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Sensibilización para el Conocimiento Libre. Una aproximación
al conocimiento como don

Nuestra imagen actual, por David Alfaro Siqueiros

Alejandro E. Ochoa Arias

Introducción

El conocimiento libre está asociado a la posibilidad de permitir o facilitar acceso al conocimiento por parte de todos aquellos que lo demanden en función de sus necesidades. En este sentido, la idea de libertad se esboza fundamentalmente como la ausencia de obstáculos para alcanzarlo y hacer uso de él. Prevalece es lo que pudiera denominarse como una concepción del conocimiento como herramienta o útil que se puede adquirir. Para efectos de la exposición, quizás las denominadas libertades que están asociadas al software libre y que se han extendido al conocimiento libre, proveen un punto de partida interesante sobre el tema de la libertad que se demanda o busca en el término “Conocimiento Libre” (CL). En explorar estas libertades se hace evidente que la sensibilización sobre la liberación del conocimiento requiere no sólo de un proceso de eliminación de obstáculos para el acceso al conocimiento, sino más bien del desarrollo de una plataforma inquisitiva que permita que el conocimiento se libere de una concepción científico-tecnológico que dispone del mundo de un modo que enajena las condiciones de posibilidad para una práctica inquisitiva que rescate los distintos modos de relacionarse con el mundo que han quedado absorbidos por la dinámica propia del sistema científico-tecnológico moderno [Ochoa Arias, 2008].

Sensibilización al Conocimiento Libre

Podría parecer innecesario el desarrollar mecanismos que permitan incrementar la capacidad para discernir sobre las bondades del CL. Sin embargo, el hecho solamente de proponer la reflexión sugiere de entrada que estamos en una situación de vulnerabilidad cuando se aborda el tema de ganar espacio social o legitimidad cuando se propone una concepción sobre el conocimiento que suponemos es distinta, por lo menos, a la forma dominante con la cual se ha abordado el tema del conocimiento. Quizás jugando un tanto con las palabras y las frases comunes, entonces cabría preguntarse: ¿Cómo se explica eso de liberar al conocimiento, si el conocimiento libera? En todo caso, si el conocimiento es el instrumento para liberarnos de la ignorancia, para poder dar cuenta del mundo y de algún modo disponerlo para el beneficio propio y sujeto a la voluntad humana, entonces, ¿Quién o qué hace que el conocimiento no sea libre? Al menos, cabría preguntarse qué es aquello que se distingue con el adjetivo “libre” cuando hablamos del conocimiento.
Una potencial respuesta a esta pregunta es tratar de dilucidar la noción de libertad que se ha exportado desde un movimiento afín al del conocimiento libre que es el del denominado Software Libre. Precisamente, quisiera comenzar por esbozar brevemente esas libertades que reclama el Software Libre para el Conocimiento Libre como punto de partida sensible sobre el tema que nos compete.
La denominada libertad “0” asociada a la adquisición y uso libre del conocimiento pareciera ser lo suficientemente contundente para que el tema del conocimiento quedase liberado de la condición de bien de intercambio en el plano económico y más bien pertenecer a un bien de intercambio en una dimensión socio-cultural, guiado por una economía del don. Esto último es asumir que el conocimiento se libera de su condición económica. Pero sobre esta posibilidad, se abordará en posteriores párrafos.
Debemos reiterar sobre esa definición. En ella se habla de adquisición. ¿Cómo se adquiere el conocimiento? ¿De qué adquisición se está hablando? Es evidente que hay al menos dos lecturas posibles de este “adquirir”. Una, asociada a la libertad de adquirir como se adquiere un producto en el cual no hay restricciones en el acceso al mercado. La libertad de adquirir o de compra: La libertad del mercado. La otra posible lectura, se refiere a la libertad de adquirir sin ninguna otra restricción que las habilidades intelectuales para apropiarse del conocimiento. ¿Cuál de estas dos libertades son constituyentes de forma distintiva para el conocimiento libre?
Es evidente que la primera es insuficiente para la idea de la realización de un proceso de apropiación del conocimiento que se caracterice por hacer del conocimiento objeto de enriquecimiento y difusión a partir de una dinámica que le conceda la mayor relevancia a la capacidad de crecer y enriquecerse antes de ser objeto de propiedad de alguien o de algunos. La posibilidad de estas dos lecturas nos conducen inevitablemente a indagar sobre las naturaleza de las otras tres libertades para poder dibujar con pertinencia los límites de estas mismas libertades. En todo caso, es importante destacar en este momento la sensibilidad que comienza a dibujarse en torno al conocimiento. Puesta en términos breves: Asumir al conocimiento como objeto de usufructo e intercambio es algo sujeto al debate. En consecuencia, pareciera que la primera sensibilidad por desarrollar tiene que ver con la preeminencia del mercado como forma de relación social.
Al abordar las otras libertades, tenemos la denominada libertad “1” la cual se refiere a la adaptación del conocimiento a las necesidades de quien lo demanda. Esta libertad es “extraña”. La extrañeza para nosotros radica en que dado que el conocimiento si ciertamente es un bien, es un bien que una vez lograda la libertad “0” entonces no tiene sentido que se separe la adquisición del conocimiento de su adaptación. Es claro que la separación responde a una racionalidad tecno-jurídica que concibe al conocimiento como producto terminado. Es decir, como un “útil” o herramienta cuya adquisición nos “obliga” a hacer un determinado uso que está limitado por alguna restricción adicional a la habilidad intelectual. Sin duda, esta libertad “1” presume entonces que la adquisición de la que estamos hablando en la libertad “0” está referida a la adquisición de una “herramienta”, lo cual disminuye la condición de bien socio-cultural de apropiación pública y universal. Pues bien, cuando se revisan las otras dos libertades: la “2” referida a compartir el conocimiento con los demás y, la “3” referida a la posibilidad de compartir las adaptaciones y avances que se hacen del conocimiento, sugieren inevitablemente que el tema o el espacio en el cual se da el tema de la libertad del conocimiento es fundamentalmente en un ámbito tecno-jurídico. Pero, ¿Cuál es la característica fundamental de este ámbito? ¿Cuál es su racionalidad?.
A la luz de lo anterior, hemos alcanzado un segundo estadio sobre la sensibilidad. Nos referimos al tema de la condición de bien público del conocimiento. O, en todo caso, a la necesidad de superar el marco de la definición de los bienes más allá de la posibilidad de transar bienes por sus equivalentes. En conclusión, el proceso de sensibilidad nos exige además de debatir sobre la preeminencia del mercado, el poder asumir que hay marcos de la relación social en la cual la definición de lo bueno no se da en términos de su carestía o escasez para la realización de un fin u objetivo. Hay bienes que siendo necesarios tienen una condición intangible y no transable que los pone fuera de la racionalidad de lo económico. Más aún, los pone más allá del ámbito de una racionalidad liberal. Para explorar sobre este aspecto es menester explorar brevemente la noción de libertad.

De la libertad negativa a la libertad positiva

La libertad positiva puesta en la dimensión de construir y ampliar el espacio de lo posible, tiene sin lugar duda en el conocimiento, no sólo un aliado sino su expresión más acabada como ejercicio. Es en la aproximación crítica de la realidad y de los modos de dar cuenta de ella que la libertad positiva puede construirse en la definición de la procura de los bienes que por su condición fundamental de ser construcciones socio-culturales no están sujetos al intercambio y a la acumulación o almacenamiento sino a su florecimiento y cultivo en el mismo espacio y nicho que propicia sus condiciones de posibilidad: la comunidad de practicantes y la sociedad de los talentos.
Es la libertad de crear e interrogar sobre los modos como se apropia el ser humano, y en particular cada colectividad, de su entorno físico, social y político. Siendo este el caso, parece surgir de forma evidente que la racionalidad liberal con la cual identificamos los modos de concebir las libertades en el ámbito del SL y extendidas al CL no es suficiente. Para comenzar, el modo de revelado o de indagación que se establece entre una racionalidad liberal y el mundo responde a una dualidad en la cual se enfrentan un sujeto que interroga y se distancia del mundo y un mundo que se busca controlar y someter a través de sus regularidades. Alcanzadas las posibilidades de control, este conocimiento es ejercido desde una plataforma que sostiene y es sostenida desde la capacidad de autonomía y no de la colaboración con los otros. La idea de colaboración debiera recordarnos la noción de trabajo colaborativo y el modo como este se puede sostener desde una noción que viene anclada desde una concepción de mundo de carácter judeo-cristiano, que constituye el fundamento marxista de la relación social en el estadio más avanzado de la humanidad y que tímidamente asoma en eso que hemos mencionado brevemente como comunidad de practicantes y sociedad de los talentos.
El concepto de Economía del Don, y la cual gira en función de la regla de la sobreabundancia en contraste del presupuesto de la escasez que gobierna a la economía clásica, se construye un proceso de dádiva en función no de dar para recibir, lo cual sería una forma posible de intercambio fundado en valores equivalentes. Se trata de dar porque se ha recibido y, en consecuencia, existe una condición de deuda o agradecimiento hacía aquello que nos ha otorgado o concedido lo necesario para la realización de un bien. La semejanza entre esta forma de la dádiva y el modo Paulino de dar a cada quien según sus necesidades y de cada cual según sus habilidades no es fortuita (ver II Carta a los Corintios, Pablo). Tampoco lo es su vinculación con la concepción marxista de una sociedad igualitaria (la vinculación entre el precepto cristiano y marxista es discutido ampliamente por MacIntyre [MacIntyre, 2008].
Es importante destacar que el modo de deuda o agradecimiento no es en relación con una persona o entidad. Se trata de una deuda o agradecimiento que se corresponde con una matriz cultural que se ha hecho por generaciones y en la cual las contribuciones individuales son de valor en cuanto hacen crecer y enriquecen al colectivo. De este tenor, el tema del conocimiento libre entendido desde la perspectiva del don, encuentra entonces espacio fértil para un desarrollo mucho más interesante cuando se remite no a la relación social de la libertad sustentada en derechos, sino en la libertad guiada por la procura de un sustrato socio-cultural más rico que sea capaz de integrar las diversas técnicas con las cuales se logra el sustento material, con las condiciones de las comunidades de práctica o la sociedad de talento que se reconoce en deuda y en construcción permanente hacia una sociedad con mejores condiciones para la condición humana.
Esta condición que hemos denominado de agradecimiento y fundada en la Economía del dar, encontrará en la comunidad de practicantes y en la sociedad de talentos espacio propicio para la reconstitución de un conocimiento libre en el sentido positivo de expandir los horizontes de expectativas de la sociedad en su totalidad a partir de la revisión de los presupuestos sobre los cuales se construye el conocimiento. En este sentido, pareciera que lo avanzado hasta ahora sugiere que el proceso de sensibilización para la defensa del conocimiento libre debiera ser replanteado en términos de la promoción del conocimiento libre sobre la base de dos principios que son concurrentes. Estos principios que han sido enunciados a lo largo de este escrito se enunciarán en la conclusión de esta breve excursión por el tema.

A modo de conclusión

A lo largo de la exposición se ha expresado la aparición del conocimiento libre como una continuación de un proceso de liberalización del conocimiento que requiere ahora trastocarse en una búsqueda de emancipación del conocimiento con respecto a dos que pudieran ser considerados sus dos enemigos históricamente constituidos. El primero ha sido la constitución del conocimiento como útil o herramienta como la forma única y válida de hacer conocimiento relevante para la sociedad. La segunda, ha sido el predominio de la relación social del mercado y de la competencia en el ámbito de la construcción institucional del conocimiento. En mayor profundidad podríamos señalar que se trata del predominio de una concepción que enfrenta a la autonomía de lo humano a la regularidad del mundo. Este predominio se ha mostrado como históricamente constituido y hemos apelado a las nociones de “libertad positiva” y a la economía del don para mostrar una otra posible arista.
Los principios de la “libertad positiva” sobre la cual debiera descansar la construcción del conocimiento más allá de su utilidad es complementaria a la economía del don que reconoce la deuda no con la pretensión de saldarla sino de honrarla. La diferencia sútil quizás haya que buscarla en aquella vieja parábola bíblica donde se habla de los talentos: Al final, quien teme perder y guarda, lo perderá. Aquel quien arriesga y colabora, se enriquecerá. Después de todo, parece que es más acertado en el ámbito del conocimiento libre, el hablar de una sociedad de talentos en lugar de una sociedad de la información o sociedad del conocimiento.

Referencias

[Berlin, I. (1958)]. “Two Concepts of Liberty.” In Isaiah Berlin (1969) Four Essays on Liberty. Oxford: Oxford University Press.
[MacIntyre, A. 2008]. “Marxism and Christianity”. Duchworth Publishers. Tercera Edición. Inglaterra.
[Ochoa Arias, A. 2008]. “Tecnología y Desarrollo Endógeno: Hacia un proyecto de sociedad holística”. En “Tecnología Socialista”. Serie Reflexiones desde Cenditel. Vol. 3.

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¿Cuál Ciencia, Tecnología e Innovación para Cuál Desarrollo?
Alejandro E. Ochoa Arias

tecnologiaendogena

La pregunta que pertinentemente fuese planteada como punto de partida para reflexionar en torno al sentido del Plan Nacional de Ciencia y Tecnología comporta en sí misma una ambiciosa tarea. Pero también, la más fundamental, aquella sobre la cual debiera desarrollarse una sostenida reflexión intelectual por parte del sector científico y tecnológico venezolano. Por su condición de ser una pregunta fundamental, menester entonces es, comenzar a deshilvanar los hilos que conectan la Ciencia, la tecnología, la innovación y el Desarrollo.

Una primera aproximación nos revela cuatro interrogantes explícitas y una oculta, que sin embargo, sin dilucidarla, cualquier afirmación que se haga sobre las otras cuatro quedarán como simples trazas de huellas en un camino sin dirección.

Es obvio que se nos interroga sobre la Ciencia, la tecnología, la innovación y el desarrollo. La oculta, la pregunta no formulada, pero que se hace evidente, tiene que ver con aquello que reúne y junta esas tres preguntas en un plano de significado. Sobre ese plano es desde donde intentaré esbozar una respuesta en la cual la Ciencia, la tecnología y la innovación adquieren una meta específica denominada desarrollo.

Una respuesta inmediata, enmarcada dentro del contexto del juego discursivo que actualmente va adquiriendo cuerpo en las políticas públicas venezolanas, nos diría que se trata de un desarrollo endógeno. Con eso se cumple la tarea de forma casi inmediata, podríamos decir que es casi un acto reflejo.

Sin embargo, es de hecho, una respuesta irreflexiva y, en esa misma medida, podríamos señalar, que es irresponsable. Nos topamos entonces, con uno de los primeros retos con los cuales la ciencia, la tecnología, la innovación y todos los actores que hacen o pretenden hacer vida en la sociedad venezolana deben dilucidar: El significado del desarrollo endógeno como proyecto que encarna las condiciones de posibilidad de una sociedad más justa, más nuestra, más de todos.

Sea entonces propicia la oportunidad para esbozar lo que hemos ido aprendiendo en torno al desarrollo endógeno para poder después volcar la mirada sobre la condición de tres actores fundamentales enlazados por el recurso intangible más valioso de nuestro tiempo: el conocimiento.

I. El Desarrollo Endógeno: ¿Un desarrollo más?

Una primera pregunta tiene que ver con la diversidad y real enriquecimiento que comporta el adjetivo “endógeno” en el largo tránsito del concepto técnico-político que ha marcado al siglo XX, en occidente: El desarrollo. Ciertamente, es imposible agotar la historia de este concepto. Sin embargo, es importante fijar la atención en dos momentos que anuncian puntos de inflexión o cambio profundo en el fundamento sobre el discurso del desarrollo.

Esos dos momentos comportan crisis epistémicas, es decir, crisis referidas al modo de dar cuenta del fenómeno en cuestión, del desarrollo. Esas dos crisis pueden ser enunciadas, la primera, como la declinación del crecimiento económico como idea-fuerza del proyecto de sociedad. La segunda, la ruptura con el dualismo sujeto-objeto en el proceso de ser-en-el-mundo. Estos nombres casi criptográficos ameritan ser brevemente explicados.

I.1. La noción de desarrollo económico vs. despliegue del quehacer social

El declive de una idea-fuerza no ocurre en un vacío. Otras ideas vienen a ocupar el espacio que en su momento alguna idea ocupó casi de forma absoluta. El “casi” es fundamental para poder abrir el paso al pensamiento. Una idea-fuerza única es dictadura en el pensamiento y eso es, por principio, imposible.

En todo caso, es en la década de los sesenta que se vence en el ámbito científico, a la idea-fuerza vinculada al progreso de la humanidad como un camino lineal e inevitable y el cual encuentra en la prosperidad material, el desarrollo tecnológico y el crecimiento económico sus indicadores objetivos más descollantes. Decimos que se derrota porque se demuestra que a pesar del incremento sostenido de las capacidades tecnológicas, se acrecientan las brechas materiales y se hace evidente que la posibilidad de un desarrollo planetario es materialmente imposible.

Tal imposibilidad implica que la mayoría de las sociedades del mundo, excluida de los procesos de desarrollo de vanguardia, esté condenada a ir a la zaga y sufriendo además los embates y costos asociados con una tecnología no sustentable y a un uso indiscriminado de los recursos naturales. La situación actual revela no sólo el abuso de los recursos no renovables sino además, el agotamiento de la capacidad de renovación de los recursos supuestamente renovables.

El agotamiento del progreso económico como idea-fuerza y su transformación en mito significó la pérdida de la legitimidad del discurso del desarrollo para aglutinar sociedades y gobernarlas en nombre de la realización de ese proyecto. El desarrollo debió entonces abrir espacio a calificativos que rescataran al desarrollo y abrieran nuevas sendas a una calle ciega a la cual se llegó en nombre de una tecnología y ciencia comprometidas con la capacidad auto-legitimante de la economía y el progreso material (Habermas, 1970).

La irrupción de la dimensión ecológica y la necesidad de mecanismos de desarrollo y uso de los recursos con un afán de sustentar las condiciones mínimas para el bienestar de las futuras generaciones es lo que finalmente se materializa en la definición del desarrollo sustentable como la agenda sobre la cual se construiría el concierto de las naciones en el tercer mileno. Agenda 21 se denominó el esfuerzo por incluir en la noción del desarrollo aspectos vinculados al combate a la pobreza, al deterioro creciente e irreversible del patrimonio natural en un marco poco preciso sobre los mecanismos para hacer operativos aquellas buenas intenciones. Basta señalar que si bien se incorporan nuevos indicadores para medir el progreso y el bienestar de los pueblos, poco se logró para cambiar el sustrato cultural desde el cual el concepto de desarrollo nació originalmente: la división y consolidación de un modo de ver a las sociedades del mundo según un patrón único guiado por las capacidades de producción y consumo de bienes capitales. Mayor consumo, mayor mercado, mayores ventas seguían y siguen estando en el sustrato desde el cual se defiende una visión sustentable del desarrollo, ya no para revertir el proceso de deterioro profundo del planeta sino para preservar la ilusión del crecimiento económico ilimitado.

Finalmente, arribamos a la noción del Desarrollo Endógeno. El auge de esta noción, si bien no es un concepto contrario al de Desarrollo Sustentable, tiene sin embargo, una connotación profundamente innovadora con respecto a una idea que ha acompañado al desarrollo sustentable y es aquella vinculada a la atenuación y casi desaparición de las fronteras nacionales en virtud de que la sostenibilidad, o mejor dicho la insostenibilidad, no conoce fronteras nacionales. La pobreza, la enfermedad, los desastres ocurren sin que las fronteras sirvan de mecanismos que los detengan en el tiempo y en el espacio. Una sola referencia sirve para ilustrar la evidencia de esta afirmación: El promedio de vida en Harlem, barrio de New York es el mismo promedio de vida que en Bangladesh, uno de los países más pobres del mundo. Sin embargo, la comparación así formulada pierde de vista o quizás porque no es su objetivo, un factor crítico sobre el asunto de la sostenibilidad. Nos referimos a la dinámica social que genera formas de articulación y de estar en comunión con otros. Este punto es sobre el cual descansa la mayor innovación del desarrollo endógeno como concepto con respecto a la evolución histórica del desarrollo (Fuenmayor, 2001).

El desarrollo endógeno sustentable tiene como principal característica la condición de ser auto-generativo o auto-poiético. Se caracteriza por un afán de autonomía asociada con las capacidades y potencialidades de una sociedad para auto-definirse y auto-construirse en su relación con las otras sociedades. Se sostiene que es necesario mejorar y fortalecer las capacidades propias de una sociedad para concebirse a sí misma como proyecto social que justifique y legitime las acciones del colectivo en función de un bien que va más allá del ámbito material y que supera la dimensión vinculada a la acumulación de riquezas. Se abre el paso a una noción de calidad de vida que integre la dimensión ambientalista, ecologista, humanista y económica a la luz de lo que la sociedad anhela ser.

El desarrollo endógeno asumido radicalmente, es decir, desde sus raíces, no es entonces un modelo de producción e intercambio de bienes entre sociedades. Constituye más que una respuesta, la capacidad y el esfuerzo por preguntarse por aquello que le brinda identidad, sentido de totalidad y significado a la sociedad en conjunto. De tal suerte que el Desarrollo endógeno tiene implicaciones más allá del ámbito económico porque inevitablemente debe interrogarse sobre qué economía, cuáles instituciones, qué ciudadanos son necesarios para un desarrollo cuya idea-fuerza es una sociedad más justa e incluyente. Conceptos estos dos que obviamente trascienden la dimensión económica, sin olvidarla.

Sirva esta pequeña escaramuza con las implicaciones del desarrollo endógeno para llamar la atención sobre una cierta forma de entender al mismo en términos de proyectos económicos de construcción de cadenas de valor in situ. Es decir, a procesos de integración productiva vertical consistentes en añadir el mayor valor a las materias primas de una determinada región. Esto siendo parte del proceso no es suficiente para garantizar un proceso de desarrollo que como hemos visto va más allá del ámbito de lo económico. Quizás, sigue siendo parte del dominio de lo económico como idea-fuerza del desarrollo. Nunca las crisis se superan de forma instantánea y absoluta. Este constituye quizás uno de los mayores retos para superar el afán del pensamiento único que tanto daño ha hecho a las sociedades periféricas de ese pensamiento y de aquel desarrollo.

Puesto en términos más simples, el desarrollo endógeno sustentable puede entenderse como: El despliegue del quehacer social en armonía con su entorno. Por entorno estamos entendiendo algo mucho más que el medio ambiente natural. El entorno incluye aquello que construido por todos le pertenece de un modo vital a todos: la cultura, el lenguaje, las formas institucionales de articulación de intereses, esfuerzos, necesidades y fortalezas.

La misma idea de despliegue supone que no es una tarea finita, con identificación plena de causas-consecuencias sino que es un proceso rico en el cual se revela no sólo las bondades y fortalezas, sino las carencias, las deudas, las dudas y las incertidumbres.

Finalmente, la noción de quehacer social supone que aquello que le da sentido a la sociedad misma, desde las formas ancestrales de vinculación colectiva hasta los mecanismos institucionales a medio desarrollar que caracteriza buena parte de la conformación actual del estado son necesariamente espacios que requieren atenderse para la configuración de aquella sociedad que trasciende su significado en términos de su desempeño económico y de su valor de uso en un sistema económico mundial. Es para decirlo brevemente, un reconocimiento de las capacidades sociales al ámbito de cada sociedad.

Esto nos conduce al segundo aspecto crítico que identificamos en el modelo de desarrollo económico.

I.2. La noción de sujeto-objeto vs. La perspectiva holística

La noción de Desarrollo Endógeno esbozada anteriormente tiene varias implicaciones que será preciso atender en su momento. No obstante, es importante destacar una que tiene un peso importante en el modo como se concibe el proceso de interacción entre el sector científico-tecnológico (sector del conocimiento) y el resto de la sociedad.

La idea del Desarrollo como pregunta en lugar de respuesta orquestada y definida por agentes externos constituye un profundo cambio de paradigma en el modo como se entienden las políticas públicas vinculadas a la promoción del desarrollo.

Constituido el desarrollo como pregunta y formulada en los ámbitos locales entonces, no podemos hablar de agentes de desarrollo y objetos del desarrollo. La ruptura de ese dualismo entre alguien o algo que desarrolla y un elemento pasivo que es desarrollado comporta un proceso mucho más rico y complejo de definición del proyecto de sociedad que se desea, el modo de alcanzarlo y el papel que deberán jugar los diferentes actores en ese proceso.

En este sentido, decir que es necesario un proceso multidisciplinario o transdisciplinario a partir del cual se pueda realmente construir una plataforma compleja de conocimiento y experticias es quizás insuficiente. Es necesario un proceso muchísimo más abierto de interacción que va más allá del ámbito del diálogo entre disciplinas. Es la reconstitución de los espacios del saber entendiendo que en ellos inevitablemente se manifiestan dinámicas del poder, ejercicios de apertura y cierre de espacios de significado que excluyen algunas formas de acción y sentido en beneficio de otras. En consecuencia se requiere de un proceso de emancipación profunda de aquello que decimos que sabemos, cómo lo sabemos y para qué lo sabemos. Sin embargo, la relativización del conocimiento no es un proceso del vale todo en el cual el conocimiento se desvirtúa y se le despoja de su relevancia por obra de una decisión de las mayorías. Se trata precisamente de poder volcar con mayor ahínco, crítica y esfuerzo creador, las capacidades científicas y tecnológicas en la tarea urgente, necesaria y trascendente de generar conocimiento relevante para atender las necesidades apremiantes del entorno social, cultural y natural de la sociedad venezolana. Además y quizás con mayor empeño, en la gestación de la reflexión creativa, crítica en torno a la humanidad que es necesaria para que ese mundo nuevo y alternativo tenga lugar.

La constitución de sujeto y objeto como unidad indivisible significa que la ciencia y la tecnología deben reconocerse en términos de intereses profundamente humanos y en esa medida estarán caracterizados por la circunstancia histórica que permite un determinado modo de ser-en-el-mundo que inevitablemente requiere por parte de nosotros una profunda revisión y crítica.

El modo de ser-en-en-el-mundo dominante es la forma instrumental en la cual el mundo se presenta como instrumento. Superar la instrumentalización de la naturaleza, de la sociedad, del hombre y del individuo es un reto no solamente para la ciencia sino para los procesos de educación y cultura en los cuales se encarna inevitablemente la tarea más importante que le corresponde a la sociedad venezolana, por no decir a la humanidad entera.

En términos más simples, la ciencia y la tecnología requieren ser concebidas y ajustadas en el horizonte del proyecto que históricamente se está constituyendo en Venezuela. Esta afirmación no tiene ninguna pretensión innovadora. En realidad, el progreso económico y material del denominado equívocamente Primer Mundo, tuvo como principal característica el acuerdo casi perfecto entre ese proyecto de sociedad y el papel asignado a la ciencia y la tecnología (CyT). Es evidente que en nuestro caso, el proyecto que históricamente ocurre en este momento no puede conformarse ni adecuarse a una CyT que fueron el resultado histórico de otro proyecto. No se trata entonces de un problema de querer o no hacerlo, sino de una casi inevitable imposición histórica para la sociedad del presente.

CyT se constituyen así en actores sociales relevantes pero que deberán entrar en un proceso de diálogo crítico y enriquecedor con otros actores sociales que quizás desde plataformas de conocimiento distintas requieren ser escuchados y atendidos, no para su inclusión en el discurso científico y tecnológico sino para precisamente enriquecer el espacio sobre el cual la CyT se constituye como actor social de relevancia. Desde el ámbito científico se podrá dialogar y construir sobre la nueva ciencia y tecnología, pero no en la actitud defensiva de quien guarda su trinchera, sino de la actitud crítica y generosa que sabe que el conocimiento está en continuo proceso de revisión y crítica.

Una pregunta obvia a esta altura de la crisis del presente y el modo como se aborda su respuesta por parte de la ciencia y la tecnología, se refiere a las condiciones de posibilidad sobre las cuales está transformación estructural profunda puede tener lugar.

La respuesta, quizás por su simpleza, revela que no existe una forma única y que será precisamente en el devenir de ese proceso que adquirirá la condición de respuesta satisfactoria o no. Esa respuesta simplemente radica en la transformación profunda del sentido de la educación y la cultura en la sociedad occidental, y con mayor modestia, en la sociedad venezolana.

II. La educación y la cultura como el centro del quehacer social

En el camino que hemos transitado hasta ahora hemos señalado la necesidad de interrogarse por el sentido que tiene una determinada sociedad en términos de su trascendencia colectiva y la cual está condicionada por las capacidades auto-generativas o autopoiéticas de esa sociedad. Es lo que denominaríamos, su cultura.

Ahora bien, si en el camino hemos identificado las trazas de un deterioro sostenido sobre la idea-fuerza del progreso económico como sinónimo de desarrollo y de la inconveniencia de la separación del sujeto-objeto en entidades asumidas independientes entre sí y, que en el caso del desarrollo comporta la imposibilidad de un proceso auto-generativo o desde dentro en torno a lo que empuja a la sociedad hacía un determinado proyecto, entonces dos posibilidades se abren en el devenir de esa sociedad.

La primera comporta asumir el sin-sentido del desarrollo o de cualquier proyecto de sociedad, lo cual acarrearía como consecuencia la inevitable suspensión de la actividad con fines o propósitos y su entrega a un cierto proceso que va dirigido a la instrumentalización de la sociedad y del hombre a fines y propósitos que se correspondan con formas de dominación imperantes.

La segunda posibilidad, supone interrogarse sobre las condiciones que permitan la restitución de una vocación de totalidad, de sociedad en armonía, justa, incluyente y la cual debe necesariamente no sólo constituirse normativamente sino además desarrollar capacidades para arraigar en el modo como se asume el mundo y se aprehende de él, en un sustrato cultural distinto. Por sustrato cultural entendemos aquello que permite que el mundo adquiera un determinado sentido o significado.

Las actuales circunstancias permiten suponer que asumir la segunda posibilidad requiere necesariamente un proceso sostenido de educación y cultivo de las formas de interacción en la sociedad de tal suerte que la reconstitución del sentido, la aparición de la noción de un horizonte históricamente apropiado por cada sociedad se consolide o al menos, tenga la posibilidad de aparecer por la vía del contraste contra un mundo caracterizado por la volatilidad, el vale todo y la inmediatez de las acciones de los hombres que conciben al mundo como instrumento de uso.

La característica fundamental de este proceso de educación y reconstitución cultural tiene fundamentalmente como principal tarea la re-problematización del mundo. Es decir, el abandono de la certeza de las respuestas brindadas por la ciencia para volver a interrogarse ahora ya no las mismas preguntas que la ciencia ya respondió, sino las condiciones que hicieron posible una determinada forma de interrogar a la naturaleza y el mundo. La reconstitución de la pregunta por el sentido y el comienzo de un intento de respuesta constituyen la premisa fundamental a partir del cual el Desarrollo Endógeno se erige como una política de Estado y acaso el renacer de la pregunta vital de la humanidad: ¿Qué somos? en lugar de ¿Quiénes somos?.

La problematización del mundo desde una perspectiva que supere la noción de uso del mundo, lo cual incluye el uso de la naturaleza, del hombre y de la sociedad necesariamente supone la urgente tarea de reconstituir la noción de ciudadanía, de ciencia, de tecnología y la misma noción de desarrollo. Esto plantea entonces la necesidad vital de reconstituir los espacios de intercambio y encuentro entre los individuos de la sociedad e implica además rehacer las formas institucionales de gobierno que nos hemos dado. Permítaseme brevemente referir algunos aspectos vinculados a la ciudadanía para volver la mirada a las implicaciones más inmediatas que sobre la Ciencia, la Tecnología y la innovación tiene el Desarrollo Endógeno.

III. La ciudadanía y el desarrollo endógeno

Las premisas sobre las cuales se ha definido el Desarrollo Endógeno hasta ahora plantea necesariamente un problema con dos aristas fundamentales: ¿Cómo alcanzar y promover estas capacidades auto-generativas de la sociedad? ¿Cómo definir el punto de partida para la reconstitución de estas capacidades auto-generativas? Es evidente que el profundo deterioro de las condiciones de vida individual y colectiva que ha experimentado la sociedad venezolana por largos períodos de tiempo, si bien identifican la impertinencia del proyecto de sociedad también revelan la pobreza del ejercicio ciudadano por parte de las mayorías. De este modo, podemos decir que se dio en el caso venezolano la ausencia de un proyecto de sociedad porque en buena medida, la misma sociedad estaba ausente en términos de formas orgánicas de ejercicio de influencia y presión que permitieran debatir auténticamente las posibilidades de orquestar un proyecto de sociedad apropiado a las posibilidades de los miembros de esa sociedad para construirlo. Parece que se pudiera afirmar, quizás con el peligro de trivializar la complejidad del asunto, que no tenemos estado porque no tuvimos ciudadanos.

Pero, ¿Qué significa ser ciudadano en este momento, en este país y en medio de una dinámica social desconocida para muchos de nosotros? Definitivamente, se trata de una ciudadanía que le corresponde más que demandar ante un Estado un conjunto de derechos, el constituir de manera recursiva con las instancias públicas, espacios de concertación, de construcción, de aprendizaje social y político para poder superar el fantasma de tener un Estado ficticio porque no existen ciudadanos que lo critiquen, que lo demanden, que lo construyan.

Ciudadanía es quizás el menos malo de los términos para referirnos a aquello que debiera permitir construir una noción de bien público que justifique la creación y desarrollo de un Estado nacional. Esta tarea es materia pendiente desde los albores de la declaración de Venezuela como república. Res-pública, la cosa pública, parece seguir siendo un misterio para la mayoría de los miembros de la sociedad venezolana. No sólo misterio por la ausencia de su disfrute sino por la imposibilidad de poder articularla con las formas de relación que se dan entre los individuos y las colectividades, el espacio fundamental desde donde se define y caracteriza, la ciudadanía.

Lo anterior nos permite entonces esbozar una respuesta a una pregunta de dimensiones históricas, ¿Cómo iniciar la reconstitución de las capacidades auto-generativas de la sociedad? Ciertamente, que la fractura del Estado fundado en la democracia representativa ha abierto un posible camino a través de la dimensión participativa de la democracia. Pero, ¿Podemos decretar la participación? ¿Qué significa participar? Basta solamente aproximarse a eventos muy recientes de participación en el ámbito político venezolano para percatarse que la participación en sí misma se puede convertir en el peor azote de la colectividad. Si participar significa la posibilidad de defender posiciones sectoriales, particulares en contraste de formas de pensamiento sobre el colectivo entonces, la participación se convierte en el vehículo más apropiado para la imposición de agendas particulares y a procesos de negociación perversa de los bienes de la nación en función de una especie de asalto final sobre aquello que definimos como bien público, porque es lo que resta del botín para todos. Una forma distinta de participación es aquella que tiene que ver con el ejercicio sostenido de pensar en función de un bien que por ser de todos, presentes y futuros, requiere ser cuidado en extremo, cultivado para su engrandecimiento y conservación. Es poder llevar la política, entendida como el cultivo del bien común, a los ámbitos de la vida en común. Es poder hacer de las ideas de nación, pueblo y comunidad los puntos sobre los cuales se interroga ya no sólo sobre lo que me es lícito esperar como individuo, sino lo que me es permitido esperar en tanto que miembro de una sociedad. Es constituir al ciudadano en sujeto y objeto de la discusión política, de su realización y de su evaluación.

IV. El Desarrollo Endógeno y la localidad

El carácter endógeno tiene entonces un marcado acento en la noción de pertenencia, o al menos, en una clara distinción de un adentro y de un afuera.

Ciertamente, la distinción ha estado asociada a un adentro y afuera definido en la escala nacional. Sin embargo, la nación tiene en la constitución de un territorio su materialización más evidente. Somos miembros de una nación porque a fin de cuentas compartimos una tierra. Tierra que además de ser aquello donde pisamos y desarrollamos nuestras actividades, es aquello que nos permite identificarnos como miembros de un colectivo. Costumbres, tradiciones, historias que hemos hecho comunes se constituyen así en el fundamento sobre el cual somos en virtud de un territorio. Esto supone que la idea de localidad se contrapone a una forma distinta, la vinculada con la globalidad y a la cual se le imputa una cierta homogeneidad y uniformidad que queda sostenida por la posibilidad del intercambio y la relación en el mundo virtual. Tal desarraigo con respecto a las experiencias locales por la vía virtual implica una suerte de olvido y sustitución de lo local por formas artificiales y de acceso muy restringido a través de las tecnologías de información y comunicación que llevadas al extremo suponen una cierta enajenación del encuentro y la constitución en los espacios locales geográficos.

Hay además en la idea de la localidad y de la apropiación de sus potencialidades materiales, culturales y sociales una vía contraria a las formas de usufructo de los bienes materiales y potencialidades de la regiones vinculadas a la constitución de enclaves que ha sido y aún continua siendo, una práctica recurrente en la cual un determinado espacio geográfico es explotado en función de bienes que no son compatibles con el bienestar de quienes ocupan ese espacio geográfico. En este sentido, la idea de recuperar lo local en contraste a la justificación global de la economía encuentra en la noción de Desarrollo Endógeno un concepto a partir del cual se puede sostener y defender los siguientes aspectos:

  1. Decisión local sobre aquello que se debe considerar una opción de desarrollo.
  2. Control local de las formas en las cuales esas opciones de desarrollo se realizan.
  3. Retención de los beneficios derivados de una opción de desarrollo en la comunidad.

Es importante señalar que la presencia de lo local en la definición, implantación y control de las políticas de desarrollo provee de un mecanismo importante para la reconstitución de la sociedad, en especial en aquellas áreas o zonas consideradas marginales a pesar de los enormes potenciales de los cuales ellas fueron depositarios. En el caso particular de la sociedad venezolana, la construcción de los campos petroleros, los enclaves mineros y la constitución de zonas privilegiadas de desarrollo han sido la práctica recurrente para la imposición de un desarrollo de enclave en el cual dos mundos completamente distintos se dan cita en un mismo territorio: El mundo de la tecnología de avanzada y la explotación eficiente de recursos naturales rodeada de cinturones de miseria y exclusión social. Esos mundos no dialogaron, no dialogan y parece que nunca lo harán.

La retención de los beneficios y el desarrollo de las capacidades para decidir qué hacer y cómo hacerlo supone algo más que la identificación de una cadena de producción de rubros de un determinado producto o productos. Se trata de poderse apropiar de los mecanismos de conocimiento y transformación que son necesarios y que se desarrollan a través de una determinada actividad considerada relevante y pertinente para un entorno.

La localidad, la sustentabilidad y el desarrollo de capacidades para generar conocimiento que permita una transformación económica, social, política, institucional y cultural constituyen los ejes sobre los cuales el Desarrollo Endógeno se justifica como la posibilidad de preguntar a la sociedad venezolana, en este caso, por aquello que espera se constituya en su norte como construcción social y política que le brinde sentido a las diversas actividades que al interior de esa sociedad se despliegan.

VI. Ciencia, Tecnología e Innovación en el Desarrollo Endógeno.

Después de haber transitado un camino para dar cuenta de un concepto técnico-político clave del siglo XX como lo es el desarrollo, y habiendo mostrado dos de las crisis que han dado lugar a la posibilidad de una revisión profunda de su significado, corresponde entonces atender brevemente como es que la Ciencia y la Tecnología como sectores sociales estratégicos en los procesos de desarrollo deben articularse para una reconstitución del sentido de la sociedad y del mundo que supere esas dos profundas contradicciones.

Las crisis previamente identificadas suponen necesariamente que las ciencias deberán revisar profundamente su significado en términos de su contribución a la sociedad. Los tiempos de la validez absoluta del conocimiento científico y tecnológico fundada en su propia disciplina, rigor y sistematicidad han quedado relegados ante las evidencias crecientes que esa ciencia y tecnología han generado situaciones de extrema inestabilidad ambiental, ecológica, social e incluso de seguridad planetaria.

Algo que se ha hecho evidente en extremo es que la Ciencia y la Tecnología dejaron de ser aliadas automáticas para constituirse también en mecanismos generadores de incertidumbre y riesgo. Desastres nucleares como el de Chernobyl, la amenaza latente del armamento nuclear, biológico y químico, el desastre de Bhopal en la India son sólo algunas pruebas de que el supuesto control y predominio de la humanidad sobre la naturaleza ha puesto a la especie humana en una condición paradójica: Ser la única especie con capacidad de extinguirse a sí misma.

Esto supone que es necesario un proceso de revisión y cambio profundo en aquellas fuerzas que han impulsado al desarrollo científico tecnológico hasta el presente. La dificultad sin embargo no estriba solamente en una especie de revolución al interior de las disciplinas cientificas y tecnológicas. Se hace necesario una transformación profunda de aquello que se le demanda y exige a la Ciencia y Tecnología. Consiste en revertir un proceso que tiene sus particularidades en Venezuela pero que se reproduce prácticamente en todas las sociedades. Se trata de la constitución de un sector social que demande una Ciencia y Tecnología distintas a lo que ha sido la CyT moderna. Se requiere además de mecanismos institucionales que promuevan y sostengan estas demandas ante la creciente presión por una Ciencia y Tecnología globalizadas y globalizantes. O dicho en términos más llanos, Una CyT que se confronte y distinga de la CyT ganadas y dirigidas por el mercado.

Hemos señalado que es necesaria una transformación en la forma como se demanda CyT en Venezuela. Quizás habría que ser más francos y afirmar que se trata de crear una cultura que vea en la CyT un sector al cual se le demanda y un sector científico-tecnológico que asume su compromiso con la sociedad de un modo distinto a como lo ha asumido hasta el presente. El asunto va más allá del proceso de incorporar la CyT a las problemáticas que se experimentan y viven en el país. Se trata de poder desarrollar formas que hagan de la CyT un actor social involucrado en la reflexión del bienestar de la colectividad sin olvidar la dimensión universal del conocimiento.

El modo de institucionalización de la CyT en una sociedad como la venezolana, que se encuentra en un proceso de tránsito institucional profundo y que se puede definir como una suerte de emergencia institucional casi contraria a las condiciones esperada por el sector científico-tecnológico para su creación, consolidación y madurez, significan retos al cual parece que el sector científico-tecnológico ha prestado poca atención. Las formas institucionales vinculadas al sector conocimiento siguen en buena medida una dinámica que va mostrando la impertinencia y alineación de ese sector con respecto a demandas evidentes de la sociedad venezolana. Este proceso no es reciente, sin embargo, se comienza a hacer evidente en el venezolano común una cierta noción de deuda de un sector privilegiado de la sociedad venezolana, la cual debe asumir sus errores y fracasos para poder encarar la nada fácil tarea de reconstituirse como un actor social pertinente en una sociedad que está comenzando a labrar su propio proyecto.

Dos tareas parecen fundamentales atender en el sector de CyT. Por una parte, el desarrollo de competencias en el sector laboral, académico y científico que sumen a la dimensión técnica una cierta reflexión social en torno al papel de la CyT, no sólo para desarrollar ciertas sensibilidades a las problemáticas inmediatas, sino para poder reconstituir un sustrato cultural que le genere espacios de concertación social y política en torno al conocimiento específico y el conocimiento universal. Es decir, poder hacer de la CyT procesos endógenos en la sociedad venezolana a partir de lo que actualmente constituye este sector.

La segunda tarea es desarrollar vínculos orgánicos y sostenidos de articulación con otros sectores de la sociedad, pues lo que ha ocurrido han sido más bien reacciones casi epilépticas ante situaciones extraordinarias de la sociedad. Se hace necesario un proceso más profundo e intenso en el cual se pueda realmente articular a las fuentes generadoras del conocimiento con las problemáticas y potencialidades de la sociedad venezolana. La popularización de la tecnología y la ciencia suponen algo más que acceso al conocimiento. Se trata de enseñar a preguntar, a enseñar a hacer problema aquello que tenemos enfrente. En una palabra, se trata de hacer de la pregunta fuente a partir de la cual la CyT formula respuestas y otras formas de preguntarse que son relevantes para la sociedad y la humanidad.

Finalmente, es evidente que en toda esta excursión se ha insistido en la condición dinámica, inacabada y continuamente reconstructiva del desarrollo endógeno. El desarrollo endógeno está muy lejos de proveernos con un modelo que responda y delinee las políticas del estado venezolano. Es precisamente lo contrario, confrontar como interrogante vital la condición de un proyecto que la sociedad venezolana necesita darse en una constelación de intereses inéditos en la constitución de la Venezuela moderna del siglo XX. Agotado el proyecto entonces la tarea ya no es la búsqueda de una respuesta sino de las preguntas apropiadas que desde una condición histórica particular permitan a la sociedad venezolana intentar una respuesta influyente, justa y para todos.

Solamente una Ciencia, Tecnología e Innovación que promuevan la continua revisión del proyecto de sociedad que se está gestando en Venezuela será lo apropiado en un momento en el cual el Desarrollo visto como empresa ya no alienta a las inmensas mayorías desposeídas de este planeta.

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Y, ¿Ahora Qué?… Plenar de sentido a la sociedad

Alejandro Ochoa Arias

El Sueño Imposible. Salvador Dalí

El Sueño Imposible. Salvador Dalí

Ha concluido un proceso electoral más, sin duda, constituye en el género de los nuevos procesos electorales en los cuales se ejercita la sociedad venezolana, el primero correspondiente a una enmienda constitucional y el quinto en lo que concierne a consultas no vinculadas a la designación de cargos populares. Se dice con facilidad que el pueblo está aprendiendo y, es verdad, algo de eso hay. Sin embargo, persiste la pretensión por personalizar las posibilidades que sugieren aspectos propios de un ordenamiento socio-político novedoso. Poder asumir la diferencia entre la persona y el ordenamiento que nos estamos construyendo sigue siendo una asignatura pendiente. Brevemente, no olvidemos que en el 2006 se votó por Chávez el hombre antes que por el proyecto socialista que traía como programa de gobierno. Creo, que los resultados de hoy sugieren que el tiempo ha llegado. Veamos de qué tiempo estamos hablando.

En las “Líneas de Chávez”, se menciona claramente la idea de plenar de sentido a la sociedad. La idea no es nueva pero es, sin embargo, menester tomarle el pulso a lo que eso implica como tarea en este tiempo. En primer lugar, es claro explorar el significado político del resultado más allá de la enmienda. Dependiendo de aquello que se privilegie como contexto de sentido, en esa misma medida, nos aproximamos a un proyecto de sociedad colectivo o nos quedamos prendados de la imagen de un líder con virtudes indiscutibles pero con las limitaciones propias de la individualidad. Veamos brevemente.

Desde la perspectiva de un proyecto de sociedad, la tarea de plenar de sentido a la sociedad comporta un proceso de transformación y conversión profunda de la política como el arte de mantener estratégicamente el poder hacía una noción más colectivista y sostenida por la solidaridad y la búsqueda de un tejido social capaz de ser incluyente, construido y reconstruido en la cotidiana relación con el otro. En este sentido, la tarea no corresponde solamente a los que apoyaron a la enmienda.

En sentido estricto, corresponde a los sectores que no se identifican con el incipiente proyecto denominado socialista, el poder conjugar sus propuestas, esfuerzos y principios en un proyecto político que no sólo sirva para darles unidad y sentido a sus esfuerzos, sino además, para poder construir con mayor organicidad y sentido colectivo al propio proyecto socialista.

Puede resultar paradójico y acaso sonar fatalista, pero la necesidad de saber contra qué se enfrenta el proyecto de sociedad es una tarea vital que bien se resume en la frase “ser o no ser patria, pueblo, sociedad”. Sin embargo, es claro que allí sigue pesando el papel que han jugado los medios. Nótese que no hablo solamente de los medios de comunicación que han hecho un trabajo importante en hacer árido el discurso político en general. Me refiero a los medios que hemos usado, unos y otros, para construir los apoyos mecánicos y dejar de lado las construcciones mucho más elaboradas, pensadas y evaluadas de la propia sociedad en los ámbitos económicos, sociales, culturales e institucionales.

Bien pudiera resumirse que la visión rentista de la sociedad sigue dictando los modos de relacionarnos en todos los ordenes. Eso requiere superarse y exige del concurso de todos. Cuando se menciona renta y trabajo quizás la dimensión económica pesa mucho. Para mostrar cuan profundo se requiere llevar este proceso de revisión de los medios o herramientas con la cual estamos construyendo la sociedad, bien pudiera plantearse que hasta ahora se ha vivido de la riqueza política que emana del presidente Chávez. Es decir, de la renta política que él es capaz de generar y no de la riqueza obtenida por el trabajo sostenido de construir espacios políticos de distinto tenor, dimensión y propósito que nos permita además de preparar el terreno para la construcción de políticas públicas, el preparar las condiciones para nuevos sujetos-objetos políticos en Venezuela.

Precisamente esto nos conduce a otra posibilidad de pensar que seguiremos atado al liderazgo del presidente. En este caso, la posibilidad de plenar de sentido a la sociedad dependerá de la capacidad que tenga Chávez de encarnar el sentimiento de una nación que sigue estando en condición de minusvalía para expresarse con voz propia. Chávez sabe de ese peligro y lo ha anunciado anoche con todas las letras: La patria es lo único perenne.

Por lo tanto, el escenario del líder para darle sentido a la sociedad podrá funcionar por un rato (años quizás), pero no estará por siempre ni tampoco implicará que habremos dado el salto para plenar de sentido a la sociedad. Es decir, la de asumir a plenitud la pregunta por el sentido de la sociedad venezolana.

Conclusión, la tarea para todos es la de avivar las condiciones para preguntarnos por el sentido de la sociedad venezolana. Pregunta que deberá ir más allá de la conveniencia inmediata y egoísta para poder abrir paso a las respuestas y a las plataformas desde las cuales la pregunta por el sentido de la sociedad y la plenitud de su sentido no sea una pregunta retórica y extraordinaria. Se requiere que esa pregunta se implante en el cotidiano quehacer para la construcción de una patria buena. Finalmente, creo que hay elementos que nos dice que sí se puede. Las preguntas son, si queremos y cómo queremos hacerlo. Las dos últimas preguntas no son independientes. En saber entender su dependencia e intentar comprender su importancia radica el desarrollo de las líneas estratégicas ya no para otra victoria electoral sino para una victoria más trascendente: la de una sociedad que se sabe proyectar al mundo con sentido.

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El Sí al descubierto:

La formación ciudadana, la solidaridad y el buen gobierno.

Alejandro Ochoa Arias

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En estas últimas horas en que la decisión de cada cual ha sido tomada, es necesario plantearse, una vez más, la trascendencia del acto político que nos ocupa. En la tarde de ayer, el presidente de la república ha apelado a la circunstancia política más excelsa de toda sociedad: el momento constituyente. Es decir, el momento en el cual constituidos como cuerpo orgánico, como totalidad, nos constituimos en Estado. Pues bien, esa circunstancia puesta en términos de la ampliación de los derechos políticos tiene como ejes fundamentales la posibilidad de formarnos como ciudadanos, ejercer nuestra solidaridad y, finalmente, plantearnos la pregunta por el sentido social del “buen gobierno”.

La formación de ciudadanos en el caso de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela comporta la condición de una democracia co-responsable y protagónica. La co-responsabilidad nos hace actores más allá del ámbito de la acción individual. Somos actores que impulsados hacía lo colectivo no podemos ser sino solidarios. Porque la cara más precisa y mejor dibujada de la solidaridad es asumir la suerte del otro como propia y eso es sencillamente ser co-responsables. En su noción más acabada, la co-responsabilidad supone entonces que es ineludible para el ciudadano, la tarea de evaluar y castigar o premiar, según sea el caso, al gobierno. En buena medida, eso supone que el ciudadano asume cabalmente el compromiso de participar en la definición de las políticas, velar por su ejecución y controlar la política pública. En ese sentido, el ejercicio ciudadano debe ser objeto de evaluación colectiva. Esto último nos conduce a la condición política mínima del ciudadano, a saber, formador de información y opinión en la construcción de la cosa pública.

La sociedad invadida por los medios de comunicación ha sido presa fácil de aquello que precisamente se suponía sería superado por la amplia gama de medios para comunicarse: La información constituida en mercancía y la opinión en manipulación. Lo cual nos obliga a la creación de formas alternas para la construcción de la información y la opinión. Esto último supone que el ejercicio protagónico de la democracia va más allá de ser ejecutores de políticas. Nos debemos constituir en constructores de opinión y generadores de información tras la búsqueda de la verdad y no su compra y venta. Esto último, supone la ruptura de la dimensión de usuario y consumidor del ciudadano para que se incorpore en el proceso agónico de dar cuenta del mundo desde la realidad desde la cual cada quien se encuentra. Desde lo local, sin olvidar lo nacional y lo universal; la agonía consiste en el afán de dar cuenta del mundo y hacerla válida ante la opinión de los otros sin otra pretensión que practicar la justicia, consolidar la solidaridad y ser aprendiz y maestro en la construcción de la política.

En consecuencia, la posibilidad de poder postular a quien haga un buen gobierno deberá, desde la dimensión ciudadana y con el concurso favorable del Estado, desarrollar los mecanismos para la evaluación continua del Estado que permita la corrección de los errores, el mejoramiento de los resultados positivos y sostener los espacios de discusión política para la evaluación ya no en términos de eficiencia y eficacia, sino en términos de la pertinencia política y colectiva de las iniciativas que se tomen. Para ello, es necesario potenciar las capacidades de los ciudadanos para informar e informarse, lo cual pasa necesariamente por asumir la responsabilidad social de los medios como tarea que debe ocupar a todos los ciudadanos no sólo desde la dimensión de usuarios, sino la de co-responsables. Desde allí, una visión mercantilista y liberal de los medios no sólo es distinta sino contraproducente para hacer de los medios de comunicación, bienes que son concedidos por la sociedad en su totalidad para el servicio de todos. Es claro, que el ejercicio del buen gobierno que se espera en los próximos años, debe hacer válida la vocación co-responsable y protagónica para el ejercicio ciudadano. De otro modo, el buen o mal gobierno, será simplemente una tarea de mercadeo de imágenes. Esta expansión Sí es posible. Es tarea de Todos, claro que Sí.

14 de febrero de 2009

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