el diario New York Times el 14 de noviembre se 1999, se lee: “Los miembros del grupo han utilizado incendios provocados y una amenaza de bomba contra templos budistas de grupos rivales. Soka Gakkai también ha tratado de bloquear la publicación de libros críticos, y fue declarado culpable de espionaje telefónico de la casa del líder del Partido Comunista. Un portavoz dijo que la amenaza de bomba y el incendio provocado fueron incidentes en los que participaron “personas con un historial de enfermedad mental” y negó que Soka Gakkai hubiese ordenado la violencia o el acoso.

Ikeda ha sido, casi constantemente, objeto de una amplia gama de denuncias que incluyen abusos financieros y sexuales, pero fue absuelto después de una única acusación formal en su contra por violar las leyes electorales en 1957. Cuando Yoshikatsu Takeiri, que dimitió como líder del Nuevo Komeito en 1986, publicó un revelador informe sobre el partido y el poder de Ikeda el año pasado, se convirtió en objeto de una amplia y prolongada campaña de ataques en el periódico del partido, Komei Shimbun, y en el Seikyo Shimbun, propiedad de la Soka Gakkai. Él había escrito abiertamente que “el Komeito estaba subordinado a la Soka Gakkai financiera y organizativamente.” (French, 1999) (Traducción del autor).

Original en ingles: “Members of the group have used arson and a bomb threat against temples of rival Buddhist groups. Soka Gakkai has also tried to block the publication of critical books, and it was convicted of wiretapping the house of the Communist Party leader. A spokesman said the bomb threat and arson incidents involved “individuals with histories of mental illness” and denied that Soka Gakkai had ever ordered violence or harassment.

Ikeda has been the almost constant subject of a wide range of allegations that include financial and sexual abuses, but he was acquitted after his one formal indictment, on charges of violating electoral laws in 1957. When Yoshikatsu Takeiri, who resigned as leader of New Komeito in 1986, published a revealing memoir about the party and Ikeda’s power last year, he became the object of a blistering and prolonged campaign of attacks in the party newspaper, Komei Shimbun, and in the Soka Gakkai-owned Seikyo Shimbun. He had written bluntly that “Komeito was subordinate to Soka Gakkai financially and organizationally.” (French, 1999)

[5] La nota de prensa en la que el diario El País de España reseñó en mayo de 1989 el “escándalo Recruit” indicó en aquel momento: “El presidente del segundo partido de la oposición, Komeito (Limpieza Política), de Japón, Junya Yano, presentó ayer su dimisión por sus responsabilidades en una serie de escándalos relacionados con la evasión de impuestos y como consecuencia de la implicación de miembros de su partido en otros escándalos políticos. Yano presentó su dimisión ante el comité ejecutivo del partido y la anunció personalmente momentos después en una conferencia de prensa televisada.

El presidente de Komeito renunció al cargo por sus conexiones con el escándalo Meidenko, compañía electrónica en la que dos ejecutivos relacionados con Yano evadieron impuestos años atrás, según pusieron de manifiesto la semana pasada las investigaciones policiales.

La decisión de Yano se produce un día después de la dimisión de otro miembro del mismo partido, Katsuya Ikeda, que dejó su escaño en la Dieta (Parlamento) acusado por sus conexiones con el escándalo Recruit, o venta de influencias políticas a cambio de acciones de un conglomerado de información laboral…” (El escándalo de Recruit, 1989).

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70% de japoneses se oponen a la participación de su país en la ilegal invasión a Irak (2007, Abril 06). En Avizora [Diario Electrónico]. Disponible: http://www.avizora.com/atajo/informes/japon_0001.htm

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UN BUDA QUE LANZA BOMBAS EN BAGDAD

Gustavo Fernández Colón

En su columna del domingo 25 de mayo en El Universal, el pseudo-filósofo y aspirante a ideólogo de la extrema derecha venezolana Emeterio Gómez, celebra la publicación del libro Por la Paz, Siete Caminos hacia la Armonía Global del “gurú” japonés Daisaku Ikeda, líder de la organización budista internacional Soka Gakkai.

Lo más llamativo del artículo no es la noticia de que un libro de espiritualidad de pacotilla como el mencionado se publique ni que Emeterio Gómez lo alabe, puesto que ya son ampliamente conocidos sus malos gustos esotéricos. Lo más relevante de su nota es el hecho de que el texto haya sido “bellamente editado por las Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela”. Lo que a fin de cuentas tampoco nos sorprende, puesto que hace tiempo que nuestras universidades autónomas se han convertido en meras cajas de resonancia de la pseudo-ciencia neoliberal y las fórmulas baratas para la felicidad de la literatura de autoayuda.

Pero, ¿quién es este “gurú” tan admirado por Emeterio Gómez y todo un rebaño de incautos universitarios? Daisaku Ikeda es un hábil predicador y político japonés que se autopromociona como benefactor de la humanidad y defensor de la paz mundial. A través de recurrentes campañas publicitarias, realizadas en diversos países con el patrocinio de empresas privadas, organismos públicos e instituciones universitarias, su organización se ha dado a la tarea de vender su imagen como la de un filósofo, pedagogo y maestro espiritual comparable a figuras de la talla moral de Mahatma Gandhi y Martin Luther King (la fuente de la fotografía es la publicación chilena  El Observatodo).

En realidad, Ikeda es el fundador y líder de la secta budista japonesa Soka Gakkai, hoy extendida a numerosos países del mundo (incluyendo a Venezuela) y fuertemente asentada, en el continente americano, en Estados Unidos y Panamá. Esta organización es la plataforma ideológica y religiosa de un movimiento fundamentalista ligado a poderosos intereses empresariales, cuyo brazo político en Japón es el Partido Nuevo Komeito.

El Nuevo Komeito ha llegado a convertirse, en años recientes, en el tercer partido político de Japón y ha formado parte del gobierno nipón en alianza con el también derechista Partido Liberal Democrático, que controla el país desde 1955. A pesar de proclamar a los cuatro vientos una supuesta filosofía pacifista, el Nuevo Komeito apoyó la participación de Japón en la ocupación militar de Irak promovida por los Estados Unidos.

En sus inicios, en la década de los sesenta, el Komeito se publicitó como un partido de centro-izquierda; sin embargo, su actuación pública ha sido la típica de un partido fundamentalista de extrema derecha. De acuerdo con el diario New York Times (1999, Noviembre 14), tanto la secta Soka Gakkai como su brazo político el partido Komeito, han sido acusados en reiteradas oportunidades por tráfico de influencias para el otorgamiento de contratos gubernamentales a sus partidarios, quema de templos de sectas rivales budistas y shintoístas, persecución y espionaje telefónico contra miembros del Partido Comunista Japonés y sabotaje a la distribución de los libros donde sus detractores han intentado denunciar sus abusos. Además, Daisaku Ikeda se ha visto envuelto en varios escándalos financieros, como el caso del millonario “donativo” recibido de manos de la empresa Mitsubishi para financiar sus labores de lobby “espiritual” ante el gobierno de Gorbachov; y ha sido objeto de denuncias por el abuso sexual de jovencitas reclutadas por su secta.

Vistos estos antecedentes, la publicación de esta clase de sub-literatura por la UCV y otros gestos antológicos como el otorgamiento de la Orden Alejo Zuloaga al “gurú” Daisaku Ikeda por las autoridades de la Universidad de Carabobo en 2005, no dejan de resultar irónicamente afines al caso de la difusión de los textos de otra  organización pseudo-religiosa por algunos entes gubernamentales venezolanos. Me refiero al incidente suscitado con los folletos de la Iglesia de la Cienciología o Dianética, fundada por el oficial de la Armada estadounidense Ronald Hubbard, presuntamente distribuidos por el Ministerio de Educación y la Guardia Nacional hace algunos años, gracias al lobby realizado por la relacionista pública de Dianética, la bella actriz Ruddy Rodríguez, en las más altas esferas del gobierno bolivariano.

Casos como los mencionados nos llevan a preguntarnos: ¿Qué sucede con las “clases educadas” de la sociedad venezolana que instituciones públicas de tanta trascendencia cultural como las Universidades Autónomas y el Ministerio de Educación han llegado a convertirse en canales de promoción de la ideología de organizaciones de lavado de cerebros como la Soka Gakkai o la Cienciología? ¿Será que tanto en las instituciones dirigidas por la oposición como en las controladas por el gobierno revolucionario han logrado arraigarse tan profundamente los tentáculos ideológicos de la más retorcida derecha internacional? ¿O es que nuestras autoridades académicas y gubernamentales no están conscientes de que estas pseudo-religiones de la nueva era, con sus recetas engañosas de felicidad individual, no son otra cosa que el software mental diseñado por el capitalismo globalizado para anestesiar la voluntad de los pueblos y convertirlos en consumidores apáticos y robotizados?

Tendríamos que preguntarnos también si es éticamente justificable que los recursos públicos administrados por nuestras universidades y ministerios se destinen a divulgar la propaganda ideológica de organizaciones multimillonarias como las mencionadas, mientras se mantiene inédita y se condena al olvido la producción intelectual de tantos científicos, pensadores y artistas venezolanos y latinoamericanos.

La libertad de pensamiento y la defensa de la diversidad de las ideas no pueden usarse como coartadas para legitimar las operaciones de penetración y parasitismo económico, que estas corporaciones transnacionales de alienación ideológica están llevando a cabo en las instituciones públicas encargadas de la formación de nuestras nuevas generaciones. La auténtica liberación material y espiritual de nuestro pueblo reclama la urgente democratización de las políticas culturales y editoriales implementadas por las universidades nacionales y por los organismos del Estado responsables de la Educación y la Cultura en Venezuela.

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CIENCIA, TÉCNICA Y CRISIS CIVILIZATORIA

Gustavo Fernández Colón

Los procesos de cambio por los que atraviesa en la actualidad el
capitalismo globalizado, no responden únicamente a las determinaciones
de las tradicionales crisis periódicas de un sistema económico cuyas
reglas de juego conducen, fatalmente, a la opulencia de una minoría y
a la miseria y la exclusión de las mayorías. Además de eso, hoy nos
enfrentamos a la irrupción de múltiples procesos de inestabilidad
sistémica que están poniendo en evidencia el agotamiento irreversible
del orden ecológico, tecnológico, económico, político, cultural y
militar impuesto por Occidente, desde el siglo XVI, a escala
planetaria. La sincronicidad de todos estos puntos de quiebre hace de
la actual encrucijada histórica una crisis multidimensional, que está
obligando a la especie en su conjunto a escoger entre la devastación
capitalista del hombre y de la Tierra o la construcción de una nueva
civilización ecosocialista (1) auténticamente sustentable, equitativa,
participativa, pacífica y plural.

La ciencia y la técnica no podían quedar al margen de esta mutación
civilizatoria. En efecto, también en el campo de los saberes
científico-técnicos la crisis de la modernidad ha tenido una de sus
expresiones más notables en el tránsito del paradigma mecánico-
causalista fundado por Descartes y Newton, al paradigma ecológico-
indeterminista inaugurado por la física relativista y la mecánica
cuántica (Bateson, 1980; Capra, 1982). En el ámbito de la filosofía y
las ciencias sociales, asistimos al derrumbe de la vieja ontología
esencialista fundada en las dicotomías del sujeto y el objeto, la res
cogitans y la res extensa, lo científico y lo ideológico, el atraso y
el progreso (Lanz, 1998; Vattimo, 1990), y presenciamos el
desbordamiento de la organización disciplinaria del conocimiento como
resultado de la irrupción de la problemática de la complejidad y la
necesidad de abordarla mediante métodos transdisciplinarios (Morin,
2001; Vilar, 1997).

En estas circunstancias, sociedad y cultura comienzan a ser
comprendidas, en su interioridad, como totalidades complejas, híbridas
y polivalentes (García Canclini, 1990, 1995; Maffesoli, 1990, 1997), y
en su exterioridad como sistemas abiertos en permanente interacción
con su contexto ecológico, sin que sea posible concebir su
configuración intrínseca desligándola de la dinámica de adaptación /
transformación que la enlaza constitutivamente con su entorno (Rosnay,
1977; Vitale, 1983).

Por otra parte, el énfasis de las ciencias humanas, desde su
constitución en el siglo XIX, en la dimensión técnico-económica de la
organización social, se ha venido desplazando hacia la dimensión
simbólica o, en otras palabras, hacia la cultura, en tanto que sistema
de producción e intercambio de significados compartidos; con lo que la
semiótica y la hermenéutica han entrado a disputarle a la economía
política su posición dominante en el estudio de los fenómenos sociales
(Lotman, 1996). Sin embargo, cabe estar precavidos frente a los
extremos idealistas o solipsistas en los que ha desembocado cierta
vertiente de la filosofía contemporánea para la cual “todo es
discurso”. Pues la dimensión crucial del actual viraje epistemológico,
no puede despacharse sin más como una sustitución del causalismo
materialista de la ciencia moderna por el relativismo interpretativo
de la llamada sensibilidad postmoderna, sino que nos impone la difícil
tarea de trascender los reduccionismos y las explicaciones cerradas y
concluyentes, y abrirnos con modestia al reconocimiento de la
multidimensionalidad, la intersubjetividad, la historicidad y la
incompletud de nuestro conocimiento de lo real.

En esa dirección, propuestas como las de Kuhn (1986) y Feyerabend
(1981) sobre el carácter no acumulativo del conocimiento en virtud de
las reiteradas mutaciones históricas sufridas por las reglas y
categorías adoptadas como universales por las comunidades científicas,
y alegatos como los de Marcuse (1964) y Foucault (1988, 2002) acerca
de las formas de dominación implícitas en la construcción social de
los discursos, las teorías y las tecnologías, evidencian que ha venido
ganando terreno el cuestionamiento a la objetividad y la neutralidad
ética de las prácticas científicas, no sólo en el terreno de las
ciencias sociales sino en el de las mismas ciencias naturales.

En el campo marxista, Gramsci ha sido tal vez el primero en formular
nítidamente esta ruptura con la gnoseología positivista cuando
escribió: “en realidad la ciencia es también una superestructura, una
ideología” (1997:63). Una vez hecha esta constatación, resulta lógico
reconsiderar la validez del principio determinista según el cual el
desarrollo de las fuerzas productivas, al entrar en contradicción con
las relaciones sociales de producción imperantes, es el principal
desencadenante de los procesos revolucionarios. Máxime en una
circunstancia histórica como la presente, donde las fuerzas
productivas resultantes de la innovación científico-tecnológica se
hallan cada vez más sometidas al control monopólico de las
corporaciones transnacionales y, en consecuencia, están siendo
modeladas permanentemente, desde su concepción hasta su aplicación,
por el propósito de sostener las relaciones de dominación económica,
política y militar imperantes. De ahí que, hoy más que nunca, cobren
vigencia las previsiones de pensadores como Herbert Marcuse (1964),
Murray Bookchin (1971), Fritz Schumacher (1973), Iván Ilich (1973) y
David Dickson (1977), para quienes los instrumentos técnicos diseñados
por las instituciones hegemónicas del capitalismo globalizado, tanto
con fines productivos como destructivos, no podrán ser integrados
dentro de un modo de producción alternativo sin que su adopción
reproduzca las mismas – o incluso peores – relaciones de dominación y
sin que la ideología materializada en su estructura y su
funcionamiento impida la maduración de un nuevo orden social
verdaderamente orientado a la liberación del hombre y la preservación
de la vida (2).

Si admitimos que los procesos de cambio revolucionario implican una
transformación profunda de la configuración de las relaciones sociales
(de producción y de otros órdenes de la vida colectiva) o, en el
lenguaje de Edgar Morin (1995), si admitimos que una revolución es un
proceso de morfogénesis del circuito metabólico que enlaza a la
infraestructura económica con la superestructura ideológica, se
comprende que las prácticas sociales de producción de los saberes
científicos y técnicos se modifiquen también, sustancialmente, a la
par con los cambios operados en la esfera económica, política y
cultural de la sociedad.

Cabe acotar que en modo alguno abogamos aquí por una filosofía ingenua
de retorno a las cavernas o una condena dogmática al legado científico-
técnico de la modernidad. Nuestro propósito es más bien llamar la
atención acerca del riesgo de naufragio que correría cualquier
proyecto socio-político alternativo al capitalismo, al dejarse
capturar por el círculo vicioso de la copia compulsiva de los
“avances” técnicos – tanto productivos como destructivos – de su
adversario, sin una evaluación permanente de sus efectos ecológicos,
sociales, políticos y culturales. No haber advertido este riesgo fue
una de las principales razones del fracaso del socialismo del siglo XX
o, más específicamente, de la implosión del socialismo real ensayado
en la Unión Soviética y la regresión del socialismo chino hacia las
formas más extremas del “capitalismo salvaje”. Pues tanto el colapso
soviético como la recolonización de China por el capitalismo
globalizado, son en gran medida el resultado de la opción de
enfrentarse a la dinámica envolvente de la Guerra Fría desde el mismo
marco epistémico de la modernidad industrial de su oponente. Fue así
como la competencia tecnológica y militar con las potencias
capitalistas de Occidente asfixió, hasta hacerlo perecer, el impulso
inicial en favor de la democratización radical de las decisiones
políticas y la gestión horizontal de las actividades económicas.

A la luz de estas consideraciones, la creencia acrítica en la
naturaleza universal y necesaria de las fuerzas productivas
desplegadas históricamente en el seno de las sociedades
industrializadas, así como la idea de que su adopción acelerada es un
requisito indispensable para la consolidación de cualquier proyecto de
transformación revolucionaria de las naciones “subdesarrolladas”,
constituyen ideologemas provenientes de la episteme moderna compartida
tanto por el positivismo (y sus derivaciones funcionalistas,
neopositivistas y estructuralistas) como por el marxismo pre-
gramsciano. En consecuencia, cualquier estrategia de desarrollo
científico-tecnológico edificada sobre estas bases, terminará
reproduciendo las formas de dominación imperantes hasta el presente en
las llamadas sociedades “periféricas” y, en consecuencia, jamás
llegará a ser una política auténticamente revolucionaria,
independientemente de que sus promotores crean estar promoviendo una
revolución.

Y es que la magnitud de la crisis ecológica gestada por el modelo de
desarrollo industrial adoptado en la actualidad por los tres mundos
(en el lenguaje de la Guerra Fría), obliga a cuestionar los
fundamentos mismos de la modernidad y su concepción del progreso,
entendido como explotación técnica de la naturaleza y del hombre a
escala planetaria. De ahí que el fomento de alternativas tecnológicas
de producción y consumo, basadas en el respeto a la diversidad
ecológica, los saberes locales tradicionales y la organización
cooperativa y autogestionaria de la acción económica, sean tareas
urgentes para quienes esperamos que los valores de la vida se impongan
sobre los antivalores de la muerte.

Otro flanco dramático del actual desarrollo prometeico de la técnica
es el de la inmensa potencia destructiva del arsenal de armas
biológicas, químicas y nucleares, que amenaza con borrar al hombre de
la faz de la tierra. Esto obliga a pensar en el riesgo que implica el
control excluyente que han venido ejerciendo los militares, los
gobiernos y las corporaciones del primer mundo, sobre la investigación
científica y tecnológica, hoy en día al servicio de la voluntad
destructiva del Imperio que pretende regir los destinos del mundo. Un
control que a fin de cuentas ha resultado ineficaz, cuando las leyes
del mercado han puesto estos instrumentos de aniquilación masiva en
manos del mejor postor o del aliado político de turno. Frente a estas
realidades, únicamente la participación popular en la toma de
decisiones sobre el financiamiento de la investigación militar, podrá
ponerle freno a un gasto incuantificable e inmoral, que bien podría
dirigirse hacia proyectos mucho más beneficiosos y urgentes para la
humanidad. Las comunidades organizadas tendrán que ser, en las
sociedades que aspiren sobrevivir al caos desatado por el capitalismo
global, los nuevos actores responsables de la producción y el uso del
conocimiento y las herramientas técnicas, destinadas a la paz o a la
guerra, que los valores de la nueva civilización harán factibles
sobre la base del respeto a la diversidad infinita de la vida.

En consecuencia, una transformación revolucionaria de las prácticas
sociales de producción y reproducción de los saberes científicos y
técnicos, implica un cambio paradigmático en el que resultarán
modificados radicalmente cuando menos tres órdenes: a) el de la
epistemología que sirve de fundamento a las prácticas de producción de
estos saberes, b) el de la axiología que orienta los fines de la
ciencia y la técnica y permite evaluar la adecuación entre medios
científico-técnicos y fines sociales y c) el de los actores sociales
que detentan la hegemonía en el campo de las prácticas científico-
técnicas.

De aquí se infiere que, después del siglo XX, las revoluciones no
puedan seguir concibiéndose únicamente como cambios en las formas de
propiedad de los medios de producción. Obviamente estos cambios son
necesarios y urgentes para superar la desigualdad y la exclusión, pero
el punto es que han dejado de ser suficientes si se aspira que las
revoluciones signifiquen de veras una transformación profunda del
orden capitalista. El fracaso del socialismo industrialista-
burocrático del pasado siglo ha dejado una lección irrecusable a este
respecto.

Asimismo, una política auténticamente revolucionaria en el campo de la
ciencia y la tecnología (y por lo tanto no reproductora del viejo
orden capitalista y colonialista), tendrá que redefinir su ámbito de
competencia mucho más allá del protagonismo excluyente ejercido en la
modernidad por el mercado (a la derecha) y el Estado (a la izquierda).
Pues para sortear el riesgo de reincidir en un simple cambio de
rostros en la nomenclatura de la burocracia estatal o de las
corporaciones privadas que hasta el presente han hegemonizado la
producción de los saberes científico-técnicos, habrá que comenzar por
identificar a los auténticos sujetos de la Revolución en curso y sus
arraigos culturales más allá de las fronteras de los marcos
epistémicos e institucionales de la tecno-burocracia pública y privada
articulada a los intereses del capital transnacional. En segundo
lugar, una vez reconocidos los nuevos actores sociales y sus marcos
epistémicos, éticos y socioculturales, será necesario iniciar la
transferencia progresiva del control sobre los procesos de producción
y reproducción de los saberes científico-técnicos, de las manos del
Estado y las corporaciones a las manos de las comunidades y redes
sociales protagonistas del nuevo orden civilizatorio emergente. Nótese
que esta “transferencia” va mucho más allá del proyecto ilustrado de
democratización de la ciencia y la técnica producidas por la
modernidad. Implica además (y en esto se juega su carácter
auténticamente revolucionario) la posibilidad de refundar los procesos
sociales de producción y reproducción de la ciencia y la técnica sobre
las nuevas bases epistemológicas y axiológicas aportadas por los
sujetos populares del cambio.

De esta manera, veremos surgir una ciencia y una técnica iluminadas
por valores ecológicos, no depredadora y no contaminante; una ciencia
y una técnica emancipadas y emancipadoras, que no reproduzcan la
dinámica de explotación y exclusión propia de las relaciones de
dominación capitalistas; una ciencia y una técnica surgidas de la raíz
de las culturas originarias, indígenas, campesinas y populares aún
sobrevivientes; una ciencia y una tecnología creada y gestionada
equitativamente por hombres, mujeres y niños; una ciencia y una
técnica que sin negarse a dialogar con los saberes heredados de la
modernidad, impida activamente a las burocracias y las corporaciones
arrebatarle el protagonismo en la configuración de su destino a los
poderes creadores del pueblo. En fin, se trata de la enorme tarea de
sustituir una ciencia de las minorías concebida para el sostenimiento
del poder y la universalización de la muerte, por una ciencia gestada
por las mayorías para el florecimiento de la vida y la diversidad de
las culturas sobre el suelo nutricio de la Madre Tierra.
(más…)

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