Notas para una Psicología de Clase de los Universitarios
Jesús Puerta
Ante la oposición a la Revolución Bolivariana de muchos universitarios, caben dos interrogantes. Para los chavistas la gran interrogante sería ¿cómo es que los universitarios que en décadas pasadas se manifestaron de izquierda, en respaldo a procesos revolucionarios, enfrentados a los gobiernos de la “cuarta república”, ahora estén rabiosamente justo en la acerca de enfrente? Para los contrarrevolucionarios la gran interrogante es ¿cómo es posible que haya profesores universitarios, hasta inteligentes y cultos, que respalden a este gobierno?
Sobre la primera pregunta se han ensayado distintas respuestas. Por ejemplo, Luís Fuenmayor cuestiona
supuestas torpezas y falta de estrategia en el trato a esos sectores medios atrincherados en las universidades. Así, la toma del rectorado de la UCV apoyada por la entonces vicepresidenta, los ataques a autoridades sin culminar en demandas judiciales por parte del ministro Moncada, etc. Por otro lado, pareciera que estas “torpezas” no se vieran nunca compensadas por acciones claramente prouniversitarias: pago de deudas laborales largamente prorrogadas, devolución del Jardín Botánico de la UCV, las posibilidades de financiamiento de la investigación a través de la LOCTI. Aquí surge la pregunta ¿por qué esos gestos del gobierno más bien intensifican la respuesta hostil?
Un análisis que tal vez esboce la respuesta a ambas interrogantes, podría hacer uso de lo que Erich Fromm conceptualizó como “carácter social”, y Raymond Williams y Alvin Gouldner como “estructura de sentimientos”.
CARÁCTER SOCIAL Y ESTRUCTURA DE SENTIMIENTOS
Fromm llama carácter social a los rasgos comunes a una clase o segmento social, de las formas que encauzan sus fuerzas psíquicas. Esas formas son, a su vez, resultado de la adaptación de sus necesidades emocionales y simbólicas, a sus relaciones sociales y sus modos de existencia. Por otra parte, son esas formas dinámicas las que le dan fuerza y consistencia práctica a ciertas ideas, discursos, motivos y posiciones políticas. Ese mismo carácter social puede explicar la conexión de esas masas con sus líderes porque, así como las ideologías deben tener algo que se conecte con los deseos, emociones y aspiraciones de esas personalidades, el líder debe compartir esos rasgos para que su conducción sea aceptada.
La estructura de sentimientos son los impulsos, las aspiraciones, los modos como pueden elaborar sus motivaciones, sus actitudes políticas, los individuos de una clase o grupo social, a partir del balance entre sus deseos y su situación social.
LOS UNIVERSITARIOS
A estas alturas, la universidad en Venezuela ha dejado de ser el mecanismo casi exclusivo de ascenso social de la población. Ya cuando hablamos de los universitarios, nos referimos a la segunda o tercera generación de unos “sectores medios” que adquirieron hace ya casi cuarenta años la ubicación social de la formación profesional. Como se ve, es un proceso relativamente reciente, dos generaciones escasas. Esto marca no pocas contradicciones en su estructura de sentimientos.
En efecto, hacia su posición social, el individuo de los “sectores medios” venezolanos siente, al mismo tiempo, un gran aprecio hacia “sus” logros individuales (casa, carro, comodidades, prestigio), pero también sufre una gran inseguridad. La autoestima del profesional es la del “self made man”, el “hecho por sí mismo”. Ese orgullo se intensifica por la consideración del esfuerzo propio y el mérito, que siente que tiene. El miedo proviene precisamente de lo reciente de su ascenso y el desbalance ocasional entre sus ingresos actuales, su status alcanzado y sus planes de realización personal y familiar. Esa estructura de sentimientos puede llevarlo a desarrollar, tanto una actitud política muy crítica, por lo que considera las “injusticias” sociales, lo cual puede llevarlo hasta a identificarse con las clases populares, así como una postura muy conservadora, para defender el status alcanzado. Esa contradicción se resuelve muchas veces en un oportunismo, incrementado por la tradicional “viveza criolla”.
En su momento de plena emergencia, en las décadas de los sesenta y setenta, los universitarios oscilaron

Alberto Lovera, uno de los muchos luchadores comunistas de la UCV asesinado por el Gobierno de Raúl Leoni
entre una actitud de crítica radical, alimentando las militancias de los grupos de izquierda, y las posiciones igualmente radicales de defensa de las condiciones del propio ascenso social. Ya hacia los ochenta, cuando entra una nueva generación a las instituciones universitarias, éstas se convierten simplemente en un conjunto de mecanismos para preservar los “méritos” alcanzados de un grupo social y seleccionar e ingresar justo a sus mismos hijos y allegados. Por supuesto, me refiero a los concursos de oposición amañados por grupos de poder internos o familias; acuerdos electorales en virtud de los cuales dirigentes estudiantiles pasan a ser empleados o profesores; pactos entre grupos económicos relacionados con la construcción y algunas autoridades, cuyo liderazgo se asentó en una imagen de “éxito autorrealizado”.
¿A DÓNDE VAS, UNIVERSITARIO?
Claro, esto coincidió con un nuevo ambiente político general desde los ochenta. Desde los gobiernos se

Carlos Ortega (Presidente de la CTV), Pedro Carmona Estanga (Presidente de Fedecamaras) y el Padre Jesuìta Luis Ugalde (Rector de la Universidad Católica Andrés Bello) pocos días antes del Golpe de Estado de Abril de 2002
promovió la educación privada a todo nivel, lo cual se convirtió en signo de distinción para los recién ascendidos. Se inicia la propaganda antipartidista que evidenció la creciente desconfianza de sectores enteros de la burguesía (sobre todo, los dueños de los medios televisivos) hacia sus partidos AD y COPEI, demasiado populistas para su gusto. Esto tuvo su especial expresión en las universidades, con el discurso que confrontaba la “excelencia” contra los “cogollos partidistas”. Pero, la salida de los desfallecientes partidos del status, entronizó los mecanismos internos de poder.
Al mismo tiempo, entraba en las universidades la nueva onda neoliberal, intensificada por estudios en el exterior y el prestigio que da adecuarse a un “nuevo mundo” donde el socialismo se había convertido en una pieza de museo. Hubo muchos conversos rabiosos.
El modelo ideal, la aspiración, para amplios sectores de la clase media venezolana (y en especial, los universitarios) era el gerente de PDVSA con sus altos ingresos, su identificación con la empresa, su presumida alta formación técnica, su “meritocracia”, su prestigio y modales “moderados”. Figúrese usted la reacción cuando justamente su gran modelo es enfrentado por un gobierno encabezado, además, por un personaje de extracción militar, que hablaba un discurso “indecente” y “vulgar”, es decir, que alude a los modales propios de la situación social de la cual se viene y a veces se repudia. Porque a veces el ascenso social pasa, emocionalmente, por el repudio, el desprecio y hasta el odio hacia la posición de subordinación o pobreza de donde se viene.
Ya tenemos un cuadro completo: autoestima inflada (para no decir pedantería y soberbia), conservadurismo u oportunismo de “viveza” derivado del miedo a perder una posición social supuestamente “dominante”; aspiraciones de poder y realización personal frente al estado “omnipotente” con el modelo del gerente de PDVSA y Marcel Granier; filtros para que entre sólo “su” gente: concursos amañados, cátedras de herencia familiar, acuerdos políticos internos; influencia ideológica neoliberal. Todo esto en medio de una crisis general de las formas de hegemonía política que estalló en 1989 y tuvo sus desenlaces en 1998, 2002, 2004 y 2006.
VENEZUELA CAMBIÓ ¿Y LOS UNIVERSITARIOS?
El cambio que se escenificó entre 1989 y 2006, con hitos como 1992, 1998, 2002 y 2004 (o sea, 4 de febrero, triunfo electoral de Chávez, golpe de estado de abril y paro petrolero, referendum), ha sido fundamentalmente político: de un lado, cambios constitucionales y legales; del otro, la formación de una polaridad política completamente diferente. El “chavismo” y el “antichavismo” son, nuevamente, la izquierda y la derecha, como nunca antes se había presentado.
La respuesta a estos cambios nos lo indica un análisis rápido del discurso de la oposición: horror a los cambios, al “castrocomunismo”, a la eliminación de la propiedad privada, angustia por cómo educarán los hijos “esos comunistas” (unas familias signadas por los divorcios, la escasa atención a los hijos, la niñera televisiva, cultura consumista, etc.). Cuando intentan articular una propuesta, no pasa de proponer resucitar el bipartidismo adeco-copeyano o la “meritocracia” neoliberal. Apoyo a cualquier gobierno

Situación de Violencia en la UCV en la que Manifestantes Opositores acorralaron a Estudiantes Pro-Oficialistas en la Escuela de Trabajo Social
extranjero (Estados Unidos sobre todo, Colombia en segundo lugar) frente a los “regalos del gobierno” a unos “pobres países”. En cuanto a la universidad, el discurso repite los mismos insultos exaltados, además de la defensa belicosa de los mecanismos exclusivos del mismo estrato social: selección estudiantil por pruebas internas, rechazo a cualquier cambio en la forma de elección de las autoridades, aprovechamiento oportunista de mecanismos como los de la LOCTI, insistencia en la gritería gremial para reivindicar los pagos del gobierno, retorcidas “teorías” donde Foucault y los postmodernos se mezclan confusamente con Hanna Arendt y Laclau.
Como ya señalara en otra parte, los puntos de lo que puede llamarse el “programa histórico de la Universidad” (biblioteca central, investigación, postgrados) se entierran debajo de una autoalabanza a la propia capacidad administrativa y contable de la rectora y llamados políticos a enfrentar al gobierno. La desviación profesional del contador público y la fruición del asalariado pedante, asesina cualquier vuelo intelectual.
La conclusión está por verse. Mientras tanto lo que le cabe al pensamiento es seguir enarbolando la crítica y cuidando la propia salud mental.


