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Entrevista con Rafael Rico, asesor del INCE y el MES

Software y hombres libres: en la ruta hacia la soberanía tecnológica

Por: Enrique Ortiz

Fecha de publicación: 14/07/05

El 28 de diciembre de 2004 se publicó en gaceta el decreto presidencial Nº 3.390. Éste dispone que “la Administración Pública Nacional empleará prioritariamente Software Libre desarrollado con Estándares Abiertos, en sus sistemas, proyectos y servicios informáticos”.

La decisión, de una trascendencia e implicaciones apenas previsibles, hace honor a la prédica del Gobierno nacional en relación con la soberanía tecnológica. De hecho, fue ese criterio, más que el de ahorro por concepto de pago de licencias, el que privó cuando se planteó la necesidad de ir prescindiendo de software privativo.

Tenemos, entonces, que “libertad” hace referencia a “sentirse libre para” y “sentirse libre de”. Es una invitación, o más bien un mandato, a librarse de las ataduras de las multinacionales del software, cuyos productos han devenido en paradigma de uno de los grandes absurdos del capitalismo: no ser propietario de algo que se ha “adquirido”, por lo que se ha pagado un precio. El esfuerzo intelectual del desarrollador, novedoso proletario del capitalismo globalizado, es, sin embargo, mercancía plenamente adquirida por el patrono. Lo demás es plusvalía.

Y todavía hay quien piensa que el marxismo es teoría obsoleta.

Para ahondar en el tema, invitamos a Rafael Rico Ríos, ingeniero superior de Telecomunicaciones por la Universidad de Málaga (España), miembro de la asociación internacional de software libre Hipatia y asesor del INCE y el Ministerio de Educación Superior de Venezuela, a explicarnos cómo es que la potestad de acceder al código fuente de un programa, y eventualmente modificarlo, constituye un arma valiosísima en la lucha histórica por la libertad del Hombre y los pueblos. Para él, nuestro país se ha convertido en un “semillero del conocimiento libre”, un territorio donde se lucha, como en el resto de los planos, contra un orden injusto y opresor que pregona una libertad sustentada en la confiscación del trabajo ajeno.

Por Enrique Ortiz

EO: ¿Por qué Venezuela está otorgando tanta importancia al software libre?

RR: En Venezuela se ha sacado adelante un decreto (el 3390) que defiende la utilización en la administración pública del software libre. El software libre, tal y como se entiende internacionalmente, no representa simplemente (aunque sea cierto) un ahorro económico, por no pagar licencia propietaria, sino que, además, posee un alto contenido ideológico muy en consonancia con la línea del proceso de cambio que viene viviendo Venezuela, país que apuesta por su soberanía nacional, no sólo en lo político, sino también en todos los demás terrenos, y el tecnológico es fundamental para apostar por la soberanía.

Siempre se habla de que hay países desarrollados y países subdesarrollados. Exactamente no es así. No podríamos verlo desde ese enfoque. En la fase del modelo económico capitalista en que estamos, la de globalización, las fronteras se rompen. Digamos que los países “desarrollados” utilizan a los “subdesarrollados” para estar en esa posición de privilegio, que se produce por dos motivos, entre otros: uno de ellos es la dominación del capital; el segundo, la dominación del conocimiento. Al estar el sistema internacional de patentes en marcha, cualquier empresa multinacional que cree algún producto que pueda repercutir en beneficio económico, lo va a patentar y nos va a privar del uso internacional y humanitario de ese producto. Imagínate un medicamento que pueda curar, por ejemplo, la malaria o el sida; si eso, que es jugar con la vida humana, puede ser un gran negocio, lo van a patentar, y ese descubrimiento no estará al servicio de la humanidad sino al servicio de una empresa privada. La apuesta del movimiento internacional de conocimiento libre es evitar que esto ocurra. Es una lucha, una batalla ideológica más contra el capitalismo, contra la globalización económica, contra el neoliberalismo o como se le quiera llamar. Es importantísimo que Venezuela gane esa batalla por su soberanía, porque al ser un país “subdesarrollado” sufre de dependencia tecnológica, por lo cual, para actualizarse tecnológicamente, necesita “comprar” el conocimiento, y al hacerlo gran parte de sus recursos los utiliza en eso, en lugar de desarrollar su propia tecnología. Liberar el conocimiento con todas estas leyes que están saliendo en defensa del conocimiento libre permitirá que Venezuela sea soberana en el plano tecnológico y pueda desarrollar su propio conocimiento, sin tener que pagar regalías por la utilización de éste. Ese es principalmente un enfoque ideológico en el sentido de que se aboga por la libertad del conocimiento, siendo la carencia de esa libertad la que priva y la que pone freno al progreso de los países dependientes.

EO: Entonces no es exagerado afirmar que no hay soberanía si no hay soberanía tecnológica.

RR: En lo absoluto. Hay que entender que la tecnología, y el conocimiento en general, constituyen la base del progreso y el bienestar social. Si ese conocimiento se privatiza, las empresas privadas, las multinacionales y los polos de poder pueden controlar el progreso de los países que dependen de esos emporios. La única manera de evitar esto es liberar el conocimiento y la tecnología, por eso el software libre es fundamental en esto. No se trata solamente de aplicaciones, sino de un asunto ideológico que no sólo contempla la cuestión informática sino también la medicina, la genética, etc., es decir, las distintas ramas del saber.

EO: Estamos hablando de luchas específicas en pro de nuestra liberación…

RR: Claro, esa es la gran batalla. Tú puedes argumentar desde un punto de vista pragmático que el software libre es beneficioso por su evidente ventaja económica, y de hecho hay grandes empresas privadas que lo utilizan, lo cual representa una de las grandes contradicciones del capitalismo: existen empresas privadas que ven en el software libre un beneficio económico y apuestan por una línea ideológica que va en contra de la propia esencia del capitalismo, que es la propiedad privada.

EO: Sí, su lucha incesante por la maximización de la ganancia.

RR: Así es, y evidentemente el software libre incrementa el beneficio de la empresa que lo utiliza, no de la que lo patenta. Evidentemente hay un beneficio económico, pero lo que realmente importa es el beneficio ideológico, la defensa de la soberanía. Esto reporta más ventajas que la meramente económica, también está la ventaja social, al permitir que todos tus técnicos participen en el desarrollo del nuevo producto. No sólo las multinacionales en su país crearían el nuevo producto, sino que, al abrirse el código, ya pueden incorporarse profesionales venezolanos, por ejemplo, en esa línea de desarrollo para que adapten e implanten código abierto, lo cual tiene un impacto social y también cultural, porque al tener el código abierto tú puedes adaptar cualquier producto a la idiosincrasia de cualquier comunidad. Además tiene un impacto en la seguridad: si tiene el código abierto, no es una caja oscura en la que tú no sabes lo que hay, en cambio un producto patentado sí que es una caja negra, no sabes qué contiene, no puedes asegurar que no tenga una puerta trasera, un agujero de seguridad; sin embargo, en un producto abierto tú puedes entrar y revisar si hay algún problema de seguridad y resolverlo. En fin, el software libre tiene una serie de ventajas evidentes además de la económica, y sobre todo la ideológica, por eso muchas personas en todo el mundo apostamos a que en el siglo XXI se va a romper un paradigma. La idea es poner las tecnologías de información y comunicación al servicio social, no al servicio económico. Ese es el objetivo.

EO: Pero si el código está abierto, ¿no existe el riesgo de que una empresa se apodere de él y termine convirtiéndolo en software privativo? ¿Qué tanta seguridad ofrece en ese sentido la licencia GPL?

RR: Ese es uno de los grandes problemas que surgió con el advenimiento del software libre. El mercado capitalista globalizado de oferta y demanda es una jungla y cualquiera se puede apropiar de tu idea. Además, existen argucias legales para que quien disponga del capital pueda patentar un producto, y no el creador real. Eso es un engaño, el que desarrolla el producto, el programador que trabaja para una empresa privada, no es propietario de lo que él crea, sino la empresa privada, que puede pagar el precio de la patente. Entonces, para “regular” esta selva hay que buscar subterfugios legales, para ello hay distintos tipos de licencia que protegen el software libre, entre ellas la GPL, la más conocida, o la que utiliza Mozilla. Estas licencias procuran que ninguna empresa privada se aproveche de tu software. Aun así, si en algún momento ocurre, el software sigue abierto, la empresa puede utilizarlo, y si alguien quiere pagar la patente y gastarse más dinero en esa empresa privada, pues que lo pague, pero debe saber que existe esa misma versión en formato libre y por lo tanto no tiene que pagar por ella.

EO: Es importante que la gente conozca que el software libre no necesariamente es gratuito, y que también puede haber beneficio económico para quien lo crea.

RR: Cierto. “Libre” no significa “gratis”, la confusión existe porque en inglés la palabra es la misma para ambas cosas. En español eso no ocurre, la palabra “libre” se diferencia bastante de “gratuito”. Si tú quieres adquirir un producto libre necesitas que alguien te lo instale, o al menos te diga que existe, necesitas una asesoría, una implantación y luego una adaptación y un mantenimiento. Esas cuatro fases las puede cubrir perfectamente una empresa mediana o pequeña, una cooperativa o un particular, con lo cual tú aseguras que la gente que quiere vivir del software, porque todos tenemos que comer, pueda entrar en el mercado como, aparte de desarrollador, asesor, implantador, adaptador y soportador, es decir, añadiéndole valor a su trabajo.

EO: ¿En qué beneficia a alguien que el software que ha desarrollado se utilice sin restricciones?

RR: Eso se lo plantea mucha gente. Hay que pensar una cosa: en un proceso de cambios también hay concesiones. Una de las características de la ideología capitalista es la exaltación del individualismo, así que pensar en colectivo es complicado. Entonces, desde esa óptica que a todos nos afecta, a unos más y a otros menos, alguien pudiera pensar “yo hago el esfuerzo de crear un producto y luego otros lo implantan y se aprovechan de él”. Eso es cierto entre comillas, porque sólo está viendo su parcela. Yo puedo hacer un producto y ponerlo a disposición de la comunidad internacional, pero, a su vez, como toda la comunidad internacional está poniendo nuevos productos, por uno que yo pongo puedo acceder a cien o a mil, con lo cual esa pequeña contribución mía se disuelve y repercute, digamos, positivamente en mi beneficio, pues yo también puedo implantar, soportar y asesorar productos que yo no he desarrollado.

EO: Los procesos sociales suelen ser sumamente inerciales. En este momento, por ejemplo, el cambio a software libre parece enfrentar mucha resistencia, pareciera incluso que existe un gran temor y dudas acerca de su empleo. ¿De verdad es tan difícil migrar los escritorios?

RR: No. Sin duda existe una gran resistencia al cambio, por temor a lo desconocido. La gente suele sentirse torpe cuando se enfrenta a un computador por primera vez. A la gente le costó en alguna medida enfrentarse y adaptarse a Windows, por citar el caso más importante, de manera que, con lo que le costó, tienen miedo de volver a iniciar ese proceso de aprendizaje, pero hay que pensar que la comunidad internacional del software libre es consciente de la dificultad en este aspecto y de que hay que desarrollar un entorno amigable, fácil de instalar y gestionar. De hecho, ha ido mejorando porque siempre el aspecto, digamos, mas difícil de la implantación de GNU/Linux es la gestión, implantación, instalación, que le resulta complicado a alguien que no está ducho en la materia. Pero eso se ha ido solucionando con el tiempo porque somos conscientes de que la apuesta va por ahí, y el entorno amigable (cualquiera lo puede comprobar) es fácil de utilizar, sigue un poco la estructura de Windows. Las distribuciones amigables para el usuario se hacen de tal manera que, primero, incorporan la mayoría de los drivers que requieren los dispositivos; además, a las empresas de hardware, que ven un negocio allí (otra contradicción del capitalismo, porque el ataque contra su sistema viene por ahí), no les importa, a cambio de obtener beneficio económico, sacar los drivers en lenguaje libre para que la gente compre sus productos. Por ejemplo, al fabricante de la computadora “Tal”, al darse cuenta de que cada vez hay más usuarios de Linux, se interesa en sacar un driver para su tarjeta gráfica para que se pueda usar. Toda esta complejidad que uno puede tener a la hora de utilizar y gestionar sistemas de ficheros, las aplicaciones ofimáticas, todo eso se ha resuelto de tal manera que uno prácticamente no nota diferencia cuando abre el OpenOffice con respecto a Word, por ejemplo. El aspecto visual es casi igual al de la suite de Microsoft, por lo cual no va a tener ningún problema a la hora de trabajar. Pero hay que ocuparse mucho más de ese aspecto, porque el objetivo es acercar cada vez más a los usuarios. Además, ese es un proceso exponencial: mientras más usuarios entren, habrá más gente desarrollando programas, se crearán drivers para más dispositivos, … Venezuela puede ser un buen detonante. Estamos hablando de pequeños programas, pero los grandes programas necesitan de una fuerte inversión. Las grandes empresas con suficiente capital lo pueden hacer, pueden desarrollar grandes productos; a alguien en su casa le es más difícil desarrollar grandes productos. Pero si un organismo público apoya con sus recursos, eso permitiría un desarrollo exponencial, que veremos dónde desemboca. Yo soy muy optimista y creo que se puede romper el paradigma comercial de las tecnologías para darle una dimensión colectiva.

EO: ¿Y qué hay del hardware libre?

RR: En el caso del software, cualquiera en su casa programar e incorporar su aportación a un proyecto de desarrollo. Cada uno hace una pequeña parte, lo que termina haciendo un todo inmenso. Aunque sólo colabore un 10% de la gente que usa ese software se puede hacer algo bastante ambicioso, incluso por encima de cualquier empresa privada. En el caso del hardware la gente no puede desarrollarlo en su casa, se necesitan recursos. Para eso es fundamental una administración pública, que tenga recursos, comparta esa ideología y apueste por la soberanía tecnológica y la ruptura de la dependencia, pidiendo transferencia tecnológica. Una administración pública así es la que puede desbloquear esta situación en lo que respecta al hardware. Por ejemplo, China no sigue un modelo capitalista, no tiene sistema de patentes. Ese país puede transferir tecnología a Venezuela; de hecho, ya hay un acuerdo para construir el computador bolivariano, en cuya primera fase China proporciona a Venezuela los componentes y luego, aquí, cooperativas montan esas piezas, otras distribuyen los computadores y otras los comercializan. En una segunda fase se produciría la transferencia tecnológica, lo cual marcaría la diferencia. China, al no ser un país capitalista y no participar en el juego de las patentes, puede perfectamente, al tener la tecnología y el conocimiento para hacer esas piezas, transferir el conocimiento para que Venezuela las construya, lo cual no ocurriría con una multinacional, que al tener ese conocimiento patentado se lo queda para seguir manteniendo esa dependencia, la cual ahoga el desarrollo y el progreso de los países.

EO: Ahora Venezuela es de todos, ¿cree que el conocimiento también lo será?

RR: Por supuesto que sí.

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