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Archive for 23/05/08

La Tecnología Libre como pregunta por los Fines

José J. Contreras1

Con cierta frecuencia, demasiada quizás, escuchamos decir la expresión esa que dice “el problema no es ‘qué hacer’, eso ya lo sabemos, el problema es ‘cómo lo hacemos’.” Según este punto de vista, el problema es la implantación. Es decir, el problema son los medios, no los fines. Es allí donde “metemos la pata”, diríamos con toda seguridad. El problema no es el hospital europeo, el problema es que cuando implantamos el hospital aquí, lo hacemos mal. El problema no es el estado europeo, el problema es que cuando lo implantamos aquí, el ministerio no sirve. El problema no es la concepción del mundo que subyace tras la tecnología estadounidense, el problema es cómo nos la apropiamos para que funcione y funcione bien. Este ensayo pretende esbozar un argumento para mostrar que la Tecnología Libre es un asunto que exige la pregunta por los “qué” (e.g. la pregunta por los fines). Ello intentaremos hacerlo desde dos perspectivas. La primera perspectiva revisará el caso europeo y el imperio de la razón instrumental. La segunda revisará el caso de América Latina y el asunto del neocolonialismo.

Fuenmayor y López Garay presentan en uno de sus escritos una interpretación del fracaso del proyecto de la Ilustración. De acuerdo a estos autores, el proyecto ilustrado moderno puede entenderse como una relación esencial y recursiva entre tres tipos de razón: la teórica, la práctica y la instrumental. La razón teórica indaga sobre el modo que apreciamos al mundo. La razón práctica indaga sobre el modo en que debemos actuar en ese mundo2. La razón instrumental indaga sobre las posibilidades instrumentales para lograr los fines. Ahora bien, la razón instrumental sólo puede tener sentido si ella está recursiva y esencialmente relacionada con la razón práctica. Es decir, los medios adquieren sentido a partir de los fines. Por su parte, la razón práctica sólo tiene sentido si ella está recursiva y esencialmente relacionada con la razón teórica. Es decir, los fines tienen sentido a partir de un cierto modo de apreciar el mundo. Y viceversa, la razón teórica necesita de la práctica y la práctica de la instrumental.

Estas tres razones se nutren, se conforman y se soportan las unas a las otras. Desde el Siglo XIX ha venido gestándose un dominio cada vez mayor de la razón instrumental en desmedro de los otros dos tipos de razón. La pregunta por la razón teórica y la razón práctica son cada vez menos exploradas porque han dejado de ser consideradas pertinentes.

En consecuencia, se hace cada vez más poderosa la pregunta por los “cómos” que es la pregunta propia de la razón instrumental y no por los “qués” que domina en las razones teóricas y prácticas. En consecuencia, el “instrumentalismo” se ha erigido como modo de razonamiento dominante.

Con ello se ha destruido el equilibrio que, entre las tres razones, debía mantenerse. ¿Y qué tiene esto de malo? podría preguntar algún lector. “Pues, que destruye el proyecto ilustrado”, responderíamos nosotros. “¿y?” seguiría nuestro interlocutor. Ante eso deberíamos tratar de atender qué es eso que hemos llamado la Ilustración y podríamos dejar que Immanuel Kant responda con sus mismas palabras desde su texto “¿Qué es la Ilustración?”:

“La Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí misma de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere Aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he aquí el lema de la Ilustración.”

Sigue Kant diciendo lo siguiente:

“¡Es tan cómodo no estar emancipado! Tengo a mi disposición un libro que me presta su inteligencia, un cura de almas que me ofrece su conciencia, un médico que me prescribe las dietas, etc., etc., así que no necesito molestarme. Si puedo pagar no me hace falta pensar: ya habrá otros que tomen a su cargo en mi nombre, tan fastidiosa tarea. Los tutores, que tan bondadosamente se han arrogado este oficio, cuidan muy bien de que la gran mayoría de los hombres (y no digamos que todo el sexo bello) considere el paso de la emancipación, además de muy difícil, en extremo peligroso.”

Desde esta perspectiva, una tecnología libre sería una que liberara del estado de pupilo a través del uso de la razón. Y la razón, la razón que auténticamente puede llamarse tal, es aquella que pregunta por los fines, los medios y las concepciones del mundo que le subyacen. Si la pregunta se limita a los “cómos” nos quedamos en los medios y no trascendemos a la libertad. Desde esta perspectiva, limitarnos a la pregunta por los “cómos”, es mantener nuestro estado de pupilos dominados por los “bondadosos” tutores3.

En el caso de los países que hemos sufrido del Colonialismo el problema anterior se recrudece. En tanto que colonias aprehendimos un modo de razonamiento que se limitaba a “copiar” e importar los productos desarrollados por la metrópolis. La pregunta por los fines, la pregunta por los “qués”, no le estaba dada a la colonia porque su fin ya venía asegurado: “la colonia debía copiar a la metrópolis”. Este razonamiento se basa en la creencia de que las metrópolis son superiores y que las colonias son seres inferiores, salvajes, que deben someterse a la civilización superior para llegar a ser, algún día, como ellos.

Con la “independencia” se logró una limitada liberación de España, pero se mantuvo la visión colonial de metrópolis y periferia. Luego, con el tiempo, nos hicimos neocolonias y por ello el problema de nosotros sigue siendo de “cómos”, no de “qués”. “¿Cómo transplantar las instituciones para llegar a ser como ellos, metropolitanos?” Ese es el problema neocolonial.

De esta manera, se hace evidente que la “Tecnología Libre” no puede circunscribirse a un problema de “cómos” sino que ella debe indagar por los “qués”. Es decir, la “tecnología libre” debe liberarnos del imperio de la razón instrumental y de la actitud neocolonial y, para ello, debe promover preguntas que indaguen por los fines y las concepciones del mundo. Una “Tecnología” que no indague por los fines no puede llamarse “libre”.

1 Centro Nacional de Desarrollo e Investigación en Tecnologías Libres

2 Este “deber” implica explorar los fines que le dan sentido al deber.

3 ¡Atención!: ¿no resuena en estas citas de Kant la actitud del movimiento de “Software Libre”?

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