SUSTANCIA Y SOBRIEDAD
Jesús Puerta
En primer lugar, convengamos en que el “chavismo” no es sólo un constructo periodístico. Usemos el término para caracterizar un período de la historia venezolana correspondiente a un bloque histórico que todavía no ha terminado de armarse del todo. “Por ahora” yo lo caractericé como nacional-popular, de retórica antiimperialista y “socialista”. Pero le faltan aún años para culminar su definición.
La primera dificultad para establecer un debate “sustancial y sobrio” (como dice Luís Barragán) para caracterizar al “chavismo”, es zafarse de la hojarasca propagandística, de los fáciles desplantes polémicos y de los conceptos manidos. Por ejemplo, ese del “neopopulismo autoritario”. El término es coetáneo con aquél de la “antipolítica” y tiene cierto prestigio académico. Pero es definitivamente ambiguo e impreciso, es como un “saco”: ahí caben Perón, Velasco Alvarado, Nasser, Menem, Fujimori, Castro, Palito Ortega, Irene Sáenz, Hugo Chávez. Ernesto Laclau descalifica al “populismo” como concepto. Su uso, señala, ha estado asociado con un no disimulado desprecio hacia las masas populares. Funciona como un prejuicio en el peor sentido de la palabra. Contra él, se estrellan los hechos. Contra éstos, se usan explicaciones ad-hoc.
Así, Chávez es autoritario aunque haya propuesto en una constituyente los revocatorios de mandato, aunque no haya establecido de una vez un estado autoritario en una constituyente donde manejaba una mayoría abrumadora, aunque haya convocado (y ganado) muchas elecciones democráticas, aunque haya permitido una fiera oposición de los medios de comunicación sin censura, aunque haya perdonado a los que conspiraron contra él, aunque haya respetado una decisión del Tribunal Supremo que caracterizó con el absurdo de “vacío de poder” lo que a todas luces fue un golpe de estado, aunque reconozca que sus contrincantes han logrado reunir las firmas para convocarle un revocatorio, aunque haya reconocido la derrota en el reciente referendum del 2 de diciembre (el cura Ugalde todavía el 28 de octubre en un artículo de prensa, aseguraba que Chávez no reconocería su derrota y por ello justificaba una “lucha” de rasgos sospechosos), etc., etc. Siempre Chávez sigue siendo esencialmente autoritario, aunque las cosas que hace no lo sean. Esa “esencia” vendría, según, de ser militar. Por eso es curioso que, cada vez que Chávez actúa como un demócrata, a la luz del antichavismo, lo haya hecho presionado por los militares.
No es una necedad invitar a examinar con más cuidado la situación de los partidos políticos. Lo que sustituyó al bipartidismo, no fue un monopartidismo, incluso si ese fuera el deseo de Chávez: fue una muy dinámica movilización de masas, agitadas y orientadas por los medios masivos de comunicación. Chávez y Globovisión son las dos caras de la misma massmediación radical de la política. Que no es sino expresión de una inmensa “crisis orgánica”. A ambas partes les ha costado muchísimo construir o reconstruir algo así como un partido político. La confusión Partido-Estado tampoco ha terminado de cristalizar. A Jorge Rodríguez es obvio que se le quemaron los dos conejos. Lo más que ha habido es utilización de recursos públicos para hacer propaganda y movilización de un lado. Aparte de una “política” de reclutamiento de funcionarios basada en el amiguismo. Del otro, se han usado recursos privados y algunos públicos, pero del Estado norteamericano.
Que el estado venezolano sigue siendo un estado burgués, es también evidente. No ha habido ninguna colectivización forzada, y Chávez no parece ganado ni de lejos a ella. La Asamblea Nacional reparó presurosa el presunto error de haber eliminado de la propuesta de reforma constitucional la garantía de la disposición de la propiedad privada sobre los medios de producción que se le había “chispoteado” al proponente. En el PSUVE se convirtió en todo un problema incorporar el adjetivo “anticapitalista” a su programa, queriéndosele despachar con el mote de “antiimperialista” que está incluido hasta en el programa del APRA y de AD. Lo curioso es que Barragán ahora diga que “El chavismo encarna la contrarrevolución de un emergente sector de la
burguesía petrolera que, antes ajena a la captación de la renta
internacional (que no, producción), desplazó al sector tradicional”. ¿Contrarrevolución? Si es una fracción emergente, no ha reaccionado “contra”: ha emergido en “pro”, como un factor “nuevo”. ¿Burguesía petrolera? Si se refiere a que es una burguesía que capta, en su acumulación de capital, parte de la renta petrolera, no hay burguesía venezolana que no sea, de una u otra forma, petrolera. Por lo demás, la burguesía venezolana, como clase, no ha sido tocada ni con el pétalo de una rosa. Le falta “sustancia y sobriedad”, profesor Barragán.
Los que sí reaccionaron en contra, pero del bipartidismo y el neoliberalismo, fueron las masas populares. Los que sí reaccionaron a la pérdida de sus posiciones de poder desde 1999, sabemos muy bien quiénes fueron. Pero hay otro sector que no logró mantenerse en el poder, aunque hoy retiene “trincheras” en la guerra de posiciones de la sociedad civil y política: un sector que se identifica con el PP español, con el Departamento de Estado norteamericano. Ese sí que ha querido “emerger”, hasta “golpear”; pero la mayoría no lo ha dejado.
El presente artículo es una respuesta a un artículo de Luis Barragán y continuación del artículo ¿Qué es el Chavismo? también de Jesús Puerta.

Interesante la respuesta de Jesùs Puerta. Primero porque la hay asì como la hubo de Luis Barragàn a un artìculo de aquèl. Lo curioso es que èste no es marxista y se pone de tù a tù a debatir con Puerta. Y lo curioso es que Puerta recupera el sentido del debate marxista que dimos años atràs en el MAS con Gramsci tomado de la mano y al que ese adjetivillo de “postmoderno” lo que hace es estorbar. Muy buena respuesta de Puerta.
Tratarè de localizar la direcciòn de correos del Dr. Barragàn (entiendo que es abogado). Me gustarìa leer su respuesta. A lo mejor no se ha enterado de esta respuesta. Lo felicito Lic. Puerta (entiendo que es comunicador social ¿de la Catòlica?). Ojalà den un debate interesante. ¿Por què no escribe a Venezuela Analìtica esgrimiendo el derecho de rèplica?.
Estimados amigos:
He recibido un correo de Melchor Machado, psedónimo que sospecho pertenece a quien fuera una figura importante en los predios del marxismo de treinta o cuarenta años atrás. Ha tenido la amabilidad de avisar no sólo de la respuesta de Jesús Puerta, sino de la existencia misma de unas páginas que lucen interesantes. Imprimiré la réplica de Puerta e intentaré luego responderle con más calma, ya que – hoy viernes – distintas actividades que son propias de la supervivencia, impiden una inmediata consideración de sus argumentos.
Más allá del “tipo va por ahí”, asumo este intercambio con la debida consideración y respeto: para la coincidencia y la discrepancia.
Agradezco la atención dispensada.
Atentamente,
LB
Amigo Barragàn:
Agradezco la respuesta al llamado que le hice en Noticiero Digital (pues, creo que no viò mi correo). Soy asiduo lector de sus artìculos y aunque tengo diferencias usted me ha merecido respeto y consideraciòn porque es un extraño socialcristiano, por lo que nunca he entendido bien su militancia. Pero bueno esto es harina de otro costal. He revisado este blog y creo que acà hay gente interesada en la discusiòn siempre que el tiempo lo permita ya que tambièn todos estamos tambièn metidos en eso de sobrevivir. No tengo relaciòn directa con los promotores del blog y usted sabe muy bien que no coincido con esto que se ha dado en llamar chavismo pero mantengo intacta mi adscripciòn marxista. Abusando de los promotores de este blog puedo decirle que sièntase en su casa porque se trata de darle seriedad algùn dìa al anàlisis de todo lo que ahora pasa en Amèrica Latina y en Venezuela.
IL
Qué hace un socialcristiano en estas páginas????? Se la pasa hablando mal del Comandante !!!!! Creo que estas páginas son de oportunistas habladores de pendejadas…
Social-burócratas !!!!! Entregados a los agentes de la CIA !!!!!!!!!!!!!!!!!
Es importante recordar que la dialéctica necesita de la tesis y la antítesis para lograr la síntesis.
El Socialismo del Siglo XXI necesita de la discusión dialéctica.
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/8205311.asp
Cuestiones del socialismo campamental
Luis Barragán
Domingo, 24 de febrero de 2008
Circunscritos a las observaciones consignadas por Jesús Puerta y habida cuenta del espacio disponible, aunque celebramos la mayor prontitud y eficacia del medio digital que del impreso para el contraste de pareceres, nuestra inicial intención es la de interpelar al marxismo mismo frente a la experiencia de un régimen que lo ha caricaturizado, a lo mejor en forma inevitable. La crisis es la del leninismo, la del dilema entre la democracia sustancial y la formal, forzando y contaminando los aportes gramscianos en el esfuerzo de alcanzar una articulación de la democracia con el particular socialismo que vivimos.
Crisis que posiblemente responde a otra de mayores y decisivas magnitudes, como es la del populismo que, afianzado en un recurso externo como el petróleo, convocó exitosamente a todos los sectores sociales y corrientes políticas del país, adquiriendo un carácter histórico progresivo que en nada abona a los prejuicios que suscita. Coalición que superó el cálculo de sus originales promotores, derrotando el pesimismo positivista al realizar la democracia representativa, y que hoy se resiste tenazmente a las insuficiencias de la renta petrolera, sin solución de continuidad en una de las variadas opciones capitalistas y socialistas harto conocidas.
La falla estructural que nos agobia desde finales de la década de los setenta, en relación a los ingresos, lejos de estimular la reflexión por una salida compartida, nos arrincona en una teoría del mandato político (la bolivarianidad) y en una teoría del mandato social (el rentismo), desinteresadas en superar la naturaleza utilitaria, clientelar y prebendaria de nuestras relaciones (no hay siquiera taylorismo o fordismo que atacar). Empero, una sociedad tan compleja y plural como la nuestra, no cabe en la versión del populismo realmente existente, al que se le intenta inyectar un imaginario propio de la lejana década de los sesenta.
Por consiguiente, más que de un período histórico, tratamos de un fenómeno degenerativo de resistencia ante la quiebra de una coalición que tiene por provisional denominación el “chavismo” o el “chavezato”, como estructura de intereses y relaciones, más que de circunstancial expresión política. Definirlo como un nuevo bloque histórico en formación, nacional-popular, retóricamente anti-imperialista y socialista, no constituye novedad alguna, pues, no sólo avala la caracterización ya consabida del populismo, sino olvida que en las sombras pueden gestarse otros bloques: quizá inconscientemente, la novedad rinde tributo a la etapa de liberación nacional concebida por el III er. congreso del PCV, creo que de 1961, ahora ensayada como una rearticulación nacional emprendida desde el Estado.
La urgida producción y constitución del consenso, inventariadas las clases subalternas a incorporar en el proyecto nacional-popular, hace suyas las formas culturales alcanzadas (representación bolivariana), en clara correspondencia con una afanosa captación de la renta, como espina dorsal del desempeño económico. Antes que plural, la hegemonía organicista ha de realizarse en la dimensión nacional-estatal para no arriesgar demasiado en el ámbito popular-nacional, a pesar de la otra crisis experimentada, la del Estado mismo, por lo que nos ubica y se empecina en la confrontación amigo – enemigo, polarizando artificialmente y en todo lo posible a una sociedad que abrigó una distinta expectativa por 1999.
La concepción instrumental del Estado, como maquinaria directa o – ésta vez – indirecta de represión, sistemático amedrentamiento e inoculación del miedo, le ha permitido innovar la tipología penal: por ejemplo, los cacerolazos que ayer contribuyeron a la continua protesta pacífica contra el segundo gobierno de Pérez o los trancazos eminentemente políticos, porque ensayados como último expediente por los vecinos de la caraqueña urbanización de El Paraíso de nada sirvieron para protestar la invasión de un Parque Nacional por los traficantes de la pobreza, antes que de los desfavorecidos a los que el gobierno no les da una vivienda digna en casi una década.
La búsqueda de una sociedad post-rentista, tropieza con la gesta contrarrevolucionaria del chavezato que tiene sus bases ocultas en los registros mercantiles e inmobiliarios, condicionado por un sector emergente que está desplazando a los viejos nombres de la burguesía comercial y financiera o, por lo menos, a la abundante nómina que en varias ocasiones publicó Domingo Alberto Rangel, coaligadas contra la industrial, desde la década de los cincuenta, contrariando un básico pronóstico si de marxismo tratamos. El espléndido bullicio de las representaciones revolucionarias, por obra del Estado Publicitario y Propagandístico, esconde la sorda realidad de una tendencia que es la de la supervivencia de los viejos parámetros, así haya otros protagonistas.
A la gerencia administrativa y comercial del frondoso Estado empresario, dueño de las divisas frente al país que no las produce, poco le importa el problema de la legitimidad de la renta y, amparada por una misma devoción política, es el soporte de los intereses creados a la sombra del poder. No es una casualidad que las contrataciones colectivas sean tema vedado para un chavezato que no tiene incidencia real en el mundo sindical, contentándose con generar estructuras que son consecuentes con una lógica que bien disimula el discurso oficial.
Vigente la propiedad privada, luce obvia una apreciación marxista del Estado como burgués, pero olvida la significativa importancia de la construcción del Estado Social y de Derecho en Venezuela y su correspondiente desarrollo institucional. El fallido proyecto constitucional que, además, hizo trizas a la reforma como institución básica de garantía, pretendió formalizar el Estado Paralelo, esmerándose en un proyecto societario de los consejos comunales que subrayó su financiamiento selectivo, tratando de golpear nueva y definitivamente una conquista innovadora como fue la descentralización. Por si fuera poco, entre otros aspectos, la paradójica desestatización del Estado sólo conducía a reforzar la libérrima voluntad de su cúpula de conducción, transfiriéndole enteramente a la ciudadanía la solución de los penosos y abultados problemas que rebasan sus capacidades materiales, adulterando de tal modo el sentido de participación como después se hizo patente con la caprichosa y revanchista aprobación post-referendaria del Plan de Desarrollo Social y Económico.
Atenidos a las viejas orientaciones duvergerianas, es fácil colegir el predominio absoluto del bipartidismo y la posterior consagración del pluralismo partidario en la conducción de los asuntos públicos, desacreditado también el neoliberalismo por las masas, las mismas que desertaron de los partidos “tradicionales”. De superar el esquema, puede aseverarse que la vida interna de AD y COPEI estuvo signada por un juego importante de fuertes corrientes que obligaban a idear mecanismos de entendimiento con los propios gobiernos que tuvieron y hasta en la propia dirección de los partidos, y sus máximas direcciones pudieron competitivamente concertarse por alrededor de 15 años (de 40) hasta que – muy a principios de los noventa – perdieron tan grande capacidad, apareciendo también innovadoramente el multipartidismo al finalizar la década (recordemos la triple alianza parlamentaria), por no abundar en torno a la confluencia de los otros factores políticos y sociales que – incrementados – prolongaron, perfeccionaron y perfilaron los acuerdos de Punto Fijo. Formalmente, Chávez accedió al poder mediante una coalición de organizaciones que, denostadas y después negociadas, se resumen hoy en día en dos o tres de importancia, las cuales todas funcionaron y funcionan como subsidiarias del MVR, finalmente aparecido el PSUV que no es precisamente ejemplo de vida democrática, totalmente dependiente de quien es conceptualmente el partido en sí mismo: Hugo Chávez.
Señalemos tres circunstancias adicionales: la confusión de lo que es el artefacto partidista y el Estado, el culto a la personalidad presidencial y la confirmación de un régimen cada vez más cerca del Partido-Estado, el que prevaleció en el socialismo real, aunque en Polonia o en Checoeslovaquia reconocieran la existencia de otras organizaciones francamente ornamentales. Además de la configuración de sendos partidos orgánicos, a lo que ha llevado tan inédita experiencia autoritaria como la nuestra, colocándose el Estado Mediático frente a los medios privados, simbolizando hoy Globovisión lo que ayer fue RCTV, y conectándolo con la resistencia de una coalición vocacionalmente rentista, tenemos que la pólvora dineraria, la mediática y la asimétrica dibujan muy bien lo que – en definitiva – es un régimen ultraizquierdista, pretoriano y populista, realizado a través del socialismo campamental (del petróleo que no, petrolero).
Preferimos llamar “infrapolítica” a lo que – cierta y confusamente – se llama “antipolítica”, asegurada –entre otros elementos – por un radical desprecio a la institucionalidad partidista, el divorcio entre los problemas personales y los ciudadanos o colectivos que se afianzan en una anomia campante, y la consideración de los asuntos públicos como un espectáculo. Sin lugar a dudas, constituyó una formidable plataforma de promoción y efectivo acceso al poder de Chávez y, en aras de preservarlo, si se me permite la hipótesis, la hazaña anti-imperialista corre detrás del objetivo de re – crear la Gran Colombia, siendo más viable construir un referente Internacional-Estatal (FARC, ELN, ALBA, etc.) que Internacional-Popular.
Sigue intacto el problema de la legitimación del poder en Venezuela y la comprensión misma del país, por lo que la sociedad post-rentista – como reto y como realización – servirá – igualmente – para no explicar más la situación gracias al petróleo y, permitir así, una renovación del pensamiento político que algún día tocará al marxismo que – ni siquiera – logra salir del leninismo que cohabita asfixiantemente con Gramsci. Acotemos, hay más de propaganda, teñida de consignas, que reconocimiento de una realidad necesaria de interpretar y de transformar, siendo fácil de refutar a Puerta por lo que respecta al autoritarismo de Chávez: la composición de la Asamblea Nacional Constituyente no reflejó la cantidad de sufragios recibidos, hay formas y fórmulas “estajovianas” de supervivencia en el régimen, proliferan los medios de comunicación oficiales, el plebiscitarismo consecutivo ha gozado de las garantías concedidas por el superventajismo gubernamental y las maniobras del ente comicial que retardó y saboteó el proceso revocatorio como ejemplo, las constantes manipulaciones de los órganos del Poder Público (incluyendo el TSJ), la falta de comprobación del supuesto y generoso subsidio de un partido español o de la CIA a la oposición que hubiesen tornado la “guerra de posiciones” en “guerra de movimientos”, el impedimento de una discusión tolerante y amplia entre los mismos seguidores del oficialismo indispuestos a “hojillarse”. Puerta utiliza aproximadamente el 40% de su réplica a la hojarasca propagandística: teme extenderse críticamente en relación al ventajoso empleo de los recursos públicos y al “amiguismo”, atadas las hojas al suelo por el peso del denso polvo que las cubre.
Mounier diferenciaba entre la revolución de los desfiles y la trabajadora de los pobres. Es en ésta en la cual debemos insistir, con mayor claridad y honestidad intelectual de sincera asunción de los problemas del país: sobrios para hallar lo sustancial del drama, sin que – al revés – hagamos un melodrama para adivinar una respuesta tardía.
Coincido con el enfoque pero es insalvable una contradicciòn: la naturaleza y la composiciòn de clase. Creo que el amigo Puerta no habla de cualquier bloque como ha ocurrido hasta ahora. Aunque no lo creamos quizàs el ùnico connotado dirigente del gobierno que atina es Juan Barreto cuando plantea el asunto como un problema de la lucha de clases. Esto es lo inherentemente marxista de cualquier reflexiòn progresista que se desee. Intuyo que Puerta va en esa direcciòn “saludable” del anàlisis.
Amigo Machado:
Claro, todo depende de la concepción que se tenga no sólo de la clase social, sino del hombre, del mundo y de las cosas. Admito, me siento algo extraño en unas páginas como ésta, pero – como refirió el amigo Contreras – el materialista dialéctico (en el caso de ustedes) no debe temer de nuestra modesta presencia, pues, además, es de buena fe. Preguntaría, si me lo permiten: ¿qué opinión les merece los artefactos explosivos ora sede Fedecámaras, ora Plaza Washington?. Muchas gracias.
Atte.,
LB
Quiero agregar otra cosita. Muchos se equivocan con aquello de hegemonìa y bloque històrico, sobre todo entendiendo èste como la alianza de clases de Lenin. Pero creo que la diuferencia es el poder. Una alianza previa a la toma del poder y otra o la misma para su preservaciòn y desarrollo. Creo que el chavismo puso a cierta izquierda en el poder sin que ella hiciera mucho no sòlo para ganarlo sino preservarlo y para desarrollarlo. He acà donde viene lo de hegemonìa. Y entiendo hegemonìa cultural. Evidentemente el MVR y lo que le sigue como el PSUV nada aportò ni aportarà porque estàn contaminados. Hicimos mucho màs en el MAS aunque todo terminò como sabemos con la participaciòn del MAS en Caldera II y en Chàvez I (primera parte). ¿Cuàl es el problema teòrico que intenta quijotescamente nuestro amigo Rigoberto Lanz?: Còmo saltar esos condicionamientos y prender una reflexiòn que lleve a otra pràctica.
Muy bien, Intercambio. El dato me ayuda a comprender un poco más “desde” el marxismo el problema. Salvo Rodolfo Sanz y hasta la propia Margarita López Maya, con dos estupendos titulos, creo que la obra teórica está por hacerse en cuanto al proyecto “chavista”. Pues, hay un desierto interpretativo asombroso. En el “amigo invisible” Puerta creo descubrir inquietud e interés genuinos. Si no leí mal, Lanz hoy en la mañana habla de “programa leninista”. De todos modos, amigo Melchor, gracias por su receptividad.
¿Què ha ocurrido? Pregunto porque no hay respuesta alguna amigo Puerta. Entiendo que apenas alcanza el tiempo pero me gustò este website como un puente para el debate y tratàndose de profesores universitarios (con un serio criterio establecido). Menos que se trate de una protesta pasiva por la “invasiòn” de unas pàginas exclusivas. En todo caso le pido disculpas por “invadirlos”.
Los distintos requerimientos de la supervivencia y la rutina diaria me habían impedido revisar mi correo. Esto es sorprendente. Me refiero al “golpe de mariposa” que significó este intercambio virtual entre “amigos invisibles”. DE verdad, no me lo esperaba. Pensé que iba a ser por el medio impreso, lo cual tenía la ventaja adicional de una mayor audiencia. Pero es muy interesante el intercambio y digo ¡presente! Comí casquillo, pues…
¿Por qué negarle el carácter de “período histórico” a este que estamos viviendo? Es otro, si asumimos que hubo gomecismo, perezjimenismo, trienio adeco, bipartidismo, etc. Es posible que haya líneas de continuidad económica, política, cultural, etc. Pero eso no niega que constituya ya un período ghistórico con sus especificidades. Negarlo es mezquino. Pero además ¿por qué “chavezato”? Claro, el sufijo connota evidentemente desprecio o rechazo. Eso es válido. No tenemos orchata por sangre. Pero no agrega nada al debate sustancial.
Concuerdo con lo de la “crisis del leninismo”, si con ello se intenta referir el engendro ideológico de Stalin y su Tercera Internacional: el cuento del “Partido leninista”, incluso esa versión totalitaria de la “dictadura del proletariado”. La discusión de la izquierda de los setenta, creo, que liquidó el término y su malentendido, que en todo caso tiene justificación en ciertas y determinadas circunstacnias de lucha política: el enfrentamiento entre los bolcheviques y la socialdemocracia alemana representada por Kautsky. Valga la notita para ubicarme: no, no me defino “marxista-leninista”. Aunque reconozco que Lenin fue un político brillante y los deslindes que hizo, en su época, definieron una izquierda revolucionaria en contraste con una izquierda que le hizo el servicio a la burguesía imperialista europea, haciéndose cómplice de algunos crímenes por ahí.
Llamemos, pues, convencionalmente, este período “chavecismo”, si le es grato. Gramaticalmente es más correcto que “chavismo”. Pero lo importante es que se reconozca que estamos ante una realidad política e histórica específica que merece un análisis más detenido, más allá de la simple descalificación o elogio.
Me parece muy bien que se aprecie lo “progresivo” del llamado populismo en la historia política latinoamericana. Esto muestra, además, que nos referimos a ciertas formaciones políticas cuyos modelos originales los podemos ubicar hacia las décadas de los treinta y cuarenta. Algunos autores lo llaman movimientos nacional-populares. Son agrupamientos políticos de base popular (o sea, una alianza de “clases explotadas” enfrentadas al capital imperialista, lo cual incluye, desde el proletariado, hasta ciertos sectores burgueses), con un programa modernizador que incluye una industrialización independiente (hasta cierto punto)de los grandes capitales internacionales. Eso lo ensayaron en ARgentina, Brasil, México, Chile, Bolivia y, en parte, Colombia. La historia venezolana es distinta. Bueno, digamos que lo que tienen de “progresistas” esos movimientos, aparte del programa modernizador, industrializador y nacionalista, fue que movilizaron y dieron presencia a las masas populares en el espacio político.
Este es el principal valor que le da, por ejemplo, Ernesto Laclau, pero con un agregado importante: el “populismo” no designa específicamente esos movimientos, sino más bien una “lógica” por la cual la práctica política consiste en la disputa por la hegemonía de diversos sectores y clases sociales, incorporando en el discurso político de cada polo antagónico las demandas sociopolíticas de esos diversos grupos sociales. A esa lógica populista se aplican agrupamientos políticos de diversos signos: desde fascistas hasta izquierdistas.
El discurso político dispone de “significantes flotantes” que representan toda la cadena de demandas en el antagonismo político. Una expresión particular se coloca como universal para el conjunto de las fuerzas convocadas en el discurso. Ese papel discursivo lo juegan ciertos recursos retóricos, pero también los liderazgos personales. Como el de Chávez.
Por eso Chávez ha representado, en momentos diferentes, diversas articulaciones de demandas sociopolíticas. No es lo mismo el Chávez de 1998, que articula todo el rechazo a AD y COPEI, que incluía hasta a Marcel Granier, que el Chávez de la primera habilitante, el del antimperialismo o el del socialismo. La retórica, como se ve, no es “simple retórica”: es la expresión de la articulación de las demandas sociopolíticas de unos sectores sociales que, al reconocerse en el discurso, se constituyen como “Pueblo”.
Hasta aquí Laclau. Conviene retomar algo de Gramsci y decir, sí, que Bloque Histórico no es lo mismo que “alianza de clases”. Ni siquiera la expresión “alianza de clases” es satisfactoria a la luz de la disputa por la hegemonía política a través de la articulación del discurso político. Un bloque histórico es más bien la unión (posibilitada por una hegemonía) de elementos estructurales y superestructurales, de la sociedad civil y la sociedad política, de la economía y del estado. Una constelación de elementos sociales, económicos y políticos. En ese sentido, es lo opuesto a una crisis orgánica, que vendría siendo, precisamente, la descomposición conflictiva de un bloque histórico. Pero esa oposición es dinámica, dialéctica si se me permite la palabra. Un BH puede ser una solución, un desenlace de una crisis orgánica. Ésta puede ser el devenir de aquél.
El bloque histórico del chavismo resultó de la crisis orgánica del bipartidismo. Que éste era, a su vez, manifestación de las mismas estructuras del “petroestado”, como lo llaman ciertos autores, es otra cuestión, plausible, de paso. Esto es importante porque alguno podría sostener que el chavismo no rompe con el “petroestado”. Sí, pero no, diríamos.Porque la industria petrolera siempre fue algo paralelo al estado venezolano, primero como industria extractiva en manos extranjeras, luego como aparato que rehuía cualquier control de parte del gobierno o cualquier otro poder formal del estado. No es falso lo de la “caja negra”. Tampoco lo del surgimiento de una capa tecnócrata autónoma respecto de los gobiernos y del estado venezolano en su conjunto. La “meritocracia” fue toda una ideología. Ahora, la situación es otra y comentarla requeriría largos comentarios. En todo caso, esa relación industria petrolera/estado es uno de los cambios estructurales que se han producido, y que constituyen la especificidad del “chavecismo”.
En lo que no ha roto el “chavecismo” con el “petroestado” es en los efectos perniciosos del petróleo, como renta, en la rentabilidad y viabilidad de cualquier otra actividad económica en Venezuela, aparte de sus efectos inflacionarios estructurales y la “cultura del petróleo” (el despilfarro, etc.) que permea a las administraciones públicas y a todos los venezolanos.
Y aquí llegamos al tema de la degeneración. ¿Hay peligros y evidencias de degeneración en la actualidad del chavecismo? Claró que sí. Si balanceamos las experiencias revolucionarias del siglo XX, podemos llegar a la conclusión que todas (o casi todas) terminaron con una usurpación: primero, de una capa burocrática privilegiada, luego de una restauración capitalista evidente y salvaje (ejemplo: China). Esto puede estar pasando en Venezuela. Incluso, la disposición de la renta petrolera puede ser un factor acelerador de esto.
Pero de ahí a decir que el proceso venezolano es idéntico o hasta parecido al de la URSS, es un gran error. Primero, porque aquí no se ha iniciado ningún proceso de “socialización forzada” como en la URSS. Segundo, porque los elementos de la “democracia formal” acá evidentemente se han mantenido, rompiendo con ello el rechazo leninista a la “democracia formal” (término despectivo para el leninista; no para nosotros).
La oposición nunca ha reparado (salvo para hacer chistes, negarlo o burlarse) en la insistencia de Chávez en la originalidad del proceso y su voluntad de diferenciarse de la experiencia soviética y la de todo el socialismo del siglo XX en su conjunto. ¿Esto le da mayor ambiguedad teórica e ideológica al “chavecismo” y su “socialismo del siglo XXI”? Puede ser, pero esa ambigüedad es importante. Crea un juego que debemos observar. De paso, todo discurso político TIENE QUE SER AMBIGUO, porque se propone precisamente articular demandas sociopolíticas de clases y grupos sociales distintos, en una sola cadena representada por un “significante flotante”. Por lo demás, el discurso político busca efectos políticos; no de conocimiento. No es un discurso científico. En esto Althusser es pertinente.
Insisto: no se puede despachar al “chavecismo” con el expediente de “populismo autoritario”. ES una cuestión hasta de entendimiento lingüístico, aparte de rigor terminológico. Porque entonces, llamemos fascistas a los gobiernos de Betancourt, Leoni, Caldera, etc. porque hubo persecusión política, desaparecidos, tortura, allanamiento de universidades, irrespeto a la legalidad, fraudes electorales, etc. No ha habido gobierno venezolano (ni en el mundo) que no haya tenido manifestaciones autoritarias y arbitrarias.
Pero el gobierno de Chávez, si comparamos con ecuanimidad, ha sido bastante permisivo, en condiciones revolucionarias. Insisto en recordar su conducta después del 13 de abril, del paro petrolero, etc. Nada que ver con una dictadura militar, como se le ha intentado presentar. No voy a repetir lo que escribí antes. Sólo insistir en las especificidades del período y del “régimen”, para emplear una expresión cara a la oposición.
En cuanto al imaginario de los sesenta ¿qué tiene de malo? Los sesenta fue una década muy rica culturalmente. Ese rechazo se me parece a esa tendencia a descalificar al marxismo por ser del siglo XIX ¿y el liberalismo no lo es también y hasta del siglo XVIII? En esto hay que comprender la importancia de las tradiciones para cualquier entendimiento histórico. No hay teoría, ni mucho menos que pretenda interpretaciones históricas o sociales o hasta científicas, que no utilicen determinadas tradiciones. Las tradiciones no son algo que se conserva; son algo que se trasmite, que se interepreta y se aplica, más bien son los mensajes que nos mandan del pasado y que nosotros actualizamos en nuestro lenguaje, creencias, imágenes del mundo, etc. Identificarse con una tradición revolucionaria (que incluiría – por qué no- a Martí, Bolívar, Miranda, la REvolución Francesa, etc.) es la expresión válida de una toma de posición actual. Así como es válido, en un momento determinado, identificarse con una “tradición civilista” de los juristas y políticos de la Primera República, frente a una supuesta “tradición militarista” representada por Bolívar y otros. Claro: todo esto es interpretación.
Hay muchísima tela que cortar. Pero dejo hasta aquí esto.
Por ahora.
La tela a cortar
Gracias, amigo Puerta, por tu respuesta. Todos sufrimos el problema de la supervivencia. Me anima el tono respetuoso asumido acà. Quisiera mantenerme a la “distancia” para intentar unas conclusiones équilibradas. Sin embargo les recuerdo a ambos (a Barragàn y a ti) que sì hubo discusiòn ideològica en los sesenta y que la falla no fue la versiòn estalinista (solamente) de Lenin sino Lenin mismo en condiciones diferentes y todo ese bodrìo que le encargaron hacer a Debray. Tienes razòn con Laclau. Pero en el fondo està el lumpenproletariat. Vaya que combatimos a Fanon. Pero èste tenìa razones. Preguntarìa a Barragàn por què apuesta porque Sturzo (en Italia) fundò el Partido Popular sobre la base de los terratenientes. ¿Quieren hacer los socialcristianos algo igual?. ¿Sabes? me recuerdas a Ludovico Silva y las cosas de lo superestructural, etc. Por cierto vi que un adeco es el presidente de la fundaciòn Ludovico Silva ¿eso es verdad?. !Los 60!, quisimos cambiar el mundo de un solo carajazo aun cuando yo era muy joven lo senti hasta los tuètanos. Tantos recuerdos ….!Hasta los copeyanos quisieron hacerse de izquierda! (cosa que no recordarà Barragàn).
Anoche tomé nota de la respuesta de Jesús Puerta, a quien le agradezco su paciencia. Ya he consignado las observaciones suscitadas por los textos anteriores, innecesarias de repetir, por lo que restan algunas puntualizaciones:
1) Ciertamente, es difícil llevar un diario seguimiento del intercambio de opiniones, pues, nos conciernen las tareas de supervivencia. Asumo la dificultad – incluso – de mantener un blog actualizado, aunque – entiendo – éste, el del socialismo del siglo XXI, está hecho a varias manos. Mejor ejemplo, imposible: no es fácil partidizar a toda la sociedad, y a diario. Hay tareas impostergables. ¿Politizar?, sí. Y, sin embargo, sólo se pide un nivel mínimo de consecuente respeto y tolerancia hacia las diferencias, como de necesidad de ir más allá de lo superficial. Dos “por cierto”: uno, no debe sorprenderle el “efecto mariposa”, porque la principal búsqueda en la Venezuela actual consiste en una interlocución un poco más sobria y más sustancial (sin ofensas) de la que frecuentemente se da (banalizados, propagandizdos, estereotipados); y, dos, no nos preocupemos por el formato, sea impreso o digital, sino por el intercambio mismo. Al respecto, vamos más rápido que la edición impresa y, hoy, por ejemplo, salió inesperadamente mi respuesta original a su artículo, cuya versión completa está en analitica.com, mientras nosotros ya hemos recorrido varias horas de amable discusión (si puede llamarse así al contrapunteo de notas).
También es importante que recobren el sentido del bloque histórico (y es el acento que coloco), pues se trata de las creencias populares, de lo ideológico o político-cultural. No he logrado dar con el proyecto siquiera de tesis de unos cursantes del pregrado de sociología de la UCV, presuntamente referido a lo que acá se conoció como “Ciudad Saigón” (feria de CD piratas en el centro de Caracas), como ejemplo de los fundamentos del régimen. A Gramsci – tengo entendido – le importaba más el origen y la recreación de las relaciones de clase y la aparición de las opciones alternas. Quisiera ver (ojalá usted me recomendara alguna bibliografía) aproximaciones chavistas al tema, porque – insisto – la clave está no en el Estado represivo o directamente represivo, sino en el “modo de vivir” que lo sustenta. He acá el papel del rentismo frente a la ausencia de una alternativa intelectual y moral en el chavismo. No digo del caso del FIEM, de las insalvables prácticas parlamentarias o de la burla de las “contralorías sociales” frente a la compleja e inauditable PDVSA, sino del acuerdo rico en detalles que la municipalidad caraqueña publicó sobre un cantante extranjero que osa hollar el sagrado suelo del alta presidencial. Hay una crisis orgánica que es el de la hegemonía, a la que el chavezato se resiste con amargura, descontrol, intemperancia e irresponsabilidad, incluso, frente a los marxistas de buena que osen preguntarse sobre el curso de las cosas.
2) Sobre el “período histórico”, hay una hipótesis muy atractiva de Elías Pino Iturrieta: la actual experiencia constituye el cierre del ciclo abierto por 1945 en Venezuela, sin fórmula de continuidad. Es decir, excepto nos hagamos del anacrónico modelo cubano, estamos en una transición hacia la nada. De modo que no es una fijación la de negarle la muy particular prestancia histórica que desea para el régimen actual.
3) Valga señalar, no hay pretensión alguna de ofender con el vocablo “chavezato”, sino el interés de distinguirlo del “chavismo como manifestación partidista o de una de sus provisionalidades: aquél es estructura y relación de poder. Por lo demás, ya Alexis Márquez Rodríguez “autorizó” el empleo de “chavecismo” y sabemos de las circunstancias que acompañan a algunas denominaciones políticas.
4) Me pregunto ¿no es el propio Lenin, limada las ásperezas estalinistas, el que está agotado?, ¿Kautsky no tuvo razón, a pesar de pasar a la historia como el renegado de todos los renegados?, ya que si de latigazos, caricaturizaciones o estigmas se trata, hay una cantidad de ejemplos históricos de la trituradora política en la que se convirtió el marxismo existente y conocido.
5) Insiste en la supuesta aproximación prejuiciada al fenómeno populista cuando ha habido un intento de entenderlo. Se me antoja de mayor utilidad las reflexiones de Hugo Calello, es cierto, ya viejas, como la de buscar el destino del núcleo hegemónico imperialista o la dimensión bonapartista que para el peronismo supuso una abierta desarticulación institucional. ¿Qué ocurre en la Venezuela actual si hacemos casos de estos presupuestos, por ejemplo, partiendo de una perspectiva marxista a la que deseamos interpelar?. Luego, deseamos acercarnos a una lógica del populismo, más allá de la denostación o del halago. Hay evidencias de la otra lógica ya harto conocida y sufrida, como la de imputar a la gran maldad de los especuladores la escasez y el desabastecimiento, cuando es el propio modelo chavo-socialismo que no puede proveer los insumos básicos. Y no son desplantes de oportunidad en los que me empeño, pero busco respuestas más sensatas. En éste sentido, citemos el caso de la electricidad: el Estado desea asumir su modernización y hasta hace dos o tres años, comportaba una inversión de unos 5 mil millones de dólares; obviamente, es una cantidad considerable y, como sabemos, no es característica propiamente del “Estado Burgués” que no pueda llevar adelante esa modernización e impedir, junto a los apagones, el festival de la corrupción; ¿por qué no darla en concesión al sector privado, cobrarle por ella directa e indirectamente, y destinar esos 5 mil millones de dólares, por lo menos, a los preescolares?. Vale decir lo mismo de la vivienda: no ha podido el Estado construirlas, así de simple. Se le cayó el viaducto (fue “guerra avisada”) y ¿cómo fabricar todas esas viviendas?, ¿cómo impedir las corruptelas con un poder judicial mediatizado?; ¿no es un problema de viabilidad del modelo?. Este es el punto. ¿Por qué no darse una vuelta por las páginas que ha escrito Asdrúbal Baptista sobre el capitalismo rentista?.
6) Claro que no es lo mismo Chávez ´98 que Chávez ´08. Pero las etapas no obedecen a una simple variación retórica, sino de sinceración creciente del proyecto que abriga. Ha mentido. Es la evidencia. Lanza, porque no le tiene otro nombre, lo del Socialismo del Siglo XXI sin definiciones, creo que por 2004 o 2005 ¡pidiendo un debate que él mismo no da!, ¡ni dará!. Piden que otros lo hagan, pero él, sólo él decidirá lo que es bueno y lo que es malo (conveniente o inconveniente). Quizá hace falta ir a los libros de José Guerra o Malavé Mata para comprender las etapas. O, en todo caso, esperar de los intelectuales del oficialismo una respuesta a esos aportes (por cierto, ¿quién ha criticado a Emeterio Gómez y la descalificación que ha hecho de la teoría del valor?). Todos, en términos generales, tratamos de mter la cabeza por el hoyo de los lugares-comunes, pero nos aterroriza cuestionar alguna tesis, colocándola en el manido juego oposición-oficialismo: por ello, quien no ha tenido estirpe revolucionaria (¿así se dice?), como Chávez, ha logrado colarse.
7) Importante el reconocimiento de algo más que la crisis del bipartidismo, al darle carácter orgánico. ¿Y lo que viene después?. Me parece oportunidad para la discusión pública de los partidarios del chavismo (no incluye, necesariamente, al chavezato o los beneficiarios directos del régimen). A Chávez, en el fondo, lo saben un inesperado accidente histórico (no en balde salido de las FF. AA. NN.) y, sus seguidores de buena fe y muchísimo más conscientes que él, procuran proteger a Chávez del propio Chávez, que es proteger la realización posible de un proyecto marxista (como asumimos intenta hacer el PCV). Es difícil cuando se está en el poder y se cuenta con importantes ventajas que sólo el poder da.
9) Por ello, corre en auxilio el imaginario anacrónico de los sesenta, con olor a guerra fría, cuando falla el imaginario glorioso del 4-F, por más que se empeñen en celebrar cada aniversario como un asunto, como un acto, como una necesidad de ¡Estado!. Y el permanente esfuerzo de enlazar todo con el 27-F, como un esfuerzo desesperado de avistar el “hiato” y de crear una “nueva cadena de equivalencias” (para suturar lo simbólico y lo real) de hacer caso a Laclau.
10) La industria petrolera merece una discusión e fondo. ¿Es una política de largo plazo la del mantenimiento de los precios altos en lugar de las inversiones, víctimas a la postre del juego habilidoso de los países No-Opep, prestos a desplazarnos en los mercados?-. Pero problema técnico aparte: ¿no confesó el propio Chávez el ardid o la emboscada que le tendió a los trabajadores de PDVSA?. Huelgan los cmentarios.
11) Si creo que hay una originalidad del proceso: la vía heterodoxa para imponer un proyecto totalitario, en una sociedad de básica cultura democrática. ¿Usted ha visto la Ly Orgánica del Poder Público Municipal?, ¿la de la Fuerza Armada Nacional?, ¿la que se discute ahora de Tránsito Terrestre?. ¿Y el papel del amedrentamiento, la sistemática presión y desconocimiento de los que no comulgan con el gobierno?: ¿somos todos fascistas?.
12) Otro “por cierto”: ¿puede desmentir (me interesa saberlo) el gobierno a un economista que, como Jesús Cacique (SIC), refiere a una inflación de 226% desde 2003, ubicada sobre 300% en el ramo de los alimentos?.
13) Celebro que haya sustanciado más el procedimiento. Quizá coincidamos en algo: la temprana decrepitud de los elencos del poder y de los que desean suplantarlos. Las tareas de supervivencia me llaman. Ojalá prosigamos el intercambio.
Yo dirìa tres cositas: 1) Lo bueno de Puerta es que deja sentado que no podemos volver al pasado con una mìnima esperanza de corregir el curso de acciòn del chavismo tratando de darle una teorìa; y lo malo es que hay un manejo algo mecànico de la teorìa. Lo bueno de Barragàn es que demuestra un manejo de las categorìas satisfactoriamente pero a su pesar no logra deslindarse de las fracciones reaccionarias de la oposiciòn (dominantes) que es lo malo. 2) Creo que està agotado el debate porque ya puntualizaron las categorìas en uso y que se prestaban a confusiòn sospechando el uno del otro (!y viceversa!) de !ignorarlas!. Pesan demasiado los prejuicios. 3) Lo malo de todo es el blog porque nadie màs ha participado excepto el sectarista que condenò la “invasiòn” en algo exclusivo del chavismo.
Que riñones !!!!!
Le dan entrada aqui a un escuálido y se dejan joder por el….
Puerta es un social-burócrata de una universidad burguesa que no tiene el nivel y viene un escualidisimo (¿no lo han visto en noticiero Digital?) y lo friega en el propio terreno del pensamiento revolucionario
Estas son paginas para la oposicion….
Sectarista ???? Si porque estoy con el Comandante Chávez Frías y su Revolución
Insisto,
La síntesis del Socialismo del Siglo XXI surgirá de la dialéctica entre la tesis y la antítesis.
Y, por cierto, cuidado con el uso de las palabras…
“Sectario.
1. adj. Que profesa y sigue una secta. U. t. c. s.
2. adj. Secuaz, fanático e intransigente, de un partido o de una idea.”
“Secta.
2. f. Doctrina religiosa o ideológica que se diferencia e independiza de otra.
3. f. Conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión QUE EL HABLANTE CONSIDERA FALSA.”
Cuidado con el uso de las palabras…
Qué cosa es esa josecontreras??????
Nada más escribes para atacar a los propios camaradas????????’
Solamente te fusilas el diccionario porque no entiendes todavia cómo el enemigo de clases (el tal barragan) los friega con el propio Marx????????””
tiene razon el tal melchor…..socialburocratas de una universidad burguesa
No Cámara no es eso. Me refiero a que debes chequear mejor las palabras porque te estás atacando a ti mismo. Yo no dije que eras “sectari@” fuiste tú mism@.
Cámara le recomiendo que se revise “La Miseria de la Filosofía” y el modo de crítica marxista al Sr. Proudohn.
No creo que el debate se haya agotado, porque no era sobre el manejo de algunas categorías marxistas o sociológicas. Tampoco era entre Barragán y yo. Quiero decir, no hay nada personal en este debate. A mí, me ha servido para pensar algunas cosas y confrontarlas con alguien que tiene una postura completamente diferente y opuesta, para darle más fuerza a mis propias ideas. Tampoco veo el “mecanicismo” supuesto en el manejo de la teoría. Sería interesante saber por qué esa observación.
Unas observaciones a Barragán:
1) Se le notan (y es natural: insisto, no tenemos orchata por sangre) amargos sentimientos que oscurecen la argumentación. Por ejemplo, se evidencia animadversión PERSONAL hacia Chávez. La referencia a la malignidad de Chávez se le nota cuando acusa a Chávez de que provocó la reacción de la gerencia de la PDVSA en 2002. Bueno: en todo caso, allí Chávez mostró mejor manejo táctico que los genios tecnócratas, con todo y su planificación estratégica. Quiero decir: el análisis de la situación debe ir a las tácticas y estrategias de los dos contrincantes, no a una supuesta maldad, a menos que carguemos emocionalmente esto. Esa rabia lo hace caer en una paradójica aproximación a las posturas de los creyentes mesiánicos en Chávez. Por ejemplo, pareciera que Chávez desde siempre ha tenido todas consigo, ha planificado todos y cada uno de sus pasos para la imposición de un “proyecto totalitario”. Con ello repite, casi, a Martha Colomina. Por eso dice usted que Chávez miente (en un sentido diferente, digo, a como suelen mentir TODOS los políticos). Esa mentira para usted suena a una “maldad” esencial, una perversidad que huele a azufre. Para usted Chávez ha cambiado, reconoce que esos cambios no son “sólo” retóricos (yo tampoco he dicho eso; he afirmado que responden a cambios en la relación de los grupos y clases sociales que se constelizan en el bloque histórico), pero esos cambios para usted constituyen sólo una “sinceración”, o sea, la evidencia o desenmascaramiento de un plan fríamente calculado desde el principio y que se ha venido realizando con una eficacia realmente sorprendente para alguien que, por otra parte, en otro punto, usted señala que no ha sido capaz de resolver la construcción de casas o parar la caída del viaducto (para usted no hubo la construcción record del nuevo).
2) Evidencia usted una creencia (de estirpe neoliberal, y no es cliché) de que todo lo que administra el estado es ineficiente y que todo marcharía mejor si se privatizara. Es más, deja entrever que un verdadero “estado burgués” se caracterizaría por su eficiencia, que consistiría en privatizar los ervicios públicos, por ejemplo. Los venezolanos tenemos ejemplos fehaciente de que éste no es el caso. Por supuesto que hay graves problemas de eficiencia en este gobierno, demasiadas veces debidas a incapacidad e incompetencia de los responsables. Pero, lo siento, no creo que la gran solución sea la privatización.
3)Una de dos: o Chávez es algo diferente del bipartidismo o no lo es. Políticamente, es obvio de que no lo es. Hablo de criterios históricos. Si se sostiene que lo es, es una etapa diferente, digamos que a escala de gobierno y de bases sociales y políticos que lo sostienen y el proyecto que se está planteando. Si es así, habría que indagar y analizar el bloque histórico que representa; los puntos de la hegemonía con los cuales logra articular esas demandas, expresadas en su discurso (cambiante, ya lo dijimos). Si no lo es, entonces el criterio histórico-interpretativo que haría concebible esa identidad, se refiere a la articulación nacional-popular. La referencia al 45 sugeriría eso. Es decir, que hay algún parecido entre AD y Chávez, por ejemplo. Ello nos remitiría de nuevo al populismo. O a la utilización del petróleo en la acumulación de capital en el país, con lo cual el período de Chávez estaría incluido en el mismo de Gómez. En todo caso, me llama la atención que para usted, en un momento, se trata de una transición hacia la nada, y en otro momento, a un proyecto totalitario. ¿Por qué hacia la nada? Claro: me parece que usted se niega a pensar en otras posibilidades, porque ninguna otra le interesa, le motiva, le tiene esperanza. Su esperanza es un estado eficiente que privatice los servicios públicos. Margarita López Maya (ya que ha mencionado otros autores) también ha ensayado una periodización del chavecismo. Y para mencionarle uno de oposición: Caballero ha hablado de una crisis histórica que dio lugar a Chávez. De modo que está más que justificado referir un período histórico. Lo de distinguirlo del movimiento político usando el sufijo “-ato” ,me parece una salida polémica de efecto. Porque, entonces, habría que hablar de “gomezato”, “bipartidazo”, etc. Sincérese. Este período histórico es para usted algo nefasto, despreciable, etc. Incluso ese intento de conseguir la tesis que sostiene que la base del proceso está en “Ciudad Saigón” (una forma de decir que el chavismo como movimiento político expresa el “lumpen”) evidencia su punto de vista y su prejuicio clasista. Pues, es más compleja la cosa. Habría que dar cuenta de las relaciones cambiantes, de las articulaciones de heterogeneidades, etc.
4) La oposición también trae ” en auxilio” el imaginario betancurista y maccartista. Es notable, por ejemplo, cómo ahora se maneja la figura de Betancourt en autores como Caballero, otrora de izquierda. Cuando empezamos esta discusión, usted aspiraba a unas formulaciones de la oposición mejor hechas. Pero ahora, vuelve al supuesto plan maquiavélico, perverso, malo maligno, del totalitarismo. ¡Puro maccartismo! La única explicación que le hallo a su molestia con el imaginario de los sesenta, es que a usted no le gusta, lo rechaza, lo disgusta. Claro: usted asume otra tradición política que, por lo que dicen los compañeros que hasta me insultan, es socialcristiana. Dice que Chávez trae el imaginario de izquierda de los sesenta “en auxilio” cuando lo del 4 f y el 27 f no le sirve. Como si fueran citas postizas. Lea usted algunos autores que muestran la relación originaria del movimiento bolivariano con cierta izquierda sesentosa, por ejemplo, el PRV. Hay unos libros de un profecor de la ULA cuyo nombre no me acuerdo ahorita, que narra los contactos del grupo de jóvenes oficiales con Douglas Bravo, etc. Sí hay una continuidad de tradiciones, así como en la oposición. Eso no es lo mismo que lo que usted plantea del plan fríamente calculado desde el principio, la sinceración, etc. Insisto en que el chavecismo ha variado en sus formulaciones políticas, aún manteniendo su identidad de izquierda, nacional-popular desde el principio.
5) Algo sobre Lenin, Kautsky y Stalin. Lenin representó, en su momento, el ala revolucionaria de la socialdemocracia, la más consecuente. Convirtió la guerra mundial en revolución, como se habían comprometido los socialdemócratas de la época (entonces, Lenin se reconocía como tal; los bolcheviques se llamaban socialdemócratas- nota para los compañeros del “colectivo”). Kautsky traicionó ese compromiso. La socialdemocracia alemana se cuadró con la burguesía, con unas fuerzas armadas de inspiración aristocrática y aplastó los impulsos revolucionarios, haciendo cosas como asesinar a Rosa Luxemburgo entre muchos otros. Desde entonces, la socialdemocracia ha sido una fuerza política que se limitó a adminsitrar el capitalismo. Ahora, que el rechazo al parlamentarismo llevó a Lenin a sostener posiciones que luego posibilitaron la justificación de las aberraciones de Stalin, es cierto. De Lenin yo reconozco su genio político revolucionario. No fue un filósofo importante. Por otra parte, su análisis del imperialismo todavía me aprece que tiene muchos rasgos vigentes, aunque habría que acutalizar ese análisis con aportes nuevos (Negri, tal vez).
Ahora, ¿Chávez es leninista? ¿Verdad que la pregunta misma es necia? ¿Es leninista en qué sentido? ¿por lo antimperialista? Sandino fue antimperialista sin ser leninista. Creo que la política exterior de Chávez supone un conocimiento del complejo proceso de reestructuración del capitalismo mundial, de la decadencia del poderío norteamericano, como lo han señalado autores como Wallerstein.
Bueno, hoy ha sido, como dicen los Beatles a hard day`s night, así que dejo esto hasta aquí.
Estàn ambos muy creciditos para acusarse mutuamente de prejuiciosos. Uno considera que el otro tiene cartas escondidas. No fue en sentido peyorativo amigo Puerta lo del manejo mecànico. Haga de nuevo el ejercicio. Revise (por cierto) unos documentos iniciales del MAS cuando era Fuerza Comunista de Venezuela. Van madurando. Acà hay contradicciones insalvables. Pero van madurando
A esta altura del debate quisiéra intervenir para colocar dos puntos para la discusión.
En primer lugar quisiéra dirigirme a “Colectivo Chavista”.
Es importante, muy importante, que el militante de izquierda tenga la valentía suficiente y necesaria para no rehuir el combate. Claro que la táctica de combate puede ser guerrillera. Pero, bien sabemos que el guerrillero no rehuye el combate, lo pondera. No es signo de valentía rehuirle el combate a Barragan. Es signo de valentía, hacer como hizo Puerta, “comer casquillo” y entrar al conflicto, en este caso, al conflicto de ideas.
Quizás es por esa misma cobardía que usas seudónimo. Pero bueno, menos mal que usas seudónimo, porque si utilizarás tu verdadero nombre quizás te trataría con mayor cortesía. Pero, ya que no, te lo digo a secas… ¡Cobarde!.
En segundo lugar, quisiera explorar las opiniones de los participantes en torno a lo siguiente:
Me parece que podemos ver una tremenda diferencia que distingue, de buena manera, a las intervenciones de Puerta y de Barragán. En las intervenciones de Puerta (como bien lo dijo Machado desde su primera participación) vemos siempre una idea central que gira alrededor del conflicto de clases como motor social. En las intervenciones de Barragán… Caramba ¡que dificil es encontrarle idea central! Parece una lista de opiniones cuyo único eje central es “estar contra Chávez”, ¿me equivocó?
Saludos, muchas gracias por discutir,
José J. Contreras
Pudieras estar en lo cierto. Pudieras no estarlo, amigo Contreras. En descargo de uno y de otro “polemista”, dirìa: 1) Sobre Puerta: hay una tendencia hacia el planteamiento mecànico, lo que en lògica se llama trivialidad. Parte de unas premisas en y de las que se empeña en no salir porque teme correr el riesgo de la “heterodoxia”, no ser consecuentemente chavista. Eso es muy elemental, es muy Ralph Miliband, citar que està el conflicto de clases. Afirmo que no lo està. Lo evade. Debe seguir siendo consecuente (esto lo digo yo) con la hojarasca propagandìstica. Es su principal problema. Barragàn al interrogar al marxismo lo incita al anàlisis de clase. No lo ha hecho Puerta porque sus inferencias parte del discurso de Chàvez. Hay una incomprensión del concepto de hegemonìa en Gramsci que un no-marxista maneja màs creadoramente (taylorismo, fordismo). 2) Sobre Barragàn hay tremendismo, provocaciòn. El uso de los neologismo (o el abuso) es el que oscurece sus argumentos. Es verdad que responde a materias o temas muy puntuales de Puerta pero tampoco desde el agotado socialcristianismo puede ofrecer salidas distintas a las que una socialdemocracia o un marxismo màs responsable pueden ofrecer. Lo he leido màs que a Puerta y por lo general coincido en sus apreciaciones coyunturales `pero tiene el sopor de los araguatos de añales atràs de Rodrìguez Iturbe y compañìa. Por lo que la espina dorsal de su posiciòn està contaminada.
Barragàn: siento que Puerta no es un partidario màs del chavismo y que sepa hasta ahora no ofrece la cara gris sino la màs limpia y genuina de los partidarios de buena fe del gobierno. Puerta: no crea que cualquier cosa es prejuicio de clase.
Si creo agotado el debate porque se “acordaron” sobre las categorías empleadas aunque !què barbaridad! uno saca a Laclau y el otro a Calello. Entraron ambos a un cìrculo vicioso. Que haya ofensas me preocupa pero recordemos que la polèmica màs vibrante es la dura y la que no da cuartel.
Nos resbala lo que digan pequeños burgueses de la uiversidad. Somos un liderazgo. Representamos a todo un pueblo. Ustedes son colaboracionistas de la oposición apátrida. Aqui tienen un ejemplito
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/8205311.asp
Los frego a ustedes.
Mas cobarde eres tu Contreras. Socialtraidor
Què buena broma vale. No se puede hablar en serio porque estorban los fanàticos colectivos.
Vean esto:
http://www.critica.cl/html/vallejos_02.html
Se los recomiendo