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Atendiendo la Problemática:

Una Aproximación al Pensamiento Sistémico desde Tulio Febres Cordero

José Joaquín Contreras1

6 de Junio de 2008

Tulio Febres CorderoCreo que hoy día cuando nos enfrentamos una situación -a partir de eso que llamamos “la Academia”- dominan dos tipos de enfoques. El enfoque de la Ingeniería -que es el del mundo del cual provengo- tiende a abordar las situaciones con el prejuicio de la “resolución de problemas”. Es decir, tenemos un problema y debemos resolverlo. Ahora bien, cuando los ingenieros de hoy decimos que vamos a “resolver un problema” deben tenernos mucho cuidado. En verdad, poco hemos hecho para “resolver” los problemas. Aún más, si en algo nos hemos caracterizado los ingenieros del pasado siglo XX ha sido en que nuestra intervención ha sido fundamental en la profundización de la crisis a la que hemos llegado y en la que lo venezolano ha peligrado y se encuentra, actualmente peligrando, y mucho.

Del otro lado, encontramos un enfoque ligeramente diferente, se trata del enfoque ese que llaman “humanista”. Me parece que desde el llamado “Humanismo” las situaciones “académicas” no se abordan con un enfoque “humano”. Se enfocan -las situaciones- más como un problema de “erudición”. El problema aquí es mostrar las relaciones entre uno y otro escrito; la herencia de uno y otro escritor; la comunión de características entre fulano, zutano y mengano.

Ahora bien, ni lo uno, ni lo otro son los modos de atención que caracterizan la obra febrescorderiana y, quizás allí, podemos hallar luces que nos permitan entender nuestras limitaciones contemporáneas. Particularmente, voy a circunscribirme a esbozar la problemática a partir del primer enfoque dominante, es decir, el “ingenieril”, por ser del que mejor puedo hablarles como “Ingeniero de Sistemas”.

Decía anteriormente que desde el enfoque “ingenieril” las situaciones se abordan como problemas a “resolver”. Y cuando decimos que vamos a “resolver” un problema lo hacemos con un enfoque que decimos es “instrumental”. Es decir, ante una situación problemática sacamos toda nuestra parafernalia de instrumentos listos para ser usados en la resolución del problema. Para ello contamos con infinitos dispositivos, cada vez más modernos, cada vez más veloces, cada vez más poderosos, cada vez más energéticos que nos dejarán boquiabiertos. Ante una situación problemática, ¡zas!, rápidamente tendremos una solución “llave en mano” a ser implantada. O quizás, sería mejor decir, “a ser transplantada”.

¿Por qué hablamos aquí de un “transplante”? Por lo siguiente, decimos que es un “transplante” porque desde este enfoque “instrumental” cuando decimos que vamos a “resolver” una situación lo que hacemos es copiar una “solución” proveniente del extranjero. O, para ser más específicos, “compramos una solución” que nos vende una organización transnacional con sede en Nueva York, Londres, París o sus cercanías.

Estación Central del Trolebús de Mérida

Estación Central del Trolebús de Mérida

Ícono del Enfoque Ingenieril de Resolución de Problemas

Ahora bien, demóremonos un momento. Cuando decimos “problema”, ¿a qué nos referimos?. Intuitivamente cuando una situación se nos presenta como problemática, decimos que “algo no está bien”. Cuando decimos que algo no está bien, decimos que algo nos está generando un “malestar”. De aquí que, cuando atendemos un problema podemos estructurarlo, simplificándolo claro está, en un esquema en el que una situación problemática es atendida por medios diversos que procuran alcanzar una situación ideal (ver Figura 1).

Así que, cuando nos encontramos con una situación que percibimos como problemática necesitamos demorarnos en comprender por qué la situación aparece como problemática, demorarnos en comprender qué será aquello que entendemos como “situación ideal” y cuáles serían las atenciones más apropiadas para transitar del estadio de “malestar” al de “bienestar”.

Situación Problemática

¿Es eso lo que hacemos los ingeniosos ingenieros contemporáneos?… En honor a la verdad, la respuesta sería un rotundo “¡No!”.

Los ingenieros no nos detenemos a pensar los problemas porque somos poseedores y somos poseídos por un “Conocimiento Imperializado” que nos conmina a no pensar. ¿Para qué pensar en tal o cuál cosa si eso ya lo hicieron los neoyorkinos, los londinenses o los parisinos? ¿Para qué gastar tiempo pensando en eso que los venezolanos llamamos “paja”? ¿Para qué pensar? ¿Para qué?.

Pues bien, Tulio Febres Cordero atiende a la problemática de un modo que contrasta con ese modo instrumental dominante.

Don Tulio escribe su obra en un momento crítico en el devenir de la modernidad venezolana. Era heredero, sí, del pensamiento ilustrado de Simón Rodríguez. Pero, don Tulio, ya no vivía el comienzo del decimonónico. El transcurrir de la Modernidad había venido mostrando que la “orijinalidad”, de la que nos hablaba Rodríguez, exigía un modo peculiar de uso de la Razón.

La Modernidad puede concebirse como un proyecto que cuajó durante la Ilustración. El proyecto ilustrado consistía, en resumidas cuentas, en descubrir una fuente de verdad que contrastara y se enfrentara a la verdad revelada de la Iglesia. Esta fuente de verdad fue hallada en la Razón. El ser humano, que es un ser racional, tenía la capacidad de hacer uso de la razón para descubrir los principios que dominaban todo el mundo de lo sensible. Los principios de la razón permiten descubrir las leyes de la naturaleza. La “orijinalidad” a la que se refería Rodríguez era la de gobernarse por la Razón, como autoridad de la naturaleza, y no seguir copiando los modelos importados de las metrópolis. A esa fuente de verdad, originaria, es a la que se refería Rodríguez.

Sin embargo, un siglo más tarde, cuando don Tulio atiende el problema de la originalidad, éste se le presenta de una manera un poco distinta a la de Rodríguez. Dice don Tulio:

La originalidad es una de las bases primarias de lo bello y de lo grande; que la civilización, considerada respecto a cada pueblo, debe levantarse como un árbol, que se desarrolla, florece y fructifica sobre su propio tronco y con su propia savia.2

Don Tulio nos habla aquí de un piso, de un sedimento, de un fundamento. Don Tulio nos habla aquí de una “cultura propia” a la que llama también “cultura permanente”. Esta “cultura permanente” se basa en “la historia, en la psicología, en los rasgos del carácter y en las costumbres y tradiciones, todo lo cual forma la honda y sagrada raigambre de la nacionalidad”3 (ídem; p. 262). Nótese que aquí la “originalidad” se refiere más a una peculiaridad que a una universalidad. La civilización, según Febres Cordero, debe nutrirse de su suelo propio para que, a partir de allí, sea capaz de aportar originariamente a la cultura universal formando con ello un Pancriollismo.

Cultura Permanente

Para Rodríguez, por el contrario la tarea de su momento consistía en formar nuevas sociedades que fueren capaces de gobernarse a sí mismas gracias al uso de la razón. Su quehacer consistió en fomentar el uso de la razón en los americanos. Sin embargo, don Tulio, atendiendo al problema, se percataba que era necesario cultivar la nacionalidad. No se trataba de individuos racionales autónomos y asociados, sino que se trataba de cultivar una cultura nacional en la que se sembrarán las raíces desde las que se nutriera la racionalidad.

En la Figura 2 mostramos un esquema que pretende dar cuenta del proyecto febrescorderiano. El proyecto moderno de Febres Cordero consiste en la formación de una cultura propia cuya semilla originaria es la cultura hispano-colonial. Esta semilla se sembrará en el suelo de la Historia y de las Costumbres y Tradiciones, y será nutrida con la Ciencia, las Artes y la Industria para con ello, desde lo propio, colaborar con la formación de la cultura universal pancriollista.

La ciencia nutre a la humanidad por el conocimiento metódico de la verdad. Conocimiento que se obtiene a través de la observación y el estudio de la naturaleza. El conocimiento generado por la ciencia no tiene color nacional y es un deber de toda nación laborar en el aumento de la sabiduría y la cultura universal. El arte es la expresión de la belleza. Al igual que la ciencia, el arte no es patrimonio de ninguna raza o zona geográfica. La belleza está en todas partes al alcance de todo aquel que se eduque para poderlo contemplar y exteriorizar. Sin embargo, optamos por copiar los modelos extranjeros creyendo que es más meritorio en cuanto a manifestación cultural. De este modo no logra verse que la expresión artística será más interesante si logra aprovechar la forma y esencia de los elementos del país.

Por último, la industria debe nutrir a la nación de modo de lograr el autoabastecimiento y la subsistencia. Una de las primeras ventajas alcanzadas con la independencia nacional fue el libre trato mercantil con otros centros productores del mundo, distintos a España. Sin embargo, al hacerlo entramos en competencia con otros centros que tienen productos de mejor calidad y menor precio que los nuestros. Ello ha ido en desmejora de nuestras industrias nacionales y muchas de ellas han perecido o están en vías de hacerlo. Esto es un gravísimo problema que debe ser subsanado para alcanzar la nacionalidad. Según Febres Cordero: “la verdadera riqueza de un pueblo consiste en producir cuanto sea necesario para su propia subsistencia” 4. Por eso, aunque múltiples son las cosas indispensables para la subsistencia, múltiples son los esfuerzos de cada pueblo para producirlas en su seno. Estar atenidos a lo que nos venga de afuera es una cuasi-esclavitud económica. De lo anterior se desprende que la industria agrícola es una de las de mayor importancia para la nación. Para principios del Siglo XX, en la región andina de Venezuela se había dado un proceso de substitución de los diversos cultivos de la zona por el café lo cual hacía muy vulnerable a la economía de la región al hacerla completamente dependiente de los vaivenes de la economía mundial de un solo producto.

Estos factores nutrientes de la formación de una cultura nacional trascendente se soportan en la “historia “ y las “costumbres y tradiciones”. Como puede verse, a primera vista, ambas se encuentran estrechamente interrelacionadas. Sin embargo, ambas mantienen diferencias que son necesarias resaltar. El factor histórico es más científico. Los estudios históricos de don Tulio siguen una relación metódica que le permite llegar a conclusiones factibles. Febres Cordero realiza diversos estudios de tipo arqueológicos, lingüísticos y de revisión de archivos. Por ejemplo, los estudios de tipo arqueológico y lingüísticos intentan ir reconstruyendo algunas aristas de la cultura indígena tales como la revisión de utensilios, ídolos o de algunas de las palabras de la lengua de los aborígenes de la zona5. Por su parte, los estudios de revisión de archivos procuran en algunos casos reconstruir datos históricos que pueden ir desde el nombre de las víctimas del terremoto de 1894 en Los Andes hasta el comercio en los tiempos de la colonia e incluso apuntes para biografías de personajes ilustres. Todo ello en procura de conocer lo propio, de modo de conformar la cultura criolla6.

Pero la rigidez de la historia debe complementarse con el reporte de costumbres y tradiciones. Febres Cordero vive una época en que el Progreso y la cultura moderna superficial avasalla y destruye lo local. En ese momento, don Tulio procura guardar las tradiciones y leyendas que peligran con perderse en el olvido. Ante el megáfono, resguarda las letras del cancionero infantil; ante el olvido resguarda las leyendas indígenas, cuenta cuentos de Bolívar, del Canónigo Uzcátegui, de la heroína Anastasia y un largo etcétera 7. En fin lo que nos importa en este momento no es tanto el contenido de toda esta larga cantidad de reportajes sobre costumbres y tradiciones sino su intención. En efecto todos estos relatos intentan resguardar eso que el reportaje histórico con pretensión científica pierde. El relato de costumbres y tradiciones resguarda una serie de actitudes valoradas por el autor y que deben conformar el carácter cultural propio. Debido a que el relato histórico no da cuenta de estos elementos fundamentales para la labor de Febres Cordero, el autor acude a otros medios.

Ahora bien, en todo lo que hemos dicho nos hemos referido principalmente a eso que habíamos llamado “Situación Ideal” y los modos de “atenderlo”. Sin embargo, en estos últimos párrafos ha empezado a revelarse también el “problema”.

Febres Cordero hace la diferenciación entre dos tipos de cultura: la permanente -a la que ya nos hemos referido- y la superficial. La “cultura superficial” es “hija de la frivolidad y del capricho, que es la cultura de la moda, y como ésta sugestiva y avasallante, pero siempre voluble y transitoria, que no deja huella estable ni imprime carácter”8. Como nos hemos dedicado a imitar sistemáticamente, no hemos ejercitado nuestra potencia creadora. Se trata de una abdicación a nosotros mismos para así ser la cola de la cultura europea. Copiamos la ciencia, el arte y hasta las costumbres de otras latitudes. Nos hemos convertidos en simples satélites, renunciando a la categoría de estrellas que brillen con luz propia. Procuramos perder la fisonomía y caracteres peculiares del criollo. Desde la “Cultura Superficial” no se trata de ser nosotros, sino de ser como ellos.

La actitud dócil y copista es campo de cultivo para la implantación de culturas extranjeras dominantes y despóticas. Un ejemplo son los cultivos agrícolas. En efecto, una gran cantidad de cultivos diversos de frutos tropicales cedieron ante la conquista del café. La desaparición de estos otros frutos por el oro del café se refleja luego en altos precios de frutos propios que afectan las despensas de todos los hogares9 y en la dependencia a un sólo cultivo.

Ahora bien, la actitud dócil y copista se da principalmente ante las culturas inglesa, francesa y norteamericana, más no así con la hispánica. Después de la guerra de Independencia se creó un desdén ante lo hispano viéndolo como atrasado y bárbaro en comparación con las otras culturas europeas. Esto es también un error, antes de la Independencia se había formado en Venezuela una cultura hispano-colonial que era híbrida de lo hispano con lo indígena. El desdén por lo hispano relega parte fundamental de nuestro tipo cultural. De este modo, al relegar de nuestros tipos culturales fundamentales, lo hispano y lo indígena por considerarlos bárbaros, no deja lugar sino a la pasiva actitud copista.

Esta “situación problemática” es bellamente desplegada en el “Don Quijote en América”, especialmente alrededor de dos de sus personajes principales: “Santiago” y “Policarpo”. Santiago encarna el ideal febrescorderiano. Policarpo, por el contrario, es el fiel vocero de la “Cultura Superficial”. El primero cultiva la cultura permanente y a partir de allí actúa y arguye. Policarpo, por su parte, sólo habla sandeces a partir de su constante imitación a contrasentido.

Don Tulio en su obra nos va desplegando esta problemática. Lo hace alrededor de temas diversos a través de los cuales va contextualizando la situación de tal forma que el problema aparece. La actitud de los mapichenses10, y de Policarpo en particular, contrasta y hace brillar a Santiago. Y es en esa contextualización la que permite que a través de un constante juego de contrastes se revele con notable belleza la problemática en la que tiene lugar el conflicto entre los modos de la búsqueda de una “Cultura Permanente” y la facilidad de la copia en una “Cultura Superficial”. Podemos ver cómo la totalidad sistémica va desplegándose de manera enriquecida a través de la contextualización que nos va presentando Tulio Febres Cordero.

Podemos entender ahora que, el modo “ingenieril instrumentalista” de hoy día es un ejemplo típico de “Cultura Superficial”… ¿Y el “humanista” no se parece en mucho, acaso, al de Policarpo?…

Más Allá de Santiago y Policarpo - Portada“Más Allá de Santiago y Policarpo: Líneas Incompletas para el Recuento de la Venezolanidad” es un primer bosquejo de un intento por demorarnos a pensar la problemática de nuestro pueblo a inicios del Siglo XXI. Febres Cordero nos coloca el conflicto de fondo que dominará el discurso normativo de la Venezuela del Siglo XX. Pero, ¿qué nos ocurre en el Siglo XXI? ¿Tendrá sentido seguir hablando de nación? ¿Tendrá sentido seguir hablando de tal cosa como “Venezuela”? ¿Qué sentido tiene hablar del proyecto de nación venezolana que hoy día dice encontrarse en proceso “constituyente” cuando, quizás, ante el fracaso del proyecto nacional del siglo XX sea un sinsentido seguir hablando de “Venezuela”? Y, si tiene sentido seguir hablando de Venezuela, ¿qué podemos hacer para ir más allá de Santiago y Policarpo?

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1 Investigador del Centro Nacional de Desarrollo e Investigación en Tecnologías Libres (CENDITEL) y Miembro Visitante del Centro de Investigaciones en Sistemología Interpretativa de la Universidad de Los Andes. E-mail: jcontreras@cenditel.gob.ve

2 Febres Cordero, Tulio (1960) Pancriollismo. Conferencia del Doctor Tulio Febres Cordero. En Archivo de Historia y Variedades. Tulio Febres Cordero. Obras Completas. Tomo III. Editorial Antares. Bogotá.; Pp. 246,247.

3 Febres Cordero, Tulio (1960). Necesidad de Cultura Propia que Neutralice la Extranjera. En Archivo de Historia y Variedades. Tulio Febres Cordero. Obras Completas. Tomo III. Editorial Antares. Bogotá. P. 261

4 Febres Cordero, Tulio (1960). Sobre Criollismo. Artes e Industrias que Fueron. En Archivo de Historia y Variedades. Tulio Febres Cordero. Obras Completas. Tomo III. Editorial Antares. Bogotá. P. 250.

5 Ver por ejemplo: “ Procedencia y Lengua de los Aborígenes de Los Andes Venezolanos”. En Tulio Febres Cordero. Obras Completas. Tomo I. Editorial Antares. Bogotá. 1960.

6 Ver por ejemplo “El Comercio de Los Andes en Tiempo de la Conquista” y “Segundo Paso de Bolívar por los Andes Venezolanos” en Febres Cordero, Tulio Mitos y Tradiciones. Talleres Gráficos Universitarios. Mérida. 1983.

7 Por ejemplo, “La Leyenda de la Hechicera de Mérida”, la de “Las Cinco Águilas Blancas”, “La Leyenda del Díctamo” y “La Laguna de Urao”, “ Folklore. Cancionero Infantil”, “Humorada de Bolívar en Trujillo”, “El Perro Nevado”, “Los Calzones del Canónigo”, “Un Trabucazo a Tiempo”. Todas se encuentran en Archivo de Historia y Variedades. Tulio Febres Cordero. Obras Completas. Tomo III. Editorial Antares. Bogotá. 1960.

8 Febres Cordero, Tulio (1960). Necesidad de Cultura Propia que Neutralice la Extranjera. En Archivo de Historia y Variedades. Tulio Febres Cordero. Obras Completas. Tomo III. Editorial Antares. Bogotá.

9 Ver Febres Cordero, Tulio (1960). Cuestión de Viveres. Avance Formidable del Café. Los Frutos Tropicales en Derrota. En Archivo de Historia y Variedades. Tulio Febres Cordero. Obras Completas. Tomo III. Editorial Antares. Bogotá.

10 Mapiche es el pueblo en el que termina de desplegarse la trama del “Don Quijote en América”.

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