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Archive for 21/06/09

Intelectuales trágicos

Jesús Puerta

Dike vence a Adikia

Dike vence a Adikia

Trágicos fueron y han sido los intelectuales que en la década de los ochenta y noventa trataron de convencer a una dirigencia política, indudable y claramente bruta, de que por su propio bien, para que duraran un poquito más, había que reformar el estado venezolano para hacerlo un poquito más democrático, un poquito más efectivo, un poquito no más; que no robaran taaanto (como decía raspando su garganta el inolvidable Moleiro); que fueran un poquito más creíbles, más sinceros, menos arrogantes y cínicos.

Pero, nada. Estos discípulos definitivamente no eran el Alejandro Magno de Aristóteles. Ni siquiera el Nerón de Séneca. Se reían de sus maestros. Se burlaban de las voces aflautadas y los refinamientos conceptuales y discursivos de sus propios letrados. ¿Qué el “sistema de conciliación de élites” está en crisis? ¿Qué vaina es esa? Y largaban la carcajada. ¿Qué? ¿Descentralización? Pero el partido coloca los candidatos y los gobernadores. ¿Combate a la corrupción? La risa no me deja hablar. ¿Reforma constitucional? Busca los bates y las cabillas para caerle a esos izquierdistas infiltrados.

“No somos suizos”, que frase tan extraordinaria. Digna de Sófocles, de Eurípides. Y los intelectuales lloraban. Que no se entendía, Que hagamos un nuevo pacto por la reforma. Convoquemos primarias. Y la carcajada fluía, atronaba, ensordecía. Los pobres intelectuales trágicos de la derecha, veían que la Penélope de la Reforma, anudaba y desanudaba su tejido interminable aferrándose a esos nuevos acuerdos y pactos. Y en las universidades, otros tantos bolsas escribían y escribían acerca de esos acuerdos y pactos. Y nada. La COPRE fue devorada por su destino. Esos dirigentes políticos del bipartidismo se convirtieron en “coprefagos”.

Eso no significa que los intelectuales trágicos no tuvieran su cancha. Iban a la televisión. Marcel Granier los entrevistaba. Él mismo publicó un libro sobre “La generación de relevo y el estado omnipotente”, criticando a esos tapados. Porque también estos empresarios de los medios son trágicos. Se dedicaron sistemáticamente, orquestadamente, repetitivamente, como sólo ellos lo saben hacer, a desprestigiar a esos partidos o esas partidas de bestias enzapatadas que pretendían ser los grandes jefes del país. Lo peor, era que lo eran. Lo fueron.

El coro siempre representó el pueblo en la tragedia griega. El coro comprendió que esos partidos eran corruptos, ineficaces, mentirosos, hasta asesinos. En realidad, el coro ya lo sabía. Lo había vivido en carne propia. Sólo que cantaban en la tragedia de estos intelectuales trágicos, de estos empresarios de la comunicación trágicos también. Hasta que tomaron la voz cantante.

Más bien sorprende que esa brutalidad y estupidez hubiese estado tanto tiempo en el poder. Posiblemente los dioses concibieron todo su castigo. Castigo a su hybris, a su hypermoira. A la soberbia que los encegueció tan trágicamente.

Lo peor es que esos intelectuales trágicos también cumplieron el papel de esfinge. Pronosticaron el desastre. Sabían lo que iba a ocurrir.

Algunos, desesperada y patéticamente, intentaron algunas iniciativas. El patético Brewer Carías proponiendo una tarjeta extra en diciembre de 1998 para convocar la Constituyente, con el fin de quitarle la iniciativa al odiado que ya era evidente que sería el triunfador de aquellas elecciones trágicas en todo y por todo para las víctimas de la cruel inocencia del devenir. Más tarde, cumpliría otro papel triste y patético, casi cómico, revisando el decreto de la auto-coronación de Carmona Estanga, corrigiendo los errores ortográficos, la construcción sintáctica, tal vez. No fue el único. Hubo muchos que, como la presidenta de la asociación de constitucionalistas, pretendían darle alguna racionalidad al trágico decreto. Pero, nada. Se cumplieron los designios de Temis, las disposiciones del Diké. Esa clase política se derrumbó, fue derrocada, y el coro del pueblo canta, ya no como simple coro, sino como solista.

Pero allí quedaron esos intelectuales trágicos. Los usan, aparecen, son Doxa. Porque se trata de darle un poquito de lustre a tanta oscuridad. Les dan titulares. Abren a veces las primeras planas. Y dicen esas mismas palabras trágicas. Esas mismas flatus vocis (aunque esto es latín y no griego).

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