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Archive for 21/01/09

Cuando digo pueblo

Jesús Puerta

Detalle del Mural "Historia de México" de Diego Rivera

Detalle del Mural "Historia de México" de Diego Rivera

Hay menos palabras que conceptos. Por eso, a veces, sentimos que las palabras no dicen lo que entendemos o lo queremos; sino otra cosa, lo que les da la gana a ellas y no a quien las dice; son huecas, son un poco locas y hasta paradójicamente llegan a sobrar. Otras veces, constatamos que hablamos distintos idiomas, hablando el mismo. Alguien dirá: jugamos diferentes “juegos de lenguaje”. Pareciera que hubiera muchas formas de decir lo mismo; pero no, a veces ocurre que hablamos de cosas diferentes y decimos lo mismo.

Por ejemplo, cuando digo “Pueblo”, ¿qué digo? Los griegos, que inventaron para siempre eso del “gobierno del pueblo”, la “demos-kratia”, entendían por pueblo al conjunto de los ciudadanos varones adultos, aristócratas, propietarios de esclavos y tierras, que se reunían en la plaza a discutir en asamblea los asuntos de la ciudad. Quedaban fuera los esclavos, las mujeres, los extranjeros “bárbaros” y los niños. Todavía, cuando aquellos patricios norteamericanos que firmaron la declaración de la independencia de Estados Unidos, el “pueblo” del “we, the people…”, era el conjunto de propietarios varones, de tierras y de esclavos. De hecho, ya Locke lo entendía así cuando discurría acerca de la propiedad como extensión del propio cuerpo. Sólo cuando los habitantes se ganaban la ciudadanía a punta de sangrientas luchas, era cuando se ampliaba la extensión del conjunto llamado “pueblo”. De modo que lo que se dice cuando se dice “pueblo”, depende del momento de esas luchas sociales y políticas y, por tanto, de la extensión de la otra palabra: “democracia”. Depende, en fin, de qué lado de la lucha estamos. “Pueblo” dejó de ser una abstracción jurídica, para ser la carne de los pobres, o los continuadores de tradiciones antiguas, identificadoras y comunitarias, por ejemplo.

¿Cuándo una denominación derivada de “pueblo” puede cargarse de connotaciones despreciables? Cuando es dicha por alguien a quien le da asquitos el “pueblo”, éste último, el que incluye a los pobres, a los excluidos. Claro: no estoy hablando de “democracia”, derivada también de “pueblo”; sino de “populismo”. En puridad morfológica, el “populismo” debiera ser la doctrina que coloca al pueblo en su centro y “populista” debiera ser alguien que está con el pueblo; pero no. En la politología sirve y ha servido para hablar mal, para descalificar movimientos políticos. Tanto así, que se le separa de “democracia”. Es más, “populismo” y “populista” son usados como insultos.

Me parece que es una invención de mala fe, una vil maniobra lingüística. No me la calo más. Si ya se mencionó a Laclau, seamos consecuentes: todos los políticos buscan en su discurso articular demandas de diversos sectores, buscan la hegemonía frente a su antagonista, y en este sentido “hacen populismo”: es una práctica política idéntica a la elaboración de discursos que se gana adeptos de diferentes orígenes sociales, tomando en cuenta sus peticiones e intereses. “Populismo” no sirve como concepto para describir o clasificar movimientos políticos, porque incluye demasiados y demasiado diferentes situaciones. No aclara ninguna especificidad, no distingue, no caracteriza. Oculta rasgos importantes y, encima, sirve para desviar la atención a procesos realmente democratizadores, es decir, aquellos que amplían el sentido de “pueblo”.

Y si vamos a hablar de “chavismo” ¿por qué hablar de variedades de “populismos” y no de variedades de “socialismo” o de “democracia”? ¿Por qué compararlo solamente con Perón, Velasco Alvarado y Goulart, y no con Fidel, Mao, Lenin, la socialdemocracia, los socialismos del siglo XX, etc., por un lado, o con las democracias norteamericana, española, francesa, qué sé yo? En todo caso, si a comparar vamos, debemos ver las analogías, pero también las diferencias.

Una arepa es una arepa es una arepa es una arepa, Javier. Un arroz con pollo es un arroz con pollo. Aunque pueda haber una arepa de arroz con pollo, claro. Esa es la universalidad arepérica. Pero, en todo caso, habría que comparar los rellenos.

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