Y, ¿Ahora Qué?… Plenar de sentido a la sociedad
Alejandro Ochoa Arias

El Sueño Imposible. Salvador Dalí
Ha concluido un proceso electoral más, sin duda, constituye en el género de los nuevos procesos electorales en los cuales se ejercita la sociedad venezolana, el primero correspondiente a una enmienda constitucional y el quinto en lo que concierne a consultas no vinculadas a la designación de cargos populares. Se dice con facilidad que el pueblo está aprendiendo y, es verdad, algo de eso hay. Sin embargo, persiste la pretensión por personalizar las posibilidades que sugieren aspectos propios de un ordenamiento socio-político novedoso. Poder asumir la diferencia entre la persona y el ordenamiento que nos estamos construyendo sigue siendo una asignatura pendiente. Brevemente, no olvidemos que en el 2006 se votó por Chávez el hombre antes que por el proyecto socialista que traía como programa de gobierno. Creo, que los resultados de hoy sugieren que el tiempo ha llegado. Veamos de qué tiempo estamos hablando.
En las “Líneas de Chávez”, se menciona claramente la idea de plenar de sentido a la sociedad. La idea no es nueva pero es, sin embargo, menester tomarle el pulso a lo que eso implica como tarea en este tiempo. En primer lugar, es claro explorar el significado político del resultado más allá de la enmienda. Dependiendo de aquello que se privilegie como contexto de sentido, en esa misma medida, nos aproximamos a un proyecto de sociedad colectivo o nos quedamos prendados de la imagen de un líder con virtudes indiscutibles pero con las limitaciones propias de la individualidad. Veamos brevemente.
Desde la perspectiva de un proyecto de sociedad, la tarea de plenar de sentido a la sociedad comporta un proceso de transformación y conversión profunda de la política como el arte de mantener estratégicamente el poder hacía una noción más colectivista y sostenida por la solidaridad y la búsqueda de un tejido social capaz de ser incluyente, construido y reconstruido en la cotidiana relación con el otro. En este sentido, la tarea no corresponde solamente a los que apoyaron a la enmienda.
En sentido estricto, corresponde a los sectores que no se identifican con el incipiente proyecto denominado socialista, el poder conjugar sus propuestas, esfuerzos y principios en un proyecto político que no sólo sirva para darles unidad y sentido a sus esfuerzos, sino además, para poder construir con mayor organicidad y sentido colectivo al propio proyecto socialista.
Puede resultar paradójico y acaso sonar fatalista, pero la necesidad de saber contra qué se enfrenta el proyecto de sociedad es una tarea vital que bien se resume en la frase “ser o no ser patria, pueblo, sociedad”. Sin embargo, es claro que allí sigue pesando el papel que han jugado los medios. Nótese que no hablo solamente de los medios de comunicación que han hecho un trabajo importante en hacer árido el discurso político en general. Me refiero a los medios que hemos usado, unos y otros, para construir los apoyos mecánicos y dejar de lado las construcciones mucho más elaboradas, pensadas y evaluadas de la propia sociedad en los ámbitos económicos, sociales, culturales e institucionales.
Bien pudiera resumirse que la visión rentista de la sociedad sigue dictando los modos de relacionarnos en todos los ordenes. Eso requiere superarse y exige del concurso de todos. Cuando se menciona renta y trabajo quizás la dimensión económica pesa mucho. Para mostrar cuan profundo se requiere llevar este proceso de revisión de los medios o herramientas con la cual estamos construyendo la sociedad, bien pudiera plantearse que hasta ahora se ha vivido de la riqueza política que emana del presidente Chávez. Es decir, de la renta política que él es capaz de generar y no de la riqueza obtenida por el trabajo sostenido de construir espacios políticos de distinto tenor, dimensión y propósito que nos permita además de preparar el terreno para la construcción de políticas públicas, el preparar las condiciones para nuevos sujetos-objetos políticos en Venezuela.
Precisamente esto nos conduce a otra posibilidad de pensar que seguiremos atado al liderazgo del presidente. En este caso, la posibilidad de plenar de sentido a la sociedad dependerá de la capacidad que tenga Chávez de encarnar el sentimiento de una nación que sigue estando en condición de minusvalía para expresarse con voz propia. Chávez sabe de ese peligro y lo ha anunciado anoche con todas las letras: La patria es lo único perenne.
Por lo tanto, el escenario del líder para darle sentido a la sociedad podrá funcionar por un rato (años quizás), pero no estará por siempre ni tampoco implicará que habremos dado el salto para plenar de sentido a la sociedad. Es decir, la de asumir a plenitud la pregunta por el sentido de la sociedad venezolana.
Conclusión, la tarea para todos es la de avivar las condiciones para preguntarnos por el sentido de la sociedad venezolana. Pregunta que deberá ir más allá de la conveniencia inmediata y egoísta para poder abrir paso a las respuestas y a las plataformas desde las cuales la pregunta por el sentido de la sociedad y la plenitud de su sentido no sea una pregunta retórica y extraordinaria. Se requiere que esa pregunta se implante en el cotidiano quehacer para la construcción de una patria buena. Finalmente, creo que hay elementos que nos dice que sí se puede. Las preguntas son, si queremos y cómo queremos hacerlo. Las dos últimas preguntas no son independientes. En saber entender su dependencia e intentar comprender su importancia radica el desarrollo de las líneas estratégicas ya no para otra victoria electoral sino para una victoria más trascendente: la de una sociedad que se sabe proyectar al mundo con sentido.

El mesianismo, cesarismo, o cualquier otro ismo que queramos mostrar parece emerger como una herencia reveladora del trauma arraigado en nuestras sociedades luego del exterminio de su esencia en valores y culturas durante la invasión española (llamada por muchos conquista).
Es un sinsentido buscar darle “sentido” a una sociedad a partir de la presencia o el trabajo de un único ser. Muchos estamos claros que resulta impertinente y también insuficiente. Sin embargo es el engaño sobre el que se ha construido nuestro quehacer sociopolítico desde hace décadas en Venezuela.. y tal como se muestra en el texto, es también el engaño en el que estamos ahora, en tiempos de revolución, aunque suene paradójico o antitético.
¿Cómo decide una sociedad dejar de ser engañada, y desde allí resistirse a nuevos engaños?
Esto me resuena como una pregunta recurrente desde hace tiempo pues es evidente que desde hace tiempo ya se nos viene pidiendo que nos pensemos como sociedad (nos piden otros más que lo que nosotros mismos como sociedad nos pedimos, por cierto), pero ¿cómo comenzar a preguntarnos por nosotros mismos como colectivo, como comunidad, como sociedad, si nunca hemos hecho algo más allá de emprender búsquedas sostenidas para soluciones individuales y locales a nuestros problemas?
Creo que cuando algo se soluciona para alguien (para uno sólo para un grupo pequeño) nos distancia aún más de lograr una solución satisfactoria para todos. Sin embargo esto es una máxima en nuestra vida como sociedad. Estamos infectados con soluciones y planteamientos locales, individuales aunque el teatro mediático nos los muestre como de interés colectivo.
Contra estos pequeños engaños hay que ir habitando nuestros espacios como sociedad. Pero ¿cómo hacerlo? ¿cómo pensarnos? ¿desde dónde? ¿como “plenarnos de sentido”? ¿desde dónde arrancamos si somos un pueblo alimentado con engaños y necesidades insatisfechas?
Creo que hacia el camino de darnos sentido y plenando los sentidos habrá que comenzar por dar pequeños y claros pasos … no basta preguntarse por pregutnarse … habrá que construir y arraigar los modos en que las preguntas sean, además, pertinentes y den cuenta de una idea de comunidad, más de la idea de reunión de gente.
¿Cómo comenzar a hacer eso? ¿Qué pequeño paso de bebé habrá que dar primero … o después? ¿Qué necesitaremos? ¿Seremos capaces de mostrar esto que vemos de modo que a todos quienes queremos sumar sea visible? ¿Seremos capaces de sumar voluntades?
Espacio para pensar … y actuar.